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La enfermedad del Parkinson sigue siendo una “incógnita” dentro del ámbito de la salud, ya que ha logrado reconocerse el proceso neurodegenerativo progresivo que produce, sin embargo, sus causas hasta el momento son desconocidas. Pero diversos estudios intentan dilucidar aquellos paliativos que podrían ayudar a retrasar sus efectos en la salud o bien proteger el cerebro para evitar su desarrollo.

Uno de estos acercamientos se relaciona con la hormona de la insulina –“insulin-growth-factor 2” (IGF-II)– y que es producida naturalmente en diferentes partes del cuerpo, incluyendo el sistema nervioso. Así lo dio a conocer María García-Fernández, profesora de la Universidad de Málaga, en  The Conversation, donde entregó detalles sobre los efectos que esto tendría en el organismo.

Según postuló la académica, esta hormona está vinculada a la regulación de la glucosa, así como en procesos de la memoria y el desarrollo. Pero mediante esta investigación, se pudo determinar que la IGF-II tiene además un efecto antioxidante y protector sobre las neuronas y células hepáticas en animales de edad avanzada, y es aquí donde radicaría su importancia respecto del parkinson.

De acuerdo a su explicación, el estudio se realizó en un modelo celular de la enfermedad basado en cultivos de neuronas, y mediante esto se logró demostrar que IGF-II tenía un efecto protector en las mismas, ayudando a la disminución del daño y la neurodegeneración. Asimismo, la hormona sería capaz de inducir factores nucleares que protegen del daño celular a las neuronas que liberan dopamina, es decir, aquellas claves para el desarrollo del parkinson.

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Lo anterior se pudo comprobar en células de cultivo correspondientes a un modelo de parkinson en ratones, demostrando que la administración de IGF-II  a los roedores mejoraba su comportamiento motor y conducta. Pero la suministración de la sustancia se realizó en dos grupos, el primero en aquellos animales donde la enfermedad ya estaba inducida y el segundo al mismo tiempo en que se inducía el daño asociado al parkinson.

Respecto del grupo 1, se pudo evidenciar que “el IGF-II era capaz de frenar el daño impidiendo la evolución de la enfermedad”, mientras que en los otros directamente implicaba en el impedimento para que la enfermedad apareciera. Pero lo relevante es que con un mes de tratamiento con esta sustancia, se pudo observar que la sustancia evitaba la muerte de las neuronas dopaminérgicas afectadas por el parkinson.

Qué es el parkinson

De acuerdo con la guía clínica elaborada por el Ministerio de Salud (Minsal) en relación al parkinson, se define a la enfermedad como un proceso neurodegenerativo progresivo, cuya lesión fundamental afecta a la parte de la sustancia negra del cerebro. Destacan que la causa es desconocida pero podría ser multifactorial, apuntando a factores ambientales o genéticos, así como la exposición a traumatismos, drogas o medicamentos.

El parkinson ataca principalmente a las neuronas dopaminérgicas, afectando funciones como “el mantenimiento de la postura del cuerpo y de las extremidades, la producción de movimientos espontáneos (como parpadeo) y automáticos, que acompañan a un acto motor voluntario (como el balanceo de brazos al andar)”, detalla el documento.

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Lo anterior se explica porque la enfermedad consiste en un desorden crónico y degenerativo de una de las partes del cerebro que controla el sistema motor, provocado por el deterioro o muerte de las células nerviosas de la sustancia negra ubicada en el mesencéfalo.

Estudios apuntan a que el proceso de envejecimiento en sí mismo no es un factor principal para el desarrollo de la enfermedad denominada generalmente como idiopática, término otorgado a aquellos padecimientos de los cuales se desconoce su causa primaria, ya que aún falta por descubrir cómo se pierde la dopamina en las estructuras transportadoras a nivel neuronal.

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