Por Pedro Azocar
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“No puedes combatir el fuego con los ojos vendados y no podemos detener esta pandemia si no sabemos a quién está infectando”.

Estas palabras son del director de la OMS (Organización Mundial de la Salud), Tedros Adhanom Ghebreyesus: “tenemos un mensaje simple para todos los países: prueba, prueba, prueba. Prueba todos los casos sospechosos”,

El doctor Adhanom habla desde la experiencia. Es el primer africano en dirigir la OMS y, como tal, jugó un rol fundamental en la lucha contra el paludismo y la propagación del VIH en ese continente. Lo asesora el doctor Peter Salama, director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, quién dirigió la respuesta mundial contra el ébola desde la Unicef.

Ambos profesionales están hoy al frente del organismo a cargo de orientar la respuesta que el mundo está dando a esta pandemia. “El aislamiento y el rastreo de contactos es la columna vertebral de la respuesta y, para hacer eso, probar y aislar”, dice Adhanom que es la fórmula.

La experiencia así lo indica. Basta ver lo que han hecho los países que están ganando la batalla contra el COVID-19. Mientras el epicentro de la enfermedad se desplaza desde Asia hasta Europa, Estados Unidos y América Latina, los países afectados por los primeros brotes del virus están logrando contener su avance.

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La isla de Taiwán, ubicada a 130 kilómetros de la costa de China continental, implementó una efectiva estrategia para frenar la expansión del virus en su territorio. De los 23 millones de ciudadanos que habitan la isla, 1,2 millones vive o trabaja en China, lo que lo convertía en un país de altísimo riesgo ante la pandemia. Se esperaba que su territorio fuera el segundo más afectado por la pandemia detrás de China, pero eso no ocurrió.

¿Qué explica entonces que en Taiwán se haya registrado sólo un centenar de casos positivos de COVID-19 a la fecha?

El 21 de enero de este año se detectó el primer caso de coronavirus en Taiwán, 42 días antes que en la ciudad de Talca saltara la alarma luego que el primer paciente chileno diera positivo. Ocho semanas después de diagnosticado el primer caso en el país asiático, el 14 de marzo, se contabilizaban 53 contagios, mientras, que en Chile en dos semanas casi septuplicamos esa cifra, con 342 infectados.

Hoy Taiwán está conteniendo el segundo brote del virus. Se han reportado 23 casos nuevos en las últimas horas, pero, a pesar de ello, no supera los 100 desde que partió la epidemia y la mayoría de los nuevos casos (21) son importados del extranjero, es decir, personas que ingresaron contagiadas al país. Desde la aparición del COVID-19 en la isla, una sola persona ha muerto a causa de la enfermedad.

Aprender de la experiencia

En 2004, al año siguiente de sufrir los efectos del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), también causado por un coronavirus, el gobierno de Taiwán creo el Centro Nacional de Comando de Salud (NHCC, por sus siglas en inglés) que “se ocupa de las emergencias de salud pública y proporciona información sobre desastres para quienes toman las decisiones”, explican en su página web.

“Es un sistema de comando central unificado que incluye el Centro de Comando de Epidemia Central, el Centro de Comando de Desastres de Patógenos Biológicos, el Centro de Comando Contra el Bioterrorismo y el Centro Central de Operaciones de Emergencia Médica. Este marco conjunto sirve como una plataforma integral para prevenir grandes epidemias”, agrega el texto en el sitio.

Es esta institucionalidad la que se puso en marcha ante la amenaza de este nuevo virus. Los taiwaneses aprendieron de la experiencia con el SARS y actuaron de inmediato ante el ataque del COVID-19.

Un informe realizado por el Journal of American Medical Association (JAMA) destaca que cuando el 31 de diciembre de 2019 la OMS fue notificada oficialmente por China de la aparición de este coronavirus de nueva generación, Taiwán puso en marcha sus planes preventivos.

“Los funcionarios taiwaneses comenzaron a abordar aviones y evaluar a los pasajeros en vuelos directos desde Wuhan para detectar síntomas de fiebre y neumonía antes de que los pasajeros pudieran desembarcar”, dice el documento.

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Todos los casos sospechosos fueron inmediatamente aislados en cuarentena, esto ocurrió tres semanas antes de que se diagnosticada el primer caso en el país.

El informe detalla que el 20 de enero se activó oficialmente el Centro de Comando de Epidemia Central (CECC) para la neumonía infecciosa grave especial, bajo el mando del Centro Nacional de Comando de Salud (NHCC), con el ministro del ramo, Chen Shih-chung, como el responsable designado. Esto permitió coordinar a todo el aparato público, por lo que el día 21, cuando el primer paciente dio positivo, los taiwaneses ya estaban preparados.

En el corto plazo, suspendieron los vuelos a China y todo sospechoso fue testeado. Los que resultaron positivos quedaron en cuarentena y se les entregó un dispositivo para conocer su ubicación en tiempo real y detectar si estaban quebrantando el aislamiento.

Es así como entre el “20 de enero al 24 de febrero, el CECC ha producido e implementado rápidamente una lista de al menos 124 medidas de acción (…) que incluyen el control de fronteras desde el aire y el mar, la identificación de casos (utilizando nuevos datos y tecnología), cuarentena de casos sospechosos, búsqueda proactiva de casos, asignación de recursos (…), tranquilidad y educación del público mientras se lucha contra la información errónea, negociación con otros países y regiones, formulación de políticas hacia escuelas y guarderías, y ayuda a empresas”, explica JAMA.

Seguir el ejemplo de Taiwán

El 27 de enero, el gobierno de Taiwán cruzó los datos del seguro de salud de los pacientes y potenciales infectados con los antecedentes de inmigración (viajes al exterior en los últimos 14 días) y sus respectivas tarjetas de identificación.

Esta información la integró al sistema de registro domiciliario de los ciudadanos. De este modo, y en un sólo un día, lograron rastrear a las personas de riesgo según su historial de viajes y a quienes eran parte de su entorno inmediato, lo que les permitió tomar medidas preventivas.

Complementaron esta información con entrevistas a los contagiados y revisaron las cámaras de seguridad y sus registros de transporte local para dar con enfermos potenciales los que fueron testeados. La acción rápida para la detección y el aislamiento de los casos fue un factor decisivo.

Para la OMS, en el inicio de la pandemia era fundamental realizar pruebas médicas a los potenciales contagiados para poder mapear con certeza la expansión del virus. Saber “a quiénes está infectando”, en palabras del director del organismo, Tedros Adhanom, quien calificó el testeo como “la columna vertebral para detener la propagación” de la enfermedad.

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La política de solo examinar a los pacientes que ya tienen síntomas va en contra de esa lógica preventiva, pues, como se sabe, hay enfermos que portan el virus, pero no presentan sintomatología evidente, lo que los vuelve focos de contagio en la medida en que no estén aislados.

La estrategia de Taiwán es observada por epidemiólogos de todo el mundo no sólo porque parece ser efectiva, sino porque combina tácticas complementarias para enfrentar la epidemia. A la rápida reacción de sus sistemas de emergencia, sumaron una eficiente y focalizada realización de pruebas, campañas de educación, información e higiene y un controlado aislamiento de los contagiados y detección de sospechosos.

Estas medidas oportunas han permitido a los taiwaneses obviar, hasta el momento al menos, el distanciamiento social obligatorio que parece ser la única fórmula que le queda al resto del mundo.

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