Por Pedro Azocar
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José Piñera lo dice sin rodeos. Es la segunda reunión y asiste con una batería de argumentos