Por María Luisa Carrión
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Hace 25 años, Vivian Parra comenzó su proyecto con una sola guagua y cuatro niños. Terminó ese mismo año con 14 menores de edad inscritos y ya al siguiente el listado tenía 54 nombres. Lo llamó La Locomotora Mágica, una sala cuna y jardín infantil en Cauquenes que, tras más de dos décadas, llegó a su fin.

“Me quedé sin recursos y no tenía para el arriendo, para pagar los sueldos, para los insumos básicos que eran la luz, el agua y el teléfono”, cuenta Vivian. Su objetivo, nos dice, siempre fue entregar educación de calidad y por eso hoy le duele tener que cerrar las puertas.

Para mí fue como perder un hijo, porque fue mi primera experiencia como educadora, como sostenedora creando un jardín infantil que reuniera todas las características para educar a los niños de una manera muy lúdica”, afirma.

En total, 30 niños y niñas se quedaron sin sala cuna y jardín infantil y 9 funcionarias, más una manipuladora de alimentos, una nutricionista y un encargado de prevención de riesgos sin trabajo.

Al comienzo de la crisis intentaron salir adelante. Se realizaron tareas online, se entregaban materiales, se seguía en contacto con los niños y niñas e incluso se logró un acuerdo para pagar la mitad del arancel, pero nada pudo evitar el triste y amargo desenlace.

La pregunta, entonces, es: ¿qué va a pasar el próximo año cuando estos menores de edad necesiten un cupo y ya no esté su jardín infantil? “Va a colapsar, van a quedar niños sin matrícula, niños que no van a poder ir a ningún otro establecimiento educacional y quedarán en desmedro de oportunidades del resto de los niños que van a poder ir al jardín”, contesta Vivian desde la Región del Maule.

La misma inquietud también la comparte Verónica Escabini, quien debió cerrar su jardín, su proyecto, Alun Montessori, ubicado en Las Condes, en la Región Metropolitana.

De todas maneras que van a faltar cupos, si muchos jardines van a quebrar y después todos esos niños se tienen que redistribuir”, anticipa Verónica.

Su jardín estuvo en funcionamiento 7 años y recibía a niños y niñas de entre 3 y 6 años. Este martes entregó las llaves de la casa donde operaba, dejando a 50 menores de edad sin matrícula y a 6 funcionarias sin trabajo.

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Dice que lo que más le molestó fue la poca claridad del gobierno sobre el retorno a clases: “Porque, por último, si dijeran no se va a volver a clases en 4 meses más, uno se puede organizar. Cada mes era un dolor de guata: “¿qué va a pasar, cómo lo hacemos?” Y después, imagínate, volvemos a clases en septiembre: ¿quién va a querer mandar a sus hijos al jardín? Tú no puedes tener a un niño de 3 años con mascarilla toda una mañana, es imposible”, asegura esta profesora de educación básica que estudió para ser guía Montessori.

Los problemas no son sólo cómo sostener sanitariamente un jardín en medio de una pandemia. Los padres poco a poco fueron retirando a sus hijos. En la actualidad, sólo quedaban 5 niños y niñas.

“Yo no podía sostener un jardín, donde tenía que pagar un arriendo de $1,2 millones. Lo único que me bajaba los costos fijos era la cuenta del agua, del gas y la luz. El Internet y el teléfono, que es fijo; la alarma, que no la podía cortar; los sueldos, pero sería. Mis costos fijos no bajan de $3 millones y yo no me voy a meter en un crédito que no sé cuándo voy a poder pagar, no sé cuándo voy a volver a tener una cantidad de niños suficiente”, nos cuenta Verónica.

Y así no quedó otra opción más que cerrar las puertas: “Todo lo que había dentro del jardín lo repartí entre todo el equipo. El computador, la estufa, las sillas, las mesas, las repisas, el refrigerador, el hervidor… todo, para que por último se pudieran quedar con algo”, señala.

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Eso sí, en medio de la pena por el cierre de su proyecto educativo, Verónica apunta sin tapujos sus dardos hacia el Ejecutivo: “Hay una contradicción súper importante, porque el gobierno está haciendo todo para mejorar la educación parvularia, pero, por otro lado, la educación parvularia, que es la que está sufriendo muchísimo en este momento, no tiene ninguna ayuda”.

Dos historias similares con finales dolorosos: muchos padres sin trabajo que no pudieron seguir pagando la sala cuna o jardín infantil y centros educativos que son pequeñas empresas que no soportaron la crisis por la emergencia sanitaria. Lamentablemente, no son casos aislados.

“Nosotros no queremos un crédito”

Las cifras que maneja la agrupación de Jardines Particulares Unidos no son muy alentadoras. 280 instituciones forman parte de esta organización a lo largo del país y, con el pasar de los días, otras quieren unirse. Marcela Olivares, su vocera, nos cuenta que en las últimas horas, unas 600 las han contactado para sumarse a esta red.

En el universo que es parte de esta agrupación ya se sabe que 20 jardines infantiles han cerrado y que el 83% se acogió a la Ley de protección del empleo.

Si antes de la emergencia por el COVID-19 contaban 3 mil 65 trabajadores, en la actualidad – a más de 100 días de que el coronavirus llegara a nuestro país – mil 111 personas han sido despedidas.

Esa cifra se aumenta todos los días, sobre todo a fin de mes, recibimos información en el chat de alguien que despidió a tres o cuatro o cinco personas”, nos cuenta Marcela.

