Por Alejandro Vega
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Vivió artificialmente con un respirador, su pulmón está dañado y ha sufrido una pérdida muscular considerable”. Así describe Vanessa Catrifol, de 24 años, el estado de salud de su marido Yerko Molina, internado desde hace casi dos meses en la UCI del hospital del Tórax.

Hasta hace poco, “éramos una familia feliz”, dice Vanessa. Juntos sumaban fuerzas cada mes para llevar el sustento y mantener el hogar. Pero hoy ella se encuentra sola con su hijo enfermo de 8 años, confinada en su casa de la población El Porvenir. Un porvenir que le ha traído penurias porque es una cesante más que debe asumir responsabilidades que no puede cumplir y que ni siquiera alcanzan el sueldo mínimo.

250 mil pesos, entre arriendo y gastos comunes, se han convertido en cifras inalcanzables para muchos chilenos y también para Vanessa, cuyo único ingreso mensual son 100 mil pesos que no bastan para cubrir los gastos básicos, pero que se recaudan gracias a la solidaridad de los pobladores. “Me donan los mismos vecinos y ellos mismos me compran”, dice esta joven madre con una mezcla de agradecimiento y resignación.

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El mes pasado, los vecinos se organizaron por WhatsApp y compraron tomates, salchichas y panes para hacer una completada .

Frente a la crítica situación de Vanessa, el vecino Luis Romero ha cooperado haciendo completos en su casa, “porque con la pandemia no se puede reunir la gente. Hemos salido a hacer un puerta a puerta con mascarillas y guantes”, dice este maestro carpintero que desde marzo también se encuentra cesante. Le hicieron una ficha y piensa postular a algún bono. “Ojalá salte algo, porque como hablan que uno es de clase media….”, dice riendo con sorna.

Hay una página de Facebook de Villa El Porvenir donde también se publicó, para que la gente pueda ayudar. Entonces a nosotros nos van pidiendo completos, los hacemos y los vamos a entregar”, asegura Sabina Lagos, de 28 años.

Ella nos cuenta que le disminuyeron el sueldo como asistente contable, que su padre quedó sin trabajo y que su madre hace muy poco salió del hospital, donde estuvo a punto de morir de COVID-19.

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Vanessa y Yerko trabajaron durante seis meses, sin contrato, en una microempresa que prestaba servicios de despacho para Movistar. Cada mañana la pareja iba a una bodega a retirar equipos celulares que distribuían en distintos puntos de Santiago. “Entonces manipulábamos las tarjetas de los clientes, no teníamos en ese tiempo el cuidado que era el alcohol gel o la mascarilla”, asegura Vanessa, quien era la única que tenía contacto con los clientes porque “Yerko era el chofer”.

A la hospitalización de su marido se sumó la de su hijo Mateo, de 8 años. A principios de julio, comenzó a sufrir una crisis de angustia por la ausencia del padre y por la situación restrictiva de un confinamiento obligado que hoy lo tiene con tratamiento psicológico dispuesto por el colegio Laguna Sur, donde estudia.

Vanessa describe que “se empezó a inflamar, empezó con hipotermia, mucha fiebre y taquicardia”, por lo que estuvo una semana internado. Según ella, los doctores le explicaron que “se trataría del síndrome de Kawasaki y de una derivación del COVID que estarían sufriendo los niños”.

Mateo se encuentra actualmente con controles en el hospital Roberto del Río y Vanessa tiene que llevarlo al tratamiento sin tener dinero para la micro. “A veces tiene que conseguirse quién la pueda llevar”, reconoce Sabina.

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La mayoría de los vecinos canaliza la poca y esforzada ayuda a su vecina, viviendo también sus propias dificultades. Aunque todos tratan de salir adelante, se han dado el tiempo para solidarizar con quienes más sufren los efectos de una crisis sanitaria, social y económica.

Campaña de ayuda solidaria para Vanessa Catrifol

Rut: 18.699.438-8
CuentaRut Banco Estado
E-mail: vanessa.catrifol.r20@gmail.com

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