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Según datos de la plataforma Statista, Santiago de Chile es la ciudad con el valor más alto en cuanto a vivienda en América Latina, ya que cada metro cuadrado (m2) cuesta US $3.278. Completan el podio Montevideo con US $2.857 y Buenos Aires con US $2.847.

El alto valor de las viviendas se ha convertido en un problema para muchos santiaguinos, ya que acceder a una vivienda es muy complejo. Respecto al tema, las grandes inmobiliarias justifican los precios debido al alza en el coste de los materiales de construcción en la pandemia.

Sin embargo, para el emprendedor inmobiliario Danyelo Oteiza Aguirre, el alza de los precios viene desde mucho antes: “De 2010 a 2020 el precio de los departamentos en la Región Metropolitana subió en un 117%. Esto quiere decir que uno que costaba 50 millones antes, hoy sobrepasa los 100. Evidentemente han subido los materiales de construcción, pero creo que las alzas de los últimos 10 años no se justifican”, declara.

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¿Qué hacer para resolver esta situación? Una de las soluciones que han surgido en el mercado inmobiliario internacional es la impresión de casas en 3D.

Una tecnología que se ha potenciado

Para nadie es sorpresivo escuchar de las impresiones en 3D en la actualidad. Hoy en día es común ver varios productos producidos con esta técnica digital son vendidos en el mercado, tales como macetas, llaveros, utensilios de cocina, juguetes, entre otros.

No obstante, cuando se habla de impresión de viviendas el asunto cambia. A pesar de que no es una modalidad ampliamente utilizada en la producción inmobiliaria, desde hace más de 10 años que se viene investigando.

Uno de los primeros grandes logros mundiales en este ámbito tuvo lugar en China de la mano de la empresa WinSun Decoration Design Engineering. En 2013, lograron construir un total de 10 casas básicas en tan solo 24 horas.

Años después, en 2018, se registró el primer gran hito en la historia de la impresión de casas en 3D, ya que en Francia una familia se convirtió en la primera en vivir en una vivienda de estas características. Se trataba de una casa de 95 m2 que demoró 54 horas en ser terminada.

El bajo costo de producción

¿Cómo funciona esta tecnología? En primer lugar, un arquitecto especializado debe crear un modelo en 3D de la casa a construir mediante un programa computacional. Esto incluye, generalmente, toda la estructura central de la propiedad, el piso, las paredes y los huecos para las puertas y ventanas.

Una vez terminado el modelo digital, la impresora a ocupar debe ser trasladada al lugar en donde se instalará la casa. Esta es la parte más compleja, ya que se trata de grandes maquinarias que pueden sobrepasar los 10 metros de altura.

Cuando todo esté dispuesto, la máquina podrá comenzar a imprimir la vivienda, lo cual puede hacerse con materiales como el hormigón o poliuretano. Primero se imprimirá la base, para luego continuar con cada una de las paredes.

Todo este proceso es muy corto e implica costos de producción mucho más reducidos de lo normal, ya que el personal necesario es menor al necesario para construir una casa común. Además, los materiales utilizados son más económicos.

¿Cuánto puede llegar a costar una vivienda de este tipo?

Recientemente, una pareja de Países Bajos se convirtió en la primera en habitar una casa construida completamente con impresión 3D (normalmente no se incluye el techo). No obstante, sus características y tamaño la convierten en una vivienda más premium, con un coste de alquiler de 800 euros mensuales.

Sin embargo, la realidad es que muchas casas construidas por las empresas pioneras en este rubro tienen costes mayoritariamente bajos. Por ejemplo, la compañía rusa Apis Cor, desarrolló una casa impresa de 125 m2, que incluyó puertas, ventanas y techo, con un costo total de US $10 mil.

Otro ejemplo, más económico aún, es el impulsado por la empresa ICON, la cual construyó un prototipo de casa con un costo de US $10 mil, el cual aseguraron poder disminuir a US $4 mil.

“Actualmente existe un desarrollo tremendo de la tecnología en 3D en varios países. Si es bien utilizada, perfectamente podría ayudar a abaratar los costos de producción de las inmobiliarias, permitiendo que los precios sean más accesibles para las personas. Es más, con este sistema podría combatirse el gran déficit habitacional que hay en Chile”, señala Danyelo Oteiza.

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