Por Raúl Sepúlveda
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La libertad con la que viven hoy los niños en el campamento Nueva Hermandad en Batuco podría ser envidiable. Es su realidad, la mayoría no sabe que existe otra, fuera de los amplios campos donde juegan a diario. Los más pequeños conviven con el frío desde que nacieron, es normal también mojarse cuando cae la lluvia. No se dan cuenta, en su pequeño mundo, de las indignas condiciones con las que deben convivir a diario.

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Josué Astorga quedó sin trabajo hace cinco meses. Junto a Carolina, su señora y su hijo de cuatro años, tuvieron que dejar la pieza que arrendaban en Santiago. El único lugar que les abrió las puertas fue el campamento Nueva Hermandad de Batuco. Saben que es un paréntesis, mientras se acaba la crisis sanitaria, pero nunca imaginaron que esta nueva realidad carecería durante toda su estadía del suministro más básicos de todos: el agua.

“Los días de lluvia, cuando mi marido está haciendo pololitos (trabajos), se me hace realmente imposible caminar junto a mi hijo de 4 años a buscar agua a otro campamento, o donde algunos familiares. Esos días simplemente no hay agua“, afirma Carolina.

Lavarse bien las manos para evitar el contagio

Batuco, que en mapudungun quiere decir Agua de la Totora, convive con cientos de realidades similares. En el campamento son 150 las familias que viven desde hace cinco meses sin agua.

Lo propio le ocurre a Vannete, junto a su hija de tres meses. También la cesantía llevó a Batuco a Gladys Neira. El inicio de la pandemia llegó con el desempleo para ella y su esposo. Viven con sus dos hijos de cinco y dos años.

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“Es súper complicado vivir así. Es irónico escuchar los llamados de las autoridades de que es una obligación lavarse las manos para evitar los contagios cuando apenas tenemos agua para tomar o cocinar, para que hablar de bañarnos“, confiesa Carolina.

A orillas de la linea férrea de Batuco, son dos las tomas que conviven en este sitio privado, desocupado hace años. En la toma Nueva Hermandad hay cuatro estanques de agua de mil litros, vacíos, nunca se han llenado, solo con agua de lluvia, para lavar ropa. Aquello les ha impedido continuar con las ollas comunes, conformadas para disminuir en parte su otro gran problema: el hambre.

“Tengo dos niñas y un bebé. Nos vinimos por no tener dinero para pagar arriendo. La persona nos desalojó y tuvimos que trasladarnos para acá. Quedamos cesantes producto de la pandemia y aquí no tenemos ni siquiera un baño digno para nuestros hijos, lo que se suma al hambre y el no tener agua para las cosas básicas, necesitamos ayuda urgente”, afirma Cecilia Sepúlveda

Muchos de ellos podrían acceder al retiro del 10% de sus ahorros en las administradoras de fondos de pensiones, pero sin Internet, información, ni dinero para acudir presencialmente a las sucursales, se ven impedidos de acceder a su propio dinero para salir de la compleja situación.

Desde la Municipalidad de Lampa especificaron que, según datos de la Dirección de Desarrollo Social, el dueño del terreno había ofrecido su venta, la cual fue descartada tras el análisis técnico realizado, que determinó que no cumplía con los requisitos de compra del Serviu. Además, se informó que gran parte del terreno será expropiado, por el proyecto del tren Batuco. La alcaldesa Graciela Ortúzar se excusó de entregar declaraciones, debido al número de reuniones en su agenda.

En el campamento, extranjeros y nacionales persiguen desde hace años el sueño de la casa propia. Hoy ese anhelo se ha convertido en una pesadilla, la misma que viven a diario los más de 800 campamentos en Chile donde cerca de 100 mil personas, entre ellos muchos niños y adultos mayores, enfrentan estas condiciones de postergación y abandono, lo que hace aún más cruda su realidad, en medio de la pandemia.

Hasta el cierre de esta nota, las familias se encuentran aún sin agua, sin que ninguna autoridad se haga responsable o las ayude, a pesar de estar en pandemia y donde la necesidad de acceder a este recurso es fundamental para mantener las normas sanitarias vigentes.

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