Por Nicolás Krumm
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El 10 de octubre de 2019, Angelina Contreras se dirigía desde San Ignacio hasta la ciudad de Chillán para llevar a cabo un control de su embarazo, el cual ya contaba con 38 semanas de gestación. Fue en el Hospital Clínico Herminda Martín de aquella ciudad donde le notificaron que, debido a su condición de hipertensa, el proceso de parto debía comenzar para evitar riesgos.

“Yo era considerada paciente A.R.O. (alto riesgo obstétrico), por lo que sabía que era ya momento de comenzar el parto. Lo que pasó fue que estuve todo el primer día esperando un punto de dilatación para poder comenzar trabajos de parto, porque la idea era que fuera un parto natural, según me explicaban del hospital”, asegura Angelina Contreras.

La madre de 38 años señala además que, cuando ya llevaba más de dos días esperando para poder comenzar el trabajo de parto, una matrona le notifica que, luego de una ecografía, pudieron constatar que Julián, su hijo, no presentaba signos vitales. A esto se suma una ruptura ligamentosa en su útero al momento de los trabajos.

“En ese momento avisaron a un médico y de inmediato entramos a sala de parto. Me indicaron en ese momento que por la urgencia, finalmente, harían una cesárea y no supe más hasta que desperté después del parto. Mi hijo sufrió un paro cardiorrespiratorio en el trabajo de parto y las secuelas fueron irreversibles. ¿Por qué no actuaron antes?”, comenta tristemente Angelina.

Tetraplejia espástica, disfunción cardíaca y otras patologías fueron las que se le diagnosticaron finalmente a Julián, quien además de pasar más de 180 días hospitalizados, se le debió someter a una traqueostomía y una gastrostomía, para poder ser aspirado y alimentado respectivamente. Cuidados y tratamientos como el uso de un ventilador mecánico son hoy en día una complicación para una familia que debió incluso dejar de lado sus fuentes de trabajo.

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“Yo tuve que dejar de trabajar en transportes para dedicarme a cuidar a mi hijo, aparte tampoco quería exponerlo. Entre los que vivimos en la casa nos dividimos el tiempo y las tareas para cuidar y ayudar a Juliancito. Lo que no entendemos es cómo si el hospital sabe en las condiciones que él quedó, nunca nos facilitaron ayuda”, apunta Erbet Herrera, padre de Julián.

La familia asegura que sólo ha podido contar con la ayuda de la Municipalidad de San Ignacio, quienes a través del área social y de su Programa Municipal de Discapacitados, le han dado atenciones a Julián y generosamente le compraron un ventilador mecánico para que pudiera ser atendido en su hogar.

Varios procesos y decisiones que se tomaron durante los momentos previos al parto son foco de dudas para esta familia, ya que aseguran que hubo un trato poco profesional por parte de la institución. A partir de esto, la familia también se está asesorando en términos legales.

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Estamos viendo el tema de la mediación con el Consejo de Defensa del Estado, esta consulta es porque debe haber una evaluación previa del hecho al haber un organismo de salud involucrado. Una vez que lleguemos a la mediación de ambas partes, veremos si podemos llegar a un acuerdo, pero es algo que vemos difícil porque la respuesta de ellos es poco conciliadora”, declara Juan Pablo Díaz, abogado de la familia.

Hospital: “Se ha dado respuesta a todos los requerimientos formales”

En tanto, desde el Hospital Clínico Herminda Martín de Chillán, se refirieron al hecho a través del Subdirector Médico del centro, el doctor Antonio Salinas, señalando que se actuó acorde a la situación:

“Durante su trabajo de parto (…) presentó un accidente obstétrico inesperado, lo que motivó al equipo médico de turno a realizar una cesárea de emergencia, instancia donde se evidenciaron complicaciones maternas y fetales. Previo a este procedimiento quirúrgico, cumplía con todos los criterios médicos para un parto normal, ajustándonos a las indicaciones de la guía perinatal ministerial”.

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El subdirector Médico también agrega que “se ha dado respuesta a todos los requerimientos formales que la señora Angelina ha solicitado”

Sin embargo, luego de un año del nacimiento de Julián, la familia aún combate con los cuidados que debe recibir este menor y el gasto que esto conlleva, esperando una pronta respuesta o compensación del hospital. Una mediación que el abogado de la familia cree que de no llegar, comenzarán un proceso de carácter judicial.

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