Por Julio Sánchez
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Esquina de General Velásquez con Alameda. Corazón de la comuna de Estación Central. Fila en un banco. Fila en un supermercado. Fila en una panadería. Mucha gente pasa, se cruza, se saluda. Todos con mascarillas, pero aglutinados.

“La inmensa mayoría de las personas que está acá, está con sus respectivos permisos para hacer actividades bancarias y algunas personas que están haciendo fila para el supermercado”, explica el mayor de Carabineros, José Vielma, de la 21° comisaría de Estación Central.

Lo anterior, el oficial lo dice en el contexto de una fiscalización. Ni el 5% eran infractores. Casi todos tienen la autorización, lo que no significa que dicha aglomeración sea lo adecuado en tiempos de pandemia. Aunque en ese escenario, la autoridad policial poco puede hacer.

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Así se vive la cuarentena en gran parte de la Región Metropolitana. Mucha movilidad, con o sin restricción, con o sin lluvia. La calle siempre será un foco de contagio. Y allí es donde está puesta la atención de la restricción. Sin embargo, hay otros lugares que preocupan: los edificios, donde la movilidad es durante todo el día, ya sea por pasillos, ascensores, espacios comunes. Una mini ciudad dentro de la ciudad, y cuyo libre tránsito interno, no se puede impedir. Claro, la cuarentena es del edificio para fuera.

Volver a empezar

Luz Rodríguez tiene 31 años, tres de los cuales los reside en Chile. Es de Venezuela, y vive en Santiago Centro, en un edificio de 22 pisos, con más de 300 departamentos. Hasta el año pasado e inicio de este, todo iba bien, hasta que llegó la pandemia.

“Estaba en una empresa como asistente administrativo y financiero, pero me encuentro actualmente con suspensión de contrato”, cuenta. Sin ingresos, optó por reinventarse. “Ha sido un poco difícil, ya que al principio producto de la misma angustia no se tiene muy clara las ideas pensando en las responsabilidades, pero ya en el momento en que uno aclara la mente, empieza a volar la creatividad para comenzar algo nuevo”, dice Luz.

Así, nació @ahmundo.cl, un emprendimiento de productos alimenticios que vende a través de delivery, principalmente en su edificio.

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Algo parecido a lo que hace Astrid Torres, 33 años. Trabajaba en un restaurante, previo a la crisis sanitaria. Se quedó sin trabajo. Hoy, junto a su hermana, hicieron un negocio de ropa: @tole.cl. Los principales clientes, por estos días, son sus propios vecinos.

Ambas, se mueven por los pasillos de su edificio. La necesidad de salir a trabajar, se mezcla con el riesgo al contagio, pero sin romper la cuarentena. En rigor. Salen igual de casa, pero no del edificio.

Delivery interno

El negocio de ropa que tiene Astrid funciona de manera simple. “Enviamos fotos de los diseños, colores y tallas disponibles al cliente. Una vez el cliente elige, se le dan los datos bancarios para que realice previa transferencia y se le deja el pedido en la puerta de su casa, tomando todas las medidas como: guantes, tapa bocas y previa desinfección del producto”. Es la opción que les queda para seguir generando recursos.

En el caso de Luz Rodríguez, la estrategia no varía mucho. “Tenemos un grupo de WhatsApp con los vecinos, allí, aprovechamos de vender nuestros productos, siempre teniendo en cuenta los protocolos por el tema de la pandemia. Usamos siempre nuestros tapabocas, por seguridad y para evitar multas por no hacer uso de los mismos. La entrega se tiene siempre cierta distancia, por lo general los pagos son por transferencias y si es en efectivo al menos yo cargo una bolsa chica le pido que lo coloquen dentro y yo cuando llego a casa tomo el rociador de agua con alcohol me rocío en las manos, llaves, pies y por último en la bolsa donde viene el dinero”.

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Aldrin Tamayo, quien desde hace unas semanas vende comida rápida en su Instagram @thepointchile en un edificio de Santiago Centro, añade que más allá de todas las medidas, y por el álgido tránsito dentro de los edificios, igual hay miedo al contagio.

“Uno está con ese temor diario, por lo que se ha visto, por los conocidos que tenemos contagiados. Por eso, tomamos las medidas necesarias”. Y si bien, tanto en los emprendimientos de Astrid (@tole.cl), de Luz (@ahmundo.cl) y el del propio Aldrin, la venta se concentra en los edificios donde residen, también hacen pedidos para quienes viven afuera.

“Salgo lo estrictamente necesario. Ahora planifico todo, para salir máximo dos veces a la semana”, cuenta Tamayo.

Los riesgos

Si bien la efectividad de una cuarentena se mide en que la gente no salga de sus casas, dicha condición cambia cuando se trata de edificios. Nada impide la circulación al interior de estos.

Y si bien la mayoría de las administraciones han optado por cerrar los espacios comunes, como piscinas, quinchos, salones de eventos; la alta movilidad dada primordialmente en los pasillos, ascensores, etc., plantea un problema que, quizás, aun no ha sido visibilizado del todo.

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“Seguramente las condiciones dadas por hacinamiento o concentración de personas sí son un factor de riesgo en cuanto a contaminación y enfermedades no solamente relativas al COVID, que hoy nos acecha”, parte explicando Uwe Rohwedder, arquitecto y académico Universidad Central.

La situación se acentúa, por ejemplo, en los llamados guetos verticales: edificios con más de 25 pisos, cientos de departamentos, espacios pequeños, falta de ascensores, pasillos estrechos. Todo allí se hace más complicado.

A la ausencia de una condición que permita regular el tránsito por los espacios, “falta dar atribuciones a las direcciones de obras para fiscalizar condiciones post ventas, condiciones de los arriendos que se dan después de otorgados los permisos”, explica Rohwedder.

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