Por María Luisa Carrión
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Incierto. Así ven el futuro los suplementeros de Chile. Preocupados. Así están todos y cada uno de los más de 4 mil sindicalizados, pero la cifra se queda corta, podrían ser casi 10 mil los que realizan esta labor a lo largo del país.

Dicen que en los meses de estallido social las ventas bajaron en un 80%. Muchos de los quioscos están ubicados en los epicentros de manifestaciones y tuvieron que, por ello, reducir sus jornadas laborales o simplemente no abrir.

Ahora, el panorama es menos alentador. Desde la Confederación Nacional de Suplementeros de Chile calculan que sólo un 10 o tal vez un 15% de ellos está trabajando en la actualidad. Del total de sindicalizados, casi el 90% son adultos mayores, es decir, personas del grupo de riesgo ante el coronavirus y muchos con enfermedades de base que les impiden salir día a día a las calles a cumplir sus funciones.

Debido a su avanzada edad han debido realizar una cuarentena obligatoria. Otros, simplemente no han podido salir a trabajar por las medidas de confinamiento impuestas por la autoridad sanitaria, lo que significa que se han quedado sin sustento económico. Son trabajadores informales que aseguran no reciben ayuda estatal.

Y eso, si hablamos sólo de la parte sanitaria. Ahora agreguemos otro ingrediente y el panorama es aún peor: ¿Pueden dejar algunos diarios de imprimir su versión en papel?

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“Nadie se ha acordado de nosotros”

La mirada de Raúl Díaz, secretario nacional de la Confederación de Suplementeros, es de alarma. Primero por sus compañeros y la situación que están viviendo debido a la pandemia y segundo por el futuro.

Cuando contestó nuestro llamado estaba en una fila en Concepción, viendo opciones de ayuda. “Nadie se ha acordado de nosotros, hasta ahora no hemos logrado nada como gremio”, nos cuenta Raúl.

Dice que los pocos suplementeros que están en las calles han tomado todas las medidas sanitarias, pero que la gente tiene miedo de comprar el diario por el temor a infectarse.

“Los ingresos se han venido al suelo. Porque algunos han hecho cuarentena voluntaria, otros obligatoria y otros no venden, porque no anda gente en la calle y la gente que sale, sale a hacer sus trámites. Más encima dicen que el diario puede contagiar, entonces todo eso nos ha afectado un montón”, asegura desde el sur del país.

Para ellos la pandemia ha sido un golpe duro. Otro golpe duro podría ser que algunos diarios dejen de circular impresos en papel por unos días de la semana. “Lo vemos súper complicado de ser así. Nos pondrían la lápida. Hasta el minuto las reuniones que hemos tenido con los ejecutivos de empresas nos han dicho que no”, afirma Raúl.

No duda en decir que sería como cerrar la puerta por fuera. Cuando varias revistas comenzaron a cerrar, debieron dar un giro y empezar a vender otros artículos como confites, bebidas y bolsas reutilizables.  Ahora el panorama es más complejo, cuesta arriba.

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Combos por todos lados

Según el catastro de la confederación, en Chile hay unos 7 mil quioscos, 2 mil en la Región Metropolitana y unos 200 en la comuna de Santiago. Uno de ellos es el de Jéssica Ramírez y su esposo Rodrigo, en pleno barrio universitario, en calle Ejército.

Hace 5 semanas su quiosco tiene las cortinas abajo. No ha podido salir a trabajar y, lo que es peor, sus ahorros se están acabando. Viene de una familia de suplementeros: su abuelo, sus padres y ahora ella es quien mantiene viva esta labor.

Durante el estallido social sus horas de trabajo se redujeron al mínimo. Pero ahora también hay una nueva preocupación. Ambos son población de riesgo, ella es asmática y su esposo tiene problemas cardíacos. Con todo, dice que igual “hay que parar la olla”.

