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La inmigración ha sido un tema a nivel planetario durante el último tiempo y el Mundial de Rusia no fue la excepción.

En la conformación de varios de los planteles participantes hubo jugadores con ascendencia distinta al país que representan. Un claro ejemplo, aunque no el único, fue el seleccionado francés con nombres como Mbappé (padre camerunés y madre argelina), Griezmann (padre de origen alemán y su madre es nieta de portugueses), Matuidi (su familia proviene de Angola), Pogba o Umtiti. N’Golo Kanté es de origen maliense y tuvo que vivir con solo siete años de recoger basura por la calle con su padre.

Un fenómeno no muy distinto a los orígenes o ancestros de varios jugadores galos campeones en su tierra el año 1998 como el mismo Zidane, pero que esta vez es un fenómeno global.

Otros casos alcanzan a Inglaterra, Bélgica y Alemania. Y nuestro país no está exento de este fenómeno, aunque con otra salvedad, ya que si bien se sienten chilenos y representan a nuestro país, hoy son compatriotas luego de haber obtenido la nacionalidad por gracia Arley Méndez y Yasmani Acosta y la voleibolista nacionalizada -con origen brasileño- Fabiane Boogaerdt

Algo que el presidente del Comté Olimpico de Chile, Neven Ilic, valora profundamente. “Todo lo que sea aporte a las nuevas generaciones y ser un símbolo en sus deportes es positivo”.

Por su parte el presidente de la Asociación de Inmigrantes Latinoamericanos, Fernando Echeverría, sostuvo que “queremos construir un Chile que nos de oportunidades, con un buen futuro. Un país que queremos todos”.

“Si la tendencia sigue en marcha, naturalmente tendremos chilenos cuyos padres no lo son y eso enriquece la cultura”, afirma el experto en relaciones internaciones Guido Larson.

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