Por Claudia Pereira
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Desesperada está la familia de una mujer de 66 años que segura haber recibido por teléfono la peor noticia que pudieron imaginar. Myriam Calisto, hospitalizada desde hace una semana en el Hospital El Pino, no puede ser conectada a un ventilador mecánico, porque no cuenta con las condiciones físicas ni de salud para resistir este tipo de terapia intensiva. 

“Mi madre es una señora postrada y tiene fuerzas todavía. Ella está lúcida y respirando con dificultad”, asegura Fernando Barrientos, hijo de Myriam. Si bien la paciente aún no requiere este tipo de tratamiento, y esta recibiendo los cuidados necesarios, su complicada condición física haría poco probable que pudiera resistir un procedimiento tan invasivo.

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“Mientras peor es la condición funcional del paciente, independiente de su edad, es peor el pronóstico y menor probabilidad tiene de que sobreviva a una hospitalización en la la UCI”, explica la doctora Priscilla Valdebenito, jefe técnico UTI Adulto de la Clínica Universidad de los Andes.

“Las enfermedades crónicas cerebrovasculares que originan postración, o un gran consumo del metabolismo, con el paso del tiempo los vuelve muy frágiles para soportar una terapia extraordinaria”, detalla el doctor Julio Matute, jefe de urgencia del Hospital Barros Luco.

El Estado de los servicios de Salud

Según el último informe del Ministerio de Salud, la ocupación de camas criticas corresponde a un 96% en la Región Metropolitana. En estos momentos, 1.325 personas están conectadas un ventilador mecánico y 364 de éstas se mantienen en un estado crítico de salud. “El día de hoy contamos con 313 ventiladores disponibles repartidos a lo largo de todo el país”, señaló Arturo Zúñiga subsecretario de Redes Asistenciales.

La autoridad mencionó, además, que se han realizado importantes aumentos durante los últimos días con respecto a la capacidad hospitalaria. “Hemos entregado 300 ventiladores mecánicos, 400 equipos de oxigenación de alto flujo y además de cascos CPAP. Todo esto lo hemos convenido como equipos de avanzada para poder entregar tratamientos de oxigenoterapia y están disponibles en establecimientos públicos y privados”, añadió Zuñiga durante el informe diario.

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Importante esfuerzo para contar con la tecnología necesaria para lograr mantener a las personas con vida. Sin embargo, hay que entender que pese a ser un tratamiento invasivo y necesario, inevitablemente surgen otras complicaciones.

Daños colaterales

Según datos de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva, al egresar de una unidad de paciente crítico, el 18% de las personas sale con una insuficiencia renal aguda y el 6,6% de rabdomiólisis, patología que también afecta a los riñones.

En tanto que el 37,7% de los pacientes con COVID-19 que son internados en una unidad de cuidados críticos egresan sin haber tenido ningún tipo de falla orgánica.

Las personas que tienen mayor riesgo son aquellas personas que tienen patologías crónicas, como por ejemplo una patología pulmonar previa, los asmáticos, los pacientes con enfisema pulmonar, así como también quienes tengan patologías crónicas no controladas, como los pacientes diabéticos, hipertensos”, señala el doctor Julio Matute, jefe de urgencia del Hospital Barros Luco.

El profesional agrega que existen daños propios de la ventilación mecánica, los que tienen que ver principalmente con los grados de presión y volumen que utilizan. Además, las enfermedades infecciosas producto de un soporte de larga duración, la sedación y el bloqueo neuromuscular, pueden originar gran debilidad en el paciente. Muchas veces los pacientes despiertan y deben aprender a caminar otra vez.

Difícil decisión

Y aunque muchos profesionales no quisieran llegar al momento de intubar, por los riesgos que conlleva, saben que es la única solución para que el paciente siga luchando por su vida. De todas maneras hay aspectos éticos que se toman en consideración.

“Los médicos debemos conocer los antecedentes el paciente para poder evaluar el real beneficio de algunas intervenciones, como la ventilación mecánica o la intubación. Esto, debido a que sabemos que en algunas ocasiones puede ser más dañino que beneficioso“, argumenta Ofelia Leiva, médico internista del equipo de medicina paliativa de la Universidad Católica.

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La profesional agrega que puede ser beneficioso en pacientes que, aunque sean mayores, pueden tener una buena funcionalidad y sus enfermedades sean leves. Por contrario dice que en pacientes postradas o muy enflaquecidas es posible que entubar no sea la mejor opción.

“Muchas veces te preguntas si es éticamente correcto prolongar una agonía, porque la probabilidad de que esa persona se beneficie y sobreviva es baja. La medicina no es una ciencia exacta, existen modelos de predicción, pero no te permiten saber si el paciente que tienes al frente va a ser la regla o la excepción”, sostiene la doctora Priscila Valdebenito.

La profesional explica que intubar a alguien y hacerlo pasar por la UCI significa recibir medicamentos, sondas, punciones. Eso además del dolor y el sufrimiento de separarlo de su familia.

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