Por Alejandro Sepúlveda Jara
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La sequía meteorológica se define como la falta de precipitaciones sobre una zona durante un período, o sea, es una excepción a la regla con un principio y un final. En Chile, de acuerdo con el registro de la Dirección Meteorológica (DMC), acumulamos 14 años de sequía, la más prolongada en nuestra historia. Entonces, vale la pena insistir en la pregunta: ¿Seguimos inmersos en la llamada megasequía o es que el clima cambió?

Por primera vez, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile se abre a la opción que este régimen de escases de precipitaciones, en comparación con los promedios históricos, sea el que nos venga a regir de ahora en más.

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“A medida que avanza el siglo XXI, la definición de sequía como una condición transitoria está perdiendo sentido, ya que la disminución de la precipitación anual es sustancial y permanente. Así, la condición promedio de los próximos años podría ser similar a la observada durante la actual megasequía. Por tanto, este evento debería servir para obtener lecciones importantes para adaptarnos a un clima progresivamente más seco”, argumenta núcleo de investigación climática.

“Se habla de sequía meteorológica cuando hay un déficit en la acumulación de precipitaciones, de al menos un 25 % respecto del promedio histórico, y de sequía hidrológica cuando se observa algo similar en el caudal de los ríos”, define el CR2.

A través de la publicación del artículo “¿Sequía o megasequía?”, el centro de estudios sostiene que “al examinar los registros del último siglo observamos que en cada década hay sequías, típicamente de uno o dos años de duración, así como también años muy lluviosos. Sin embargo, desde 2010 la alternancia de las condiciones secas y húmedas se ha interrumpido, persistiendo una condición seca que ya lleva más de diez años, con un déficit de precipitación promedio de entre un 25 y un 30 % en Chile central”.

¿Por qué no llueve como antes?

“La Megasequía se atribuye principalmente a dos factores: variaciones lentas en el sistema océano-atmósfera similares al fenómeno del Niño y la Niña, y una tendencia de largo plazo asociado al cambio climático global. Así, considerando escenarios actuales de emisiones globales de gases de efecto invernadero y de cambio climático, se prevé un futuro más seco en Chile, con un aumento en la frecuencia de eventos de sequías extremas y persistentes, como los de la presente década”, anticipa el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia.

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Esta disminución en el régimen de precipitaciones “ha tenido un efecto directo en los caudales de los ríos y en la disponibilidad de agua, con déficits de hasta un 70 % en las regiones de Coquimbo y Valparaíso. Además del impacto en sistemas humanos y naturales sobre el continente, la baja de los caudales disminuye la descarga de nutrientes desde los ríos al mar, afectando negativamente al crecimiento de fitoplancton, el cual sirve de alimento para peces como la anchoveta y la sardina, de gran importancia económica para Chile”, afirma el CR2.

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