Por Javier Espinoza
{"multiple":false,"video":{"key":"czoDtL2FZYJ","duration":"00:04:08","type":"video","download":""}}
VIDEO RELACIONADO –  El drama de la espera: ¿Soy COVID-19 positivo? (04:08)

Los últimos días de marzo cambiaron totalmente la vida de la familia Gálvez Fernández. Fue en ese período en el que creen que Mario Gálvez, el padre de 60 años, se contagió de COVID-19.

“Para nosotros se nos vino abajo todo. Mi papá estuvo cerca de 50 días hospitalizado en la Clínica Dávila. 30 de ellos en la UCI, conectado a ventilación mecánica”, detalla su hijo, Sebastián. 

Hoy, ellos buscan dejar todo atrás y avanzar tras sufrir un contagio crítico del nuevo coronavirus. Dicen que no es fácil. Sus intenciones avanzan más rápido que el cuerpo de Mario Gálvez.

“Mi papá tuvo muchas dificultades con el delirium, que es cuando los pacientes se agitan mucho por los sedantes aplicados al momento de intubarlo. Al disminuirle los medicamentos se agitaba. (Debido a) La falta de masa muscular no tuvo la fuerza, además, para retirarle la incubación. Tuvieron que volver a realizarlo con una traqueotomía”, explica Sebastián.

Lee también: Enfermeras en primera línea: Las heroínas de la salud que combaten la pandemia pese al temor de contagiar a sus familias

Y es esta reducción de la masa muscular en la caja torácica de su padre lo que ha sido uno de los principales problemas que enfrentan hasta hoy estando ya en casa y en rehabilitación. “Intentamos que se alimente bien. La rehabilitación motriz la estamos viendo con tareas que le dieron al momento del alta”, detalló Sebastián Gálvez.

El fisiatra nos entregará un programa de ejercicios de respiración, musculares y de desarrollo cognitivo. Hemos visto que mi papá comienza a normalizarse, caminando un poco mejor y trabajando el lado cognitivo”, concluyó. Esto, debido a que, por el tratamiento farmacológico con sedantes, hasta hoy se generan confusiones entre los recuerdos, sueños e imágenes.

Mario Gálvez es parte de quienes han sobrevivido a un muy complejo contagio de COVID-19. Como él, otros pacientes han estado muy graves, pero aún así, han resistido al virus, aunque no gratuitamente. “La principal secuela que presenta un paciente que ha sobrevivido a un cuadro grave de COVID-19 es la secuela funcional. O sea, al salir de su cuadro más intenso, ya no puede valerse por sí mismo para realizar sus funciones básicas”, asegura Smiljian Astudillo, fisiatra jefe del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación de la Clínica Dávila.

Según el doctor Astudillo, esto significa que una persona que haya enfrentado un crítico cuadro de coronavirus, puede volverse dependiente de terceros, entre otras razones, debido a una fuerte pérdida de la masa muscular que se produce en pacientes críticos. “Esto por la cantidad de días que se debe estar hospitalizado y en ventilación mecánica. Eso hace que los músculos se vayan atrofiando y con éstos, también el diafragma”, añade. 

Las secuelas de quienes pasaron por la Unidad de Paciente Crítico (UPC) están claramente definidas. Muchas veces son conocidas por un grupo limitado de personas que han transitado por esa dramática situación, pero hoy son muchos más los que han estado en un muy delicado estado de salud.

Lee también: Dos nuevos recintos se incorporan a red asistencial para atender pacientes con coronavirus

“El escenario del pacientes tras recibir el alta de la UPC es el de un paciente en situación de discapacidad eventualmente transitoria, pero que puede perdurar varios años y que afecta a varias esferas, incluyendo un fuerte componente familiar”, sostiene la doctora Carolina Rivera, presidenta de la Sociedad de Medicina Física y Rehabilitación. 

“Los sobrevivientes a una enfermedad crítica con manejo en UPC tienen mayor riesgo de institucionalización, mayor gasto médico, más re- hospitalizaciones y mayor mortalidad, hasta 5 años posterior al alta. De acuerdo con una reciente revisión sistemática de 2019, sólo el 30% retorna al trabajo a los 3 meses, mientras que el 60% lo ha hecho a los 12 meses lo que impacta en la economía personal y global”, agrega la doctora Carolina Rivera.

Diversas investigaciones internacionales, dan cuenta también de secuelas neurológicas y de movilidad. Hay personas que han perdido, temporalmente, la capacidad de realizar acciones con sus extremidades. Todo, debido también a la larga permanencia en la UCI, bajo la invasiva aplicación de ventilación mecánica y constante tratamiento con fármacos.

La otra secuela

El COVID-19 va más allá y deja otra secuela difícil de superar: la emocional, la que golpea a la salud mental del paciente, pero también de su familia.

Lee también: Nuevo plan de salud mental y canastas de alimentos: Pdte. Piñera anuncia nuevas medidas para enfrentar el COVID-19

“No podíamos ir a verlo, por la extrema seguridad de la UCI, pero también porque como entorno cercano de mi papá, quedamos en cuarentena. Algunos de nosotros nos contagiamos también y otros tuvimos todos los síntomas, a pesar de que nuestro PCR resultara negativo. Lo más importante, son las redes de apoyo, aunque sea a distancia. El apoyo psicológico es clave”, agrega finalmente Sebastián Gálvez, mientras su padre descansa, buscando recuperar la energía que el COVID-19 le quitó.

Tags:

Deja tu comentario