También ve con preocupación el posible fin de la circulación en papel de algunos diarios del país. Asegura que en conversaciones con ejecutivos les han contado los difíciles momentos que atraviesan los periódicos. “Eso es mucho más trágico aún. Si ellos están mal, imagínate cómo está el suplementero, pésimo”, nos dice Jéssica.

Para ella hay sólo una analogía posible: “La verdad es que yo creo que estamos peor que Martín Vargas, nos llegan combos por todos lados. Cuando se acabó la distribución de revistas fue un sopetón. Nosotros éramos vendedores de revistas”, cuenta Jéssica.

Recuerda que los universitarios compraban las revistas que ella ofrecía. Además, sus profesores les incentivaban la lectura. Ahora, sus clientes fieles son aquellos que siguen comprando el diario en papel a los que incluso para mantener la fidelidad –antes de la pandemia– podía ir a dejarles el periódico a su casa. Eso sí, estos lectores cada día son menos.

En su experiencia, “se vende, pero el porcentaje ha bajado. Ha bajado como el 50% o 60%, y lo mismo la cantidad de suplementeros que hoy día están trabajando en los terminales. Me atrevería a decir que con suerte está trabajando el 40%”.

¿Cuál es el perfil de sus clientes? No duda en dar su respuesta: “Por lo general es el adulto mayor, el que no se acostumbra a la idea de leer por Internet. El obrero, es el que también todavía sigue con la antigua escuela de tocar el diario, de leerlo y enterarse de las noticias con sus manos”, concluye Jéssica.

Aunque algunos lectores ya se resignan a dar el salto. Víctor Hernández es uno de ellos. Hace por lo menos tres décadas compra el diario y asegura que “en el futuro Internet va a ser la solución”. Ante la pregunta de si le complica abandonar el papel, responde que sí.

“La lectura en Internet es un poco agotadora para la vista. Entonces es más cómodo verlo impreso”, afirma.

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La crisis del papel

Malú Sierra es una destacada periodista nacional. Formó parte del equipo fundador de la revista Paula y trabajó en Hoy, Caras, Cosas y en el diario La Época.

Hoy afirma, en este escenario, que “la globalización borró todas las fronteras y hacen falta mucho menos medios. Y en papel ya no. Está bien difícil que sobrevivan, yo lo siento mucho, porque yo soy de la época del papel, pero estamos pasando a otra era”.

Para los expertos, además de la globalización, que hoy se esté hablando de una “crisis del papel” y el hecho de que esté sobre la mesa que algunos diarios dejen de imprimir sus ejemplares, aunque sea por unos días de la semana, tiene que ver también con otros factores: crisis financiera y problemas de credibilidad, dos puntos a los que se enfrenta la industria en medio de la pandemia.

Así lo afirma al menos Andrés Scherman, director del Magíster en Comunicación de la U. Diego Portales. “En términos financieros, los medios hace tiempo tienen resultados bastante pobres, tienen pérdidas, han hecho reducciones en sus publicaciones y de personal. Y también hay un grado de baja de credibilidad de parte de las audiencias hace bastante tiempo”.

Pero el cierre de publicaciones en papel es algo que no es nuevo. Se arrastra hace tiempo. Hace dos años, por ejemplo, se acabó revista Paula y la publicación de Qué Pasa se limitó a lo digital. Ese mismo 2018 también terminó la mítica Cosas. Poco después, editorial Televisa cerró sus puertas en Chile.

“Es un poco contradictorio lo que está pasando. Los datos que tenemos es que en general en esta crisis la audiencia de los medios, las visitas online, han aumentado versus periodos normales, porque hay mucho interés de información. Pero al mismo tiempo hay una caída muy brusca del avisaje. Es súper visible cuando uno hojea los diarios y ve que prácticamente no hay páginas con avisajes”, afirma el académico de la Universidad Diego Portales.

Desafíos para la industria que debe adaptarse con rapidez: “Era algo que se veía venir, porque los medios hace mucho tiempo que están en una situación frágil. Hoy día tienen mucha más competencia en términos de la información online, sobre todo lo que se genera en redes sociales”, afirma Scherman.

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