Cuando pienso en el embarazo y en el proceso de traer un bebé al mundo, me lo imagino como un momento mágico. El poder conectar con tu guagua, sentir su olor, sus manitos, tal cual una película de comedia romántica con final feliz; pero al escuchar las historias de mujeres cercanas, me doy cuenta de que esa imagen idealizada del parto no es para todas las mujeres una realidad y, de hecho, puede convertirse en toda una historia de miedo.

Mi abuela, mis amigas, mis tías, mis primas y muchas conocidas, han pasado por procesos de violencia obstétrica y sin siquiera saberlo. Hace un par de años le pregunté a mi abuela cómo había sido su parto, lo que me relató fue horrible, distintas mujeres saltando sobre su vientre, tactos abusivos, médicos que se burlaban de su dolor, frases absurdas y violentas, ni hablar de la compañía de su esposo, pues no lo permitieron. Si bien esto sucedió hace años, la situación no ha cambiado lo suficiente.

Pues, así como ese testimonio hay millones y hasta peores. Mujeres que perdieron sus hijos, mujeres que murieron en el proceso y mujeres que por negligencia se quedaron sin útero.

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Otra realidad son los malos tratos o humillaciones que sufren las mujeres antes, durante y después de parir, Gabriela tuvo su bebé hace cinco meses en el Hospital El Pino y señala que debía rogar por la atención: “Estoy pidiendo un vaso de agua, o sea algo mínimo, no estoy pidiendo que me traiga una Coca Cola. Tengo sed; me quiero levantar al baño y no puedo, ¿me puedes asistir? Yo creo que eso es lo mínimo que una persona (…) puede obtener”.

Y, precisamente para evitar procedimientos violentos, ahora se suele hablar y exigir un parto respetado o humanizado. Una experiencia agradable y memorable para la persona gestante.

Así al menos lo vivió la ex chica reality, Kathy Contreras, pues ella llevó su parto con la cantidad de anestesias que deseaba, en la posición que consideró más conveniente, en todo momento fue consultada y asesorada para tomar buenas decisiones, además se respetó la tan importante hora de apego con la recién nacida.

Por eso, ahora las mujeres buscan acompañarse de conocedoras de medicina ancestral, como lo son las doulas o lawentuchefe, (médicas mapuches enfocadas en el parto y fertilidad), quienes buscan cambiar el concepto de parir como una enfermedad, entender que es un acto sexual y natural.

El parir es el único acto en el que se ingresa a un hospital o clínica sin estar enferma, puede ser una experiencia amable que se apoye en técnicas alternativas como la aromaterapia, yoga, meditación, entre otras.

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Que sean las embarazadas las que puedan decidir si parir en casa, en una tina con agua caliente, en una camilla, con el acompañante que elijan, con o sin medicamentos y que se les entregue información segura y verídica para que tomen las mejores decisiones.

Pues las personas gestantes tienen derecho a vivir un parto o cesárea respetada, sin importar su condición económica, educacional o etaria, todas merecen traer niños y niñas al mundo con amor y respeto.

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