Por Alejandro Sepúlveda Jara
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La ausencia de precipitaciones y las altas temperaturas en las tardes del presente invierno en los valles del centro-norte del país se han complementado para concretar un escenario angustiante.

“Este año ha sido dramáticamente seco. De hecho, si no fuera por las lluvias del verano (enero) esto sería aún más dramático”, así lo califica Martín Jacques, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción.

Santiago acumula a la fecha 78.1 milímetros de agua este año (-67%), de esta cifra, 40 milímetros se registraron a finales de enero. Entonces, la lluvia caída en la sumatoria del otoño y lo que va del invierno es de sólo 38.1 milímetros, el segundo más seco desde 1911 (1968 es el más seco).

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¿Se puede calificar de hipersequía 2021? “Esta condición de déficit extremo la denominamos hipersequía”, afirma René Garreaud, doctor en Ciencias Atmosféricas del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, y subdirector del (CR)2. En la historia registrada, por el momento, se anotan cuatro años con hipersequía en la zona central: 1924, 1968, 1998 y 2019.

“Con sólo un mes de invierno por delante, existe el riesgo no menor que 2021 sea una nueva hipersequía con impactos potencialmente graves en el medio natural, la sociedad y diversos sectores económicos”, advierte Garreaud en su artículo Con el estanque (casi) vacío y cuesta arriba publicado en www.cr2.cl

Secos hoy, ¿y mañana?

—“No podemos descartar que tengamos años con lluvias más cercanas a los promedios históricos, eso puede suceder, porque es parte de la variabilidad interanual del clima; sin embargo, lo que sí proyectamos es que en el futuro la normalidad estará más relacionada con las condiciones actuales que con las pasadas. Entonces, lo que ahora nosotros consideramos muy seco será la normalidad del futuro”, sostiene Martín Jacques.

El investigador profundiza en este escenario al afirmar que “vemos una tendencia hacia el secamiento en la zona central de Chile con menores montos de precipitaciones y con mayores temperaturas máximas. Esta tendencia es más marcada en la medida que subimos como en la cordillera de Los Andes, lo cual es una combinación bien desafortunada. La isoterma 0 se ubica cada vez a mayor altitud con poca precipitación bajando la acumulación de nieve y derritiendo los glaciares. Esta ya es una tendencia que se observa hace décadas en el país”.

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—Martín, el clima de la zona central, y de Santiago en particular, se califica como mediterráneo. ¿Se puede decir que cambió y que ya es semidesértico o semiárido?

—“Sí, ya se evidencia una clasificación de transición hacia un clima semiárido en sectores de la zona central y podría ser calificado así hacia el futuro”.

¿Por qué no llueve?

—“La causa directa de este déficit de precipitaciones es la ausencia de sistemas frontales en la zona central. En los meses de invierno es cuando el Anticiclón del Pacifico Sur (APS) se repliega hacia al norte permitiendo la llegada de sistemas frontales. Pero este invierno hemos observado un significativo incremento de las presiones sobre el Océano Pacifico subtropical, reforzando el APS y debilitando los vientos del oeste en esta región, lo cual limita la llegada de tormentas. Simultáneamente, las presiones han disminuido en la periferia de la Antártica conduciendo las perturbaciones extratropicales hacia el extremo sur de Sudamérica”, analiza René Garreaud.

¿Por qué este refuerzo de las presiones?

—“Existe un fenómeno muy consistente con el calentamiento global que es el fortalecimiento de las altas presiones y su desplazamiento hacia zonas más cercanas a los polos. Por lo mismo, con todos estos factores, se proyecta una desertificación y aridificación de Chile central en las próximas décadas”, anticipa Jacques.

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“Sumado a la variabilidad natural, el cambio climático y sustancias que destruyen el ozono estratosférico se produce un incremento de las presiones en las zonas subtropicales y un cambio en la trayectoria de las tormentas que ahora van hacia latitudes más altas en el hemisferio sur. El cambio climático podría también estar influyendo en la inusual intensidad de la mancha de agua cálida en el Océano Pacífico occidental (cerca de Nueva Zelanda) contribuyendo de manera directa e indirecta a la tendencia de secamiento en Chile central y sur. A diferencia de las variaciones naturales, esta tendencia se mantendrá durante el siglo 21, aunque su intensidad dependerá de la trayectoria de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que siga emitiendo la humanidad”, advierte Garreaud.

Explíquenme esto

—Muchas personas preguntan, por qué no tenemos lluvias si, debido al calentamiento global, se produce mayor evaporación y, por lo tanto, en la tropósfera hay mayor disponibilidad de vapor de agua. Antes de responder esa inquietud debemos aclarar que, efectivamente, el vapor de agua es el más abundante gas de efecto invernadero, mientras que el dióxido de carbono es el más duradero (cientos de años) y el metano es el más poderoso.

Responde Martín Jacques: “Esto se debe analizar en una escala espacial mayor. Efectivamente en un planeta que se calienta hay mayor disponibilidad de vapor de agua. Ahora que tengamos mayor vapor de agua no significa que tengamos precipitaciones que se distribuyan homogéneamente por el mundo y que en todas partes lloverá más”.

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¿Qué pasa entonces? “Hay precipitaciones más intensas por este motivo en algunas regiones, pero eso se reparte de manera muy desigual. En general, con el cambio climático, se confirma que las zonas que son lluviosas recibirán más lluvias y los lugares secos se vuelven más secos. Entonces, no sólo se necesita mayor disponibilidad de vapor de agua para tener precipitaciones, sino que también la dinámica que las origina. Si no tenemos sistemas de tormentas, no habrá precipitaciones como es el caso de la zona central de Chile que se está desertificando”, cierra el experto.

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