Por Fernanda Jure

La crisis sanitaria por el COVID-19 ha obligado a millones de personas alrededor del mundo a incluir el uso de mascarillas en su vida diaria. Incluso, algunos países desarrollaron normativas especiales que obligan a sus habitantes a usarlas siempre cuando estén fuera de sus casas. Es a partir de esto que han surgido distintas alternativas para hacer su uso más ameno.

Fabricadas a partir de distintos materiales, colores, formas y hasta con diseños, hoy la ciencia y tecnología ha dado paso a las mascarillas inclusivas.

Ese es el caso de la iniciativa impulsada por la doctora Carolina Tannenbaum. La profesional israelí, de origen chileno, es investigadora del Departamento de Medicina de Emergencia de la Universidad de Ben Gurión, y ha estado toda su vida ligada al estudio de personas con discapacidad auditiva. Pero no solo eso: sus padres son sordos, por lo que ha tratado desde cerca con esta discapacidad.

Al haber crecido en ese entorno, con diez años de experiencia en el tema y con el avance del coronavirus, Tannenbaum relata que “cuando se hizo obligatorio el uso de tapabocas, me propuse buscar una solución”.

Y así lo hizo. Debido a la nueva dificultad que significaba el uso de mascarillas en la población sorda, la profesional se contactó con un grupo de estudiantes de un colegio secundario que se convirtió en su equipo de trabajo.

De esta forma, dieron origen a “Read my lips” (lee mis labios), una máscara de silicona con una transparencia, que permite la lectura de los labios. Para desarrollarla, crearon en conjunto un prototipo que desarrollaron en una impresora 3D y que luego llevaron a una fábrica especial de instrumental médico y aeronáutico.

El sistema de protección posee ventilación, permitiendo que no se empañe, es hipoalergénica, cuenta con una silicona reutilizable y lavable, que puede llegar a durar hasta cinco meses. Pese a lo llamativo del invento, la innovación liderada por la investigadora requiere de fondos para llevar a cabo una fabricación masiva: “Estamos buscando inversión de empresas grandes. No nos interesa ganar dinero con esto, sólo ayudar”.

Un obstáculo para la comunidad sorda

Según los estudios del Servicio Nacional de la Discapacidad, la cifra total de personas sordas en el país llega a casi el millón. Es por ello que para esta comunidad se hace esencial el desarrollo de estos implementos en medio de la pandemia.

Así lo relata Gustavo Vergara, presidente de la Asociación de Sordos de Chile (ASOCH): “Hemos estado pidiendo estas mascarillas desde antes. Por ejemplo, a los vendedores de cecinas y carnes en supermercados. Los sordos debemos pedir que se bajen las mascarillas para poder ver los labios y facciones de la cara. Muchas veces se niegan. Ahora con la pandemia, todo el comercio y funcionarios públicos usan mascarillas, lo que nos dificulta la comunicación”.

Comunicación que no sólo se ve afectada en lo cotidiano y en temas simples de la rutina sino también en la transmisión de información que puede llegar a ser esencial en medio de una pandemia. El lenguaje de señas ha sido por años la lengua materna de las personas con discapacidad auditiva. Con este método, tienen la posibilidad de acceder a información, situación que se ha visto dificultada con el uso de mascarillas, que no sólo impide que los sordos lean los labios del resto de la gente, sino también, que se comuniquen con su entorno.

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Paola Serrano, intérprete de lengua de señas, cree que esta modalidad, “como patrimonio cultural, tiene varias características, pero una de ellas, y la más importante, es que la lengua de señas es visual, viso-gestual, tiene movimientos. Por lo tanto, es tremendamente importante que nos lean no sólo las manos sino también los labios, además de los gestos de los intérpretes al transmitir la información”.

De esta forma es que los intérpretes han comenzado a utilizar estos elementos de protección adaptados a la discapacidad, y así lo hace Serrano, quien ha adquirido sus propias mascarillas inclusivas, compradas a una emprendedora de un sector rural de Curacaví.

La información tiene que ser lo más fidedigna, lo más clara y precisa, y hoy día con la contingencia, es bien difícil poder resguardarnos nosotros mismos y poder traspasar la información de manera correcta”, cuenta Paola.

Así, tanto la comunidad sorda como los especialistas que trabajan en el área han tenido que acudir a estas alternativas para llevar a cabo su profesión, y lo más importante: mantener a la comunidad actualizada en medio de un contexto social en constante cambio y donde la salud se encuentra en un punto crítico.

“Con la emergencia y la situación de pandemia que tenemos actualmente, es doblemente urgente para la comunidad sorda la entrega de información. De la información que podemos entregarles a través de esta mascarilla inclusiva es que depende la vida de las personas”, agrega.

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En territorio chileno

Así lo han entendido en la comuna de El Bosque. La Escuela Anne Sullivan es el primer recinto de educación especial en Latinoamérica dedicado a personas sordas. En el lugar se realizan talleres de distinta índole, abarcando desde el área psicosocial hasta la motricidad. Fue precisamente allí donde se llevó a cabo una iniciativa similar a la desarrollada en Israel.

Un proyecto que originalmente buscaba entregar mascarillas a los residentes de la comuna se transformó en uno para ayudar a la comunidad sorda.

Así, un grupo de costureras y vecinas de El Bosque fabricó 200 mascarillas con una mica protectora, que permite la lectura de labios para quienes presenten discapacidad auditiva. Los elementos de protección personal fueron entregados a los apoderados que tuviesen hijos en esta condición.

Así lo explicó el alcalde Sadi Melo, para quien estas innovaciones “demuestran que entre todos podemos solidarizar en esta crisis sanitaria. Esta iniciativa tiene un doble valor, ya que además de ser un dispositivo sanitario, permite que personas sordas puedan comunicarse en momentos donde la información es fundamental para la protección”, señaló.

Con este proyecto, la escuela cooperó con parte de la población sorda de la comuna, quienes veían en las mascarillas un arma de doble filo, que los protegía de un posible contagio, pero imposibilitaba la comunicación.

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Mediante estas iniciativas, en Chile y en otros países, profesionales de distintas especialidades se unen para solidarizar no sólo colaborando con elementos de protección para evitar la propagación del COVID-19, sino también, para hacer del confinamiento y de las restricciones impuestas por las autoridades, algo más sencillo y fácil de llevar.

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