En cuanto a la matrícula, contaban en marzo unos 13 mil 266 niños y niñas. De ellos, más de 7 mil 100 ya han dejado la educación parvularia.

La petición de esta agrupación es una sola: “Nosotras no queremos un crédito, aun cuando nos dijeran mañana ‘¿saben qué? ya, hablé con todos los bancos y los bancos dijeron que sí les van a prestar’. Ni siquiera se ha hablado cuándo podríamos volver a trabajar, y si así fuera, en qué condiciones lo vamos a hacer. Tampoco sabemos qué cantidad de niños vamos a poder tener en las salas”, reflexiona la vocera de la agrupación.

Esto porque, según sus catastros de las salas cuna y jardines infantiles que han postulado al FOGAPE, un 75,3% fueron rechazadas. “La respuesta de los bancos es que no se presta dinero a educación, porque es muy vulnerable y, además, no está permitido enajenar un bien de un establecimiento educacional. Esa es la respuesta del FOGAPE que nosotras tenemos”, señala Marcela.

Y el escenario para ellas es dramático. Pronostican que un 19% de sus agrupados sólo podrá resistir hasta junio, un 25% lo hará hasta julio y el 80% cerrará para septiembre.

¿La solución? “Necesitamos que el Estado nos dé un subsidio. Eso es lo que le estamos solicitando al Estado. Hemos enviado esta información a la Cámara de Diputados y al Senado”, indica Marcela Olivares.

Y es más, apunta que hasta el minuto la respuesta del gobierno, particularmente desde la subsecretaría de Educación Parvularia, ha sido de total indiferencia. “Ha sido de ninguneo siento yo”, se queja Marcela.

Algo que les duele, porque afirma que “nosotras cumplimos un rol fundamental en la infancia” y además, agrega que, “hemos cumplido todo lo que el Estado ha solicitado. Es justo que el Estado nos devuelva la mano”.

Un subsidio es lo que también piden desde el área de educación parvularia de la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE), que agrupa a salas cunas y jardines infantiles a lo largo del país.

Cristian Dockendorff, coordinador del área de educación parvularia de FIDE, señala que “nosotros lo que hemos solicitado es un financiamiento, una especie de subsidio distinto al FOGAPE. Se requiere que dentro del paquete de medidas exista una ayuda para la educación particular”.

Reconoce, al igual que Marcela, que el escenario es complejo y que se ha ido agudizando con el tiempo. Para ellos comenzó en octubre pasado y la pandemia vino a profundizar la crisis: familias sin empleo que han debido sacar a sus hijos de los establecimientos educacionales y luego el círculo que ya sabemos.

Según sus registros, unas 10 salas cuna y jardines infantiles han cerrado y otras 15 ya han manifestado la voluntad de hacerlo.

“Han tenido que seguir pagando las cotizaciones previsionales, dividendos por la compra del inmueble donde funciona el establecimiento, el canon de arriendo y obviamente las cuentas básicas. Era obvio que los establecimientos educacionales comenzaran a cerrar o a quebrar, a no seguir prestando el servicio educacional para el próximo año”, indica Cristian.

Para la FIDE, un factor en esta ecuación es también que este nivel educacional no sea obligatorio. “Las familias no van a llevar a sus hijos a estos establecimientos educacionales sólo porque la autoridad decide la vuelta a clases, lo van a hacer cuando se sientan seguros y cuando tengan recursos para poder pagar”, puntualiza.

Por eso no sólo el presente es complejo, también el futuro. Y al igual que han señalado otros en este artículo, prevé una difícil situación en 2021: “Estos establecimientos cierran y no van a tener cupos disponibles para poder absorber esta matrícula, va a ser una matrícula flotante, y la educación pública no va a tener capacidad. Todo lo que se avanzó en educación parvularia se va a ir al tacho de la basura, porque gran parte del sector particular no va a existir”, señala Cristian Dockendorff, poniendo una voz de alerta.

La respuesta de la subsecretaria de Educación Parvularia

Desde la subsecretaría de Educación Parvularia señalan no tener registros sobre cierres de salas cuna y jardines infantiles, pero sí que sostenedores les han planteado que esa situación podría suceder.

“Nos hemos reunido con más de 600 sostenedores de los 2 mil 200 jardines privados que existen en el país, a quienes les ofrecimos ayuda. A través de la Unidad de Apoyo del Ministerio de Educación, que centraliza estos apoyos, hemos sabido que el 60% de los sostenedores que han solicitado acompañamiento ha postulado favorablemente al FOGAPE, 20 % ha sido rechazado y el resto está en revisión”, indica la subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro.

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Agrega, además, que “lo que el gobierno ha ofrecido son distintos mecanismos rápidos, flexibles, y más ágiles que les permitan el acceso a créditos con facilidades. En ese sentido, el FOGAPE es una de las mejores alternativas para los jardines privados. Pero no es la única. Está la Ley de protección al empleo y los créditos Corfo MiPYME”.

Ante la consulta por la eventual falta de cupos si otros jardines infantiles y salas cuna deciden cerrar sus puertas, la subsecretaria Castro indica que “nuestro foco hoy es seguir fortaleciendo la importancia de la educación parvularia. En ello hemos puesto nuestros esfuerzos y acciones. Estamos en medio de la pandemia. Todos los efectos que ésta puede tener se verán a mediano y largo plazo. Es muy pronto para hacer proyecciones. Por otro lado, durante todo este tiempo, así como estamos avanzando en calidad en educación parvularia, también lo hacemos en cobertura”.

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