Por Fernanda Jure

A un solo click de distancia. Así la tecnología ha facilitado la difusión y acceso a todo tipo de información para los usuarios de Internet. Sin embargo, y pese a ventajas como rapidez e instantaneidad, Internet es un arma de doble filo a la hora de difundir información falsa y datos imprecisos, sobre todo, en estos momentos, con los relacionados al COVID-19.

“Las pandemias ocurren cada 100 años” es uno de los rumores más esparcidos en los últimos días. El supuesto afirma que la actual crisis sanitaria cumpliría con un patrón de brotes virales que sucedería con intervalos de un siglo. Según esta creencia, la peste negra, el cólera, la gripe española y el coronavirus, habrían ocurrido exactamente en los años ’20, con un siglo de diferencia.

 

Las pandemias NO ocurren cada 100 años

Sin embargo, expertos señalan que esto no sería preciso, y que muchos de los datos que justifican este postulado, serían incorrectos.

“En la historia no hay nada que sea absolutamente recurrente con precisión matemática. Los hechos en la historia se producen por causas profundas y circunstanciales. Es una afirmación propia de redes sociales, pero no es más que eso”, explica el historiador de la U. de Chile, Sergio Grez.

La lista de enfermedades que se ha extendido geográficamente hasta ser catalogada como pandemia es extensa, pero la viruela, el sarampión, la “gripe española”, la peste negra y el VIH son los nombres más repetidos por historiadores y, según la misma historia, los más temidos por los profesionales de la salud a lo largo de los años; no solo por su letalidad, sino también por su duración.

Tomando como ejemplo estas pandemias es que Cristóbal García Huidobro, historiador y profesor de Derecho de la U. Católica, explica algunas fallas en la teoría difundida por redes sociales.

“El primer error es que el COVID partió en 2019 y no en 2020. En segundo lugar, la gripe española partió en 1918. Hubo una pandemia en 1720, pero también las ha habido en otras épocas. La viruela, por ejemplo, es una pandemia permanente en el mundo, desde que existen registros. En el siglo XVI llego a América, pero está permanentemente presente. El SIDA también es una pandemia y no partió en 1920, los primeros casos habrían partido en los ochenta”, apunta.

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De esta manera, no sólo se derriba el mito de que las pandemias comiencen exactamente cada 100 años debido a que los años de inicio no coincidirían, sino también debido a la duración que han tenido estas enfermedades, que se han prolongado por años y son difíciles de trazar. Este es el caso de la peste negra, que se llevó consigo a un porcentaje importante de la población europea durante el siglo XIV.

“Ocurrió entre 1347 y 1353. Ahí ya tienes un arco temporal, no coincide la lógica de los 100 años. La viruela es inmemorial, lo mismo ocurre con la tuberculosis. Esta última es una enfermedad silenciosa. Puedes ser portador de ella durante 20 años, sin saberlo. Por lo mismo, es difícil dar datos”, explica García Huidobro, quien vuelve a mencionar al SIDA como ejemplo.

Puede que haya habido enfermedades de inmunodeficiencia que quizás, eran el mismo virus en la década de los ’60 y ’70, sólo que no se sabía. No es fácil encontrar al paciente cero”, señala.

Y así ha ocurrido en otros casos. No todas las pandemias han sido rastreadas en su totalidad. Si bien se ha logrado en algunos casos, como con la gripe porcina, cuyo origen fue encontrado en México, hay otras investigaciones que no tuvieron éxito. El síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) tuvo su origen en Asia, pero nunca se ha determinado quién fue la primera persona en padecerlo.

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“La historia es el resultado de una interrelación de muchísimos factores. Nunca un fenómeno histórico puede atribuirse a una causa, aun cuando pueda haber causas o elementos que son más importantes que otros, es la conjunción de estas causas la que produce determinados resultados”, afirma al respecto el historiador Sergio Grez, quien cree que la relación establecida entre las pandemias y sus años de origen no es más que un juego de ingenio.

No hay precisión histórica ni médica. Las fechas citadas son inexactas, omiten pandemias ocurridas en los periodos intermedios, y, en muchos casos, incluyen brotes que no fueron pandémicos. Cristóbal García Huidobro explica que “también está la discusión de qué es lo que se entiende por pandemia. Yo me quedo con los expertos y la definición de la OMS, pero en muchos casos, la gente confunde el concepto con los brotes y epidemias”.

El legado de las pandemias

Sin lugar a dudas, las consecuencias de una enfermedad de alta propagación, resultan devastadoras, pero también reconfiguran comportamientos y conductas de la sociedad.

Así, las pandemias han traído consigo avances tecnológicos y médicos que ahora son parte de la normalidad, como por ejemplo las vacunas, que surgieron durante la Colonia, luego de que el contacto entre Europa y América trajera consigo no sólo novedades sino también todo tipo de enfermedades.

Marcelo López, secretario de la Sociedad Chilena de la Historia de la Medicina (SOCHHIM), cuenta que la irrupción de la gripe española en 1918 y la gripe rusa en 1980 marcaron un antes y un después, “porque pusieron en evidencia la necesidad de que el Estado asumiera protagonismo en el diseño y ejecución de soluciones a problemas sanitarios arrastrados hace décadas”.

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De la misma forma, dos hospitales importantes tuvieron su origen a partir de enfermedades de rápida propagación. “El Hospital del Salvador se creó en la década de 1870, producto de una epidemia de viruela que generó gran mortalidad. Por su parte, el antiguo Hospital San José, nació como un lazareto, un establecimiento pequeño. Se creó para atender a infectados de Viruela, pero también de cólera. Posteriormente, el lugar evolucionó y se convirtió en el primer hospital especializado en tuberculosis en Santiago”, sostiene.

Pero también hay una estrecha relación entre la llegada de enfermedades de este tipo y reformas que han modificado el sistema de salud de Chile.

Así ocurrió a partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el cólera de desplegó por el mundo y llegó al país en 1886. “Fue tal el impacto que generó, que llevó a la elite política a tomar decisiones concretas que se venían discutiendo hace años. Producto de ello, se dictó una legislación sanitaria, que se tradujo en la creación del Instituto de Higiene y del Consejo Superior de Higiene Pública”, cuenta López.

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