Por María Fernanda Gándara

Dele, dele cotelé, que este mambo es pa’ los flaites, así parte este exitoso mambo que hizo bailar a todas las poblaciones chilenas. La letra de la canción y en sus primeros cinco segundos te sitúa en medio de cualquier barrio bravo.

Este género además de lo bailable, sus letras tienen algo, que desde mi punto de vista es muy valorable. El talento de desnudar la calle, dar voz a esas vivencias crudas e inspirar resiliencia.

Para conocer más de cómo se cocinan estos hits o como dicen ellos «los palos”, nos fuimos hasta La Pintana, buscamos a Yohancito (https://www.instagram.com/yohancito_oficial_agr/), uno de los protagonistas de Dale Cotelé y artista emergente de mambo. Nos mostró su colegio, su población y se sinceró con nosotros de cómo la música ha sido su salvavidas.


Cuando escuché mambo por primera vez en un carrete, pensé qué es esto y porqué no lo he escuchado antes. Fue flechazo de una. No podía creer que existiera un género chileno tan cercano al merengue y a la vez tan real, transparente, auténtico.

El mambo con orgullo saca a la luz lo que Chile busca tapar con un dedo, de lo que se avergüenza y margina. El país de las casas pareadas, el de los zapatos colgados en los cables, el de los rotos, los flaites y olvidados de las poblaciones.

Asimismo, Standly (https://www.instagram.com/_.standly._/), también artista urbano de una población brígida de San Felipe llegó a Cerrillos para contarnos cómo es cantar desde la calle y sus dificultades.

Cuando le preguntamos por qué hacía música me sorprendió su respuesta: “quiero traspasar lo que yo he vivido pa’ la gente que lo necesita, pa’ los jóvenes, pa’ los niños, para que no estén metidos en la calle, no anden consumiendo drogas y no se vayan por el mal camino. Porque al final todo se puede, yo mismo partí de pato feo”.

Cantan lo que ven en sus barrios, eso que quieren y nunca han tenido. Todo con su propio lenguaje, sus símbolos, códigos, estilo y de manera orgullosa de ser lo que son, flaites.

Y no se puede negar ni aislar de ese contexto duro. De la adultez apresurada, amigos y familiares caídos de manera casi cotidiana, necesidades económicas, madres y padres ausentes por trabajos explotadores, violencia, etc. Son resilientes y día a día luchan por cumplir sus sueños.

¿Quieres saber más? Entonces, no te pierdas nuestro quinto capítulo:

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