Por Carola Garrido
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Mediante la intervención de dos ríos, donde serían instaladas enormes tuberías, Inversiones Huife Ltda. se fijó un propósito: generar 6,9 megawatts de energía, que sería entregada a la red de distribución local. Con una inversión de 23 millones de dólares, la empresa planeaba construir la Pequeña Central Hidroeléctrica Llancalil, una obra que implicaba la remoción de 340.000 m3 de tierra, 38.000 m3 de suelo vegetal y 21 hectáreas de bosque nativo de roble, raulí y coigüe.

Ese era proyecto que se emplazaría a 23 kilómetros de Pucón. El 11 de julio de 2019 fue aprobado por la Comisión de Evaluación Ambiental de la Araucanía, por 10 votos contra uno. Sin embargo, casi un año después, la construcción aún no se concreta. El director ejecutivo de la misma entidad que calificó favorablemente la iniciativa ahora dejó sin efecto la autorización para construir la central.

La determinación se basó en que la empresa no pudo descartar la generación de impactos significativos a las personas que habitan el territorio, a la fauna y a la actividad turística de la zona. Tampoco habría acreditado el cumplimiento normativo en materia de ruido y vibraciones.

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“Consideramos que esta es una resolución muy importante, ya que el Servicio de Evaluación Ambiental reconoció que se produjo un error y -sin que tuviésemos que recurrir a tribunales- dictó la orden de retrotraer el proceso para que se incorporen los elementos necesarios para la evaluación”, señala el abogado de la ONG Fima, Antonio Madrid.

Según explica el profesional, en octubre del año pasado se presentaron 11 reclamaciones, entre ellas la disponibilidad y calidad del agua de los ríos Llancalil y Liucura, la tala del bosque nativo, la afectación de la fauna y del medio humano. En ese sentido, nunca quedó claramente definido cómo los trabajos impactarían a los vecinos del sector, especialmente a las comunidades indígenas.

“Dada la magnitud del proyecto, debiese haber ingresado con un instrumento de evaluación distinto, que es el estudio de impacto ambiental. Esa es una herramienta más exigente en cuanto a las medidas que se tomarán para mitigar de los efectos que tendrá la construcción”, dice el abogado Madrid.

Rechazo de los vecinos

En el sector donde se instalaría la central viven decenas de familias. Además, existen tres comunidades indígenas que en total agrupan a unas 150 personas. Nadie está de acuerdo con la idea.

Por nada del mundo vamos a dejar que entre la hidroeléctrica. Eso está claro. No vamos a permitir que intervengan nuestros ríos y el bosque nativo. Ellos lo quieren destruir. Vamos a dar la vida porque esto no se haga. Todos los vecinos pensamos igual”, dice Guillermina Insunza, presidenta de la junta de vecinos N°10 de Huife.

La dirigenta cuenta que las tuberías que se instalarían son de 1,80 metros de diámetro y cinco kilómetros de largo. La realización de esos trabajos -dice- inundaría el campo de varias familias y dejaría a otras sin la posibilidad de ingresar a ellos. Por eso, está conforme con la prohibición de construcción.

“Se está rechazando el proyecto, pero no debemos quedarnos dormidos. Yo soy adulta mayor. Nací y crecí aquí. No voy a dejar que me pasen a llevar“, dice Guillermina.

Asegura que el territorio les pertenece. Lo mismo piensan en las organizaciones que los apoyan.  “La misma resolución de la dirección ejecutiva le deja claro a la dirección regional que hubo una falla de los organismos competentes y especializados, que no repararon en las observaciones realizadas por los vecinos del sector. Aquí hubo participación ciudadana, pero sus comentarios no fueron tomados en cuenta“, señala Rubén Sánchez, miembro del directorio de Observatorio Ciudadano.

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Turismo en riesgo

La construcción de la Central Hidroeléctrica Llancalil también preocupa a las autoridades de Pucón. El turismo es una actividad de gran importancia para la zona y el proyecto -dicen- podría dañar los recursos naturales que tanto aprecian los visitantes.

“La tala de árboles y las tronaduras generarían una transformación que para el turismo no es amigable de ninguna manera. La oferta termal, por ejemplo, se vería ampliamente perjudicada. Además, los vecinos del sector -que toda la vida han disfrutado de la belleza de los paisajes de Huife- por ningún motivo quieren que se modifique”, asegura el alcalde de Pucón, Carlos Barra.

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Al edil también le inquieta que el Servicio de Evaluación Ambiental sólo acogiera parcialmente las alegaciones presentadas, sobre todo considerando que la empresa presentó un informe antropológico desactualizado, ya que fue elaborado en 2014.

¿Qué pasará ahora con el proyecto? “Estamos está analizando la resolución y evaluando los pasos a seguir“, señaló el abogado de Inversiones Huife Ltda., Fernando Molina.

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