Por Paz Arancibia
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«Me dieron la noticia y bajé saltando y llorando con mi mamá. Fue algo súper loco, porque después esto empezó a exponerme un poco más y me costó hablar con otras personas», relata Antonia Belén Contreras Castro (17), estudiante del Colegio Villa Nonguén, un establecimiento ubicado en Concepción.

Pero ¿qué noticia recibió? Antonia, quien reconoce ser muy tímida, fue seleccionada entre los 50 mejores estudiantes del mundo en el Global Student Prize 2021, que por primera vez premiará a un alumno.

La joven es la única chilena que quedó entre los top 50 y no por nada. A su corta edad, ha logrado crear proyectos sostenibles para contribuir a la protección del medio ambiente.

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«Nos hacen mejorar cada día»

«De chica me inculcaron el cuidado del medio ambiente, con cosas pequeñas, pero que marcan una diferencia, como no botar basura en el lugar donde no corresponde, o no malgastar el agua», cuenta Antonia a CHV Noticias.

Por eso, atribuye su éxito y reconocimiento a su familia, que de pequeña le enseñó todo lo que sabe para proteger su entorno.

La joven admite que fue en el colegio donde perfeccionó sus habilidades y desarrolló sus capacidades. «Cuando entré a la enseñanza media, me di cuenta que podía crear algo que podría ser beneficioso», manifiesta.

Junto a sus compañeros de curso, Antonia es parte de la primera generación del colegio Villa Nonguén en aprender un nuevo plan de estudios escolar, que incorpora el espíritu emprendedor, la programación, la innovación y la creación de proyectos sostenibles.

«El colegio busca desarrollar la innovación y el emprendimiento en nosotros y toda la comunidad busca que nos transformemos en agentes de cambio. El apoyo va desde los papás a los profesores y el director, que nos hacen mejorar cada día», indica.

Antonia en el centro

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Creó un abono inteligente y una app

Al aprender a liderar proyectos y tener las herramientas para hacerlo, Antonia fue capaz de crear ideas sostenibles y contribuir a la protección del medio ambiente.

Uno de sus mayores logros es el contenedor de abono inteligente llamado «Compost Fast» (abono inteligente), una comportera que trabaja con energía solar para acelerar el proceso de compostaje y disminuir la cantidad de desechos orgánicos de las zonas rurales y urbanas. Aunque se trata de un proyecto innovador, dice que no se pudo sacar a flote debido a la falta de fondos.

Otra de las iniciativas que la joven estudiante impulsó es la aplicación llamada Stay Gold, que buscar otorgar servicios de ayuda psicológica a los adolescentes de la comunidad que sufren ansiedad y estrés.

«El año pasado participamos en un podcast y ahí se creó. La idea era pensar un problema y con mi equipo quisimos pensar en algo que también nos afecta a nosotros. Entonces, detectamos el problema de la ansiedad en los adolescentes y quisimos hacer una aplicación que ayudara a quienes no puedan costearse una consulta de tipo psicológica», declara.

«Estamos todavía desarrollándola. La aplicación se instala, hay que registrarse y rellenar un formulario que se envía a un especialista que lo revisa», explica Antonia.

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Hace poco tiempo también fue integrada al proyecto del Tótem Verde, un generador de energía en base a hidrógeno obtenido del agua del ambiente.

«Es un sistema sustentable y programado que genera energía eléctrica y limpia, además de agua semi potable para la comunidad en caso de emergencia. Tiene un prototipo 90% funcional», detalla la joven.

Dicha iniciativa la llevó a ser seleccionada, junto a sus compañeras  Trinidad Horment y Sofía Parra, para representar a Chile en Concausa 2030 Latinoamérica, en su versión 2021; instancia organizada por la Cepal, Unicef y América Solidaria.

Antonia, quien quiere estudiar biología marina en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, afirma que su motivación es ser un aporte en su comunidad. «Quiero hacer un cambio, marcar la diferencia, porque Nonguén es conocido por sus bosques nativos, entonces me gustaría que se den cuenta de lo importante que es», sostiene.

De hecho, si gana el Global Student Prize, le gustaría educar y concientizar a sus vecinos y vecinas en la conservación del medio ambiente, además de destinar fondos para la aplicación Stay Gold.

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«Nobel de la educación»

Esta es la primera edición del Global Student Prize, que otorga 50 mil dólares al ganador, elegido, de acuerdo al sitio web, por sus características excepcionales.

