La rápida propagación del COVID-19 arrastra consigo una de las incertidumbres económicas más severas de la historia reciente. De hecho, este martes, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que la pandemia del coronavirus es la peor crisis global que enfrenta la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial y, según dijo, las mayores consecuencias las vivirán los países más pobres o en conflicto.

“Se trata de una combinación, por un lado, de una enfermedad, que es una amenaza para todos en el mundo, y en segundo lugar, de un impacto económico que traerá una recesión sin precedentes en el pasado reciente“, señaló Guterres, al mismo tiempo que anunció la creación de un nuevo fondo destinado a los países en desarrollo.

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Y es que el escenario es diferente en cada nación. Si bien algunos países, como China o Corea del Sur, han logrado frenar el aumento exponencial de contagiados, otras potencias, como Estados Unidos o Europa, siguen con el brote en expansión. En América Latina la situación no es distinta: hasta este 2 de abril se contabilizaban más de 20.000 contagios y más de 500 muertos, según un conteo de la agencia AFP. Y la realidad sanitaria que está enfrentando Ecuador preocupa a toda la región.

Diego Ayau, consultor de operaciones empresariales, explica que el desafío de todos los mandatarios a nivel mundial es encontrar un equilibrio entre la seguridad de las poblaciones y el impacto económico que tendrá el virus. “Cada presidente debe de velar por que la solución a esta pandemia no salga más cara que la enfermedad en sí”, señala.

El experto reconoce que las medidas económicas que han tomado los líderes latinoamericanos apuntan, en su mayoría, a prestar ayuda a las personas más vulnerables, mantener los empleos e incentivar la economía, pero también advierte sobre el populismo que a veces se esconde en estas iniciativas. “Como ciudadanos, debemos de estar siempre atentos a aquellos lobos disfrazados de ovejas en situaciones complicadas, que salen con soluciones radicales, que a primera vista se ven como heroicas”, dice Diego Ayau.

Una medida que han tomado varios países de Latinoamérica es fijar cuotas fijas a familias vulnerables, lo que consiste en entregar un monto de dinero calculado en base a un promedio de ingresos y costos por cada carga económica.

“El problema con los promedios es que, para la media inferior, el monto es mayor al acostumbrado, pero para la media superior el monto es inferior al estilo de vida acostumbrado. Se entiende que por ser una crisis mundial todas las personas se deben de ajustar, pero esto es como sacar agua con un balde de un barco que se está hundiendo”, advierte el consultor Diego Ayau y señala que, si bien se trata de una medida efectiva a corto plazo, aquellos que no puedan satisfacer sus necesidades básicas con esta ayuda, podrían recurrir a la violencia para lograrlo, como ha ocurrido en El Salvador, Honduras o Guatemala.

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Otra iniciativa que se repite en países latinoamericanos es la de gestionar con la banca -pública o privada- la postergación de los pagos de créditos. Si bien parece ser una solución inmediata, podría tener un mayor impacto en el largo plazo. “Los bancos son empresas mercantiles también. Así como cualquier empresa, ellos deben de generar ingresos para pagar sus costos. Y los principales costos de un banco son pagar los intereses a las cuentas de ahorro de los clientes. Si las personas dejan de pagar sus créditos, ellos no tendrán ingresos para pagar estos intereses y esto generará grandes problemas financieros en un futuro”, explica Diego Ayau.

En varios países también se ha optado por congelar o diferir los pagos de servicios básicos, como agua, luz, gas o telefonía. Si bien esta medida puede aliviar y dar liquidez a los bolsillos de muchas familias, el problema que advierte el experto es que, al igual que los bancos, estas empresas tienen costos fijos que pagar, como infraestructura y salarios. Con no pagar o postergar estos pagos, estamos privando a otras personas a no recibir su salario por lo cual solo se está pateando el problema para otro lado”, explica Ayau.

A juicio del experto, una medida que sí es muy acertada -y que se está impulsando en algunas naciones latinoamericanas- es la de ayudar a las pequeñas empresas. Es evidente que ninguna pyme cuenta con capital suficiente para mantener a sus empleados y pagar sus costos fijos sin no genera ingresos. Por ello, Diego Ayau plantea que, si el objetivo es cuidar los empleos, “es esencial la sobrevivencia de estas empresas para reiniciar la economía una vez la pandemia pase”.

Por último, algo que se ha visto en Argentina y que ha sido exigido por algunos políticos en Chile, es la fijación de precios. El especialista pide, en primer lugar, recordar que los precios son solamente un mecanismo de información, que marcan un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda. “Si el precio sube es porque la oferta está más baja que la demanda, por lo cual se debe de aumentar la producción. Si se implementa un control de precio, lo único que estamos logrando es desincentivar ese aumento de producción, que finalmente traerá más escasez de la que actualmente hay”, señala.

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Con todo lo anterior, Diego Ayau señala que, si bien la pandemia está siendo un desafío nivel sanitario y financiero, la “mejor solución económica es intentar regresar a la normalidad lo antes posible”. “Ningún país puede vivir en una burbuja y subsistir económicamente esperando a que salga una cura, por lo cual debemos de aceptar que tarde o temprano, debemos volver a la vida cotidiana”, agrega.

Por ello, entendiendo que el COVID-19 será una amenaza hasta que la comunidad científica encuentre una vacuna o un tratamiento efectivo, la prioridad de los líderes mundiales debería ser incrementar la inversión en salud, de modo que los ciudadanos tengan la seguridad que, una vez controlada la crisis, podrán salir de sus casas y tendrán una atención oportuna en caso de contagio.

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