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Un estudio elaborado cada cinco años por el programa Seafood Watch es el responsable de examinar las condiciones en que se producen los salmones a lo largo de diferentes países del mundo. En esta ocasión, la más reciente publicación fue ciertamente lapidaria para la industria salmonera nacional.

El estudio advierte que el salmón del atlántico, la especie mayormente producida en Chile con un 59% de la producción total de salmónidos, se mantiene en la categoría de “evitar el consumo” para aquel que es cultivado en Los Lagos y Aysén, señalando textual que “el alto uso de antibióticos y pesticidas para controlar enfermedades y el piojo de mar son de preocupación crítica”. 

El documento se hizo viral justo en el momento que se desarrollaron dos eventos en una misma semana: El primero, el escape masivo de salmones de Coho en Calbuco, y el segundo, la muerte de 760 mil salmones en plantas de la empresa Blumar, lo que equivale a 1.230 toneladas.

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Daño ambiental por escape

En el reporte encabezado por Monterey Bay Aquarium, que dicha organización publica cada cinco años, se detalla la creciente preocupación por los escapes masivos de salmones desde los centros de cultivo chilenos, especialmente del salmón coho, el que pareciera estar estableciéndose en la naturaleza y aumentando su rango de distribución. 

“El sur de Chile tiene ecosistemas únicos con altos grados de endemismo y algunas especies vulnerables o en peligro“, señala el informe, y agrega que estos escapes aumentan el impacto sobre las especies endémicas dada la naturaleza carnívora de este salmón.  

“Es muy preocupante este nuevo escape de salmones, especialmente en este caso que se trata de la especie Coho, sobre la cual hay evidencia de que se ha adaptado a los ecosistemas del sur de Chile, impactando a las especies endémicas dada la naturaleza carnívora del salmón“, dijo a CHVNoticias Liesbeth van der Meer, directora de Oceana, organización no gubernamental de carácter científico.

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“Por esto es esencial que el Senado apruebe el proyecto de ley, que se encuentra entrampado desde hace meses y que contempla una nueva regulación sobre escapes de salmones, estableciendo fuertes sanciones económicas por cada evento, buscando así que las empresas mejoren sustancialmente su infraestructura, y disminuyan así estos hechos que terminan impactando profundamente al medio ambiente”, sostuvo.

Brote de pseudochantonella

Con respecto a la muerte de los salmones, la especialista explicó que existe un brote de pseudochantonella. “Cabe recordar que en 2016 este brote de algas produjo la muerte de un 12% de la producción de salmones en Chile donde la mortalidad fue mal manejada y arrojada al océano por su avanzado estado de putrefacción“, lamentó.

No obstante, cinco años después “vemos que el evento se repite en Puerto Aguirre y esperamos que en esta oportunidad la mortalidad se maneje de manera adecuada”.

“Lamentablemente, dada a la mezcla perfecta de altas temperaturas, baja pluviometría y la concentración de nutrientes que proporcionan las fecas y la alta concentración de salmones, los brotes algales, que en este caso produjo la muerte de casi un 30% de la producción de tres centros en Puerto Aguirre, serán cada vez más recurrentes”.

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“La peor cara de las salmoneras”

En ese sentido, la ONG explicó que, con el reciente informe, las salmoneras están mostrando la peor cara frente a los mercados internacionales. “La salmonicultura es, por lejos, la actividad que más antibióticos utiliza en Chile, la resistencia bacteriana es un problema mundial y tendría que ser la misma industria la que esté preocupada de transparentar estos datos“, afirmó la directora.

Lo anterior, luego que diversas investigaciones han demostrado que el excesivo uso de antibióticos en la industria alimenticia, permite a las bacterias mutar y hacerse más resistentes a los medicamentos. Conocidas también como “las superbacterias”, pueden transmitirse a los humanos por medio del consumo de estos peces y provocar enfermedades que luego no pueden ser tratadas.

Finalmente, puntualizó que “de esa forma no verían clausurados mercados internacionales, tal como lo fue Europa, pero vemos que no es algo de interés para las empresas, ya que se siguen oponiendo de forma sistemática a entregar la información, llevando adelante litigios que se extienden por más de cuatro años frente a cada solicitud que hemos realizado desde nuestra organización”.

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