Según señalan, la idea de Fundación Varkey, en alianza con UNESCO, es «destacar los esfuerzos de estudiantes extraordinarios de todo el mundo que están teniendo un impacto real en el aprendizaje, en la vida de sus compañeros y en la sociedad en general».

De entre todos quienes postularon, el Global Student Prize se redujo a una lista de 50 finalistas, entre los cuales se anunciará el top 10. Mientras, el estudiante ganador será informado a fines de noviembre.

Pero aunque es la primera vez que premiarán a un estudiante, su hermano mayor, el Global Teacher Prize vivirá su séptima edición este año.

Conocido como el «Nobel de la educación», el reconocimiento busca valorizar el trabajo de los docentes, entregando un millón de dólares a un profesor que haya realizado una contribución sobresaliente a lo largo del desarrollo de su profesión.

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Cristóbal Rojas

Tal es el caso de Cristóbal Rojas Basso (35), el único profesor chileno seleccionado entre los 50 mejores docentes del mundo en el Global Teacher Prize 2021. Compitió contra más de ocho mil candidatos de 121 países y en noviembre podría convertirse en el mejor profesor del mundo.

El docente fue ampliamente reconocido al recibir el premio Global Teacher Prize Chile 2020, que organiza EligeEducar, en la categoría Mejor Profesor de Música, incorporada por primera vez el año pasado.

Estudió pedagogía en artes musicales en la Universidad Mayor y se título en 2009. Ya en 2010 estaba trabajando, pero no fue hasta 2015 que descubrió lo que en verdad lo apasiona.

Desde ese año, es el profesor de música del Colegio Santa Lucía, ubicado en la comuna de La Cisterna, donde dirige la Orquesta «Sonidos de Luz», formada por estudiantes ciegos o de baja visión.

«La educación musical la tengo desde súper chico. En mi entorno todos tocan un poco. Mi abuela tocaba el piano y era ciega», cuenta a CHV Noticias, agregando que como su padre era profesor de Historia, «lo vi como se desempeñaba y siempre me inspiró en ese sentido».

«Entonces, junté ambas cosas, toda la educación musical con la educación pedagógica. Siempre tuve la vocación de enseñar lo que sabía», confiesa, admitiendo que aunque dirigir una orquesta es tradicionalmente un gesto muy visual, se las ha ingeniado para llevar a cabo su labor.

«Dirijo con el bajo y con un pandero que me pongo en el pie, que me sirve para dar el pulso. Todos los métodos de dirección de orquesta son con gestos visuales, entonces yo con el pandero y con ciertas señas que doy con el bajo, hemos formado un lenguaje con los integrantes de la orquesta», asegura.

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Ser músico: Un camino viable

«Sonidos de Luz» se compone actualmente de 10 integrantes. Los más pequeños tienen entre 12 y 13 años, mientras que también hay ex alumnos que tienen alrededor de 25.

«La gran mayoría de los chiquillos están súper motivados. Han visto que se han abierto las puertas y que están por un camino que es viable: ser músico, ser artista», dice Cristóbal, quien admira las capacidades que tienen sus alumnos.

«Para lograr interpretar un instrumento hay distintos factores y memorias, por ejemplo, la memoria visual, ya que cuando uno está aprendiendo, uno mira lo que el otro hace, pero también está la memoria auditiva, que es sumamente importante en la música y en este caso, los chiquillos tienen una habilidad más desarrollada», describe.

Asimismo, explica que «los chiquillos se destacan y tienen un tacto súper fino para la memoria muscular, que tiene que ver con los movimientos».

«También hay todo una cosa que tiene que ver con lo emocional en la música, que tiene que ver con lo espiritual y la expresividad y en ese sentido, también ellos tienen un plus. Entonces, en el fondo lo que yo he hecho para trabajar con ellos es enfocarme en potenciar esas habilidades», asevera.

Por otro lado, afirma que junto a la Fundación Luz, lo que busca es que sus estudiantes trabajen en su autonomía, con el fin de que «sean capaces de desenvolverse en caso de que quieran trabajar como músicos y ser lo más profesionales posible».

«Sonidos de Luz» se ha presentado en escenarios de todo Chile y en 2019 incluso lanzó su álbum debut, Música para tus ojos. Los logros del profesor Cristóbal se deben en gran parte al poder de sus estudiantes, que han descubierto una forma de ver a través de la música.

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