Por Avelino Martínez
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Si bien no está dentro de sus competencias, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte sobre otro peligro que acecha a raíz de la pandemia de COVID-19. Lo han denominado la “infodemia”, concepto con el que aluden a la verdadera propagación viral de noticias falsas a través de las redes sociales relativas al coronavirus.

Son las famosas fake news, por su denominación en inglés. Por ejemplo, la reciente noticia de que el premio Nobel de Medicina 2018, Tasuku Honjo, aseguró que “el coronavirus fue fabricado por el hombre”. La falsa información se expandió tan rápido como la enfermedad por el mundo a través de redes sociales como WhatsApp, generando temor y acrecentando la incertidumbre en torno a la pandemia.

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Pero tan velozmente como esta noticia se difundió, el aludido y diversas empresas de ciberseguridad se encargaron de desmentirla. Lo lamentable es que el daño persiste. Las noticias falsas, aunque desmentidas, sobreviven de igual forma en las redes sociales donde se siguen viralizando sin control.

Si consideramos que 4,5 billones de personas tienen acceso a Internet y 3,8 billones utilizan redes, en el contexto del natural miedo que genera la pandemia, este universo se vuelve terreno fértil para las informaciones tóxicas.

Esta es la información falsa difundida (fuente: www.newtral.es):

Frente a este panorama, expertos en comunicaciones y seguridad en el mundo de la información difundida a través Internet entregan algunos consejos.

Lo primero es no creer en todo lo que llega por redes sociales y, lo básico, aplicar el sentido común. Debemos tener en cuenta que titulares sensacionalistas o informaciones alarmantes que afirman, por ejemplo, de manera tajante, que “el coronavirus fue creado en un laboratorio” o “es un arma biológica” o “un invento de la industria farmacéutica” o “efecto de las redes 5G”, debe de inmediato llamarnos a la incredulidad y a la sospecha, porque todas estas afirmaciones carecen de sustento y no se condicen con la información oficial que entregan los organismos responsables del combate contra la enfermedad.

Lo segundo entonces es, informarse en fuentes oficiales, como la OMS o las entidades estatales respectivas.

El negocio de las fake news

Lamentablemente, las teorías conspirativas abundan en la web y fenómenos nuevos como éste, donde hay mucha incertidumbre incluso entre los expertos virólogos que estudian al SARS-Cov2, son campo fértil para su propagación.

También hay motivaciones políticas tras las noticias falsas, sobre todo en este contexto donde se evidencia una pugna entre Estados Unidos y China derivada de la forma en que ambos modelos de sociedad han enfrentado la pandemia. Este escenario complejo en nada contribuye a la hora de informar seriamente a la población y combatir de forma real el avance del COVID-19.

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Enrique Núñez, académico de la Facultad de Comunicaciones de la U. Católica, advierte al respecto que cada vez que recibamos una información a través de las redes sociales debemos percatarnos, entre otras cosas, en si trae links que nos conducen a otras páginas web asociadas “ya que puede ocurrir que sea un sitio donde sencillamente se nos están ofreciendo productos y esa desinformación se creó para atraer a las personas a ese sitio”. Es el típico titular alarmante que al abrirlo nos lleva a sitios publicitarios, que nos conducen a otros sitios. La información falsa es sólo un enganche, una carnada para ofrecernos un producto o servicio y en el peor de los casos una estafa.

En la misma línea, aconseja chequear la ortografía y la gramática de la información. Si contiene errores, comience también a descartar el contenido ya que probablemente sea falso.

También hay que verificar el medio a través del cual se comparte la noticia “si me llega a través de un servicio de mensajería, como WhatsApp, es mucho más probable que ese contenido sea desinformación, ya que no es un canal oficial de difusión noticiosa”, sentencia este experto en comunicaciones, quien recalca que antes de compartir, es imprescindible validar la información con sitios oficiales y medios de comunicación confiables y de reconocida trayectoria.

Difundir mentiras trae consecuencias

Simples pasos de verificación con los que coincide también Lionel Brossi, director del Núcleo Inteligencia Artificial y Sociedad del instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, quien alerta que hay que tener en cuenta también, que en la mayoría de los casos las llamadas fake news “son una mezcla de información correcta con información inventada” y eso hace que sea aún más difícil detectar si estamos frente a una información verdadera o falsa.

El juego es ese, revestir con datos reales algo que no es real para hacerlo creíble. Muchas veces son antecedentes científicos verdaderos pero sacados de contexto para dar verosimilitud a una teoría conspirativa falsa, otras tantas, citan fuentes autorizadas de manera textual, inventando cosas que éstas nunca han dicho como lo que ocurrió con el Premio Nobel de Medicina 2018.

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Por lo mismo, Brossi recomienda acceder a sitios para la constatación de hechos, como AFP donde “destacan historias de noticias falsas comunes”, labor a la también se dedica la empresa 3IT con su programa Security Awareness, donde buscan concientizar a las personas sobre estos temas para instalar una cultura en torno a la seguridad de la información.

Felipe Molina, líder de esta área, indica que siempre “hay que leer las notas completas, ya que en el texto podemos encontrar inconsistencias” que nos permitan saber si estamos frente a una noticia confiable o no. A esto agrega que es necesario entender no compartir estas Fake News “nos pueden ayudar a evitar fraudes, estafas, robo de contraseñas, infecciones” entre otros delitos cibernéticos que finalmente podrían generar graves repercusiones a nivel personal para quien difunde falsa información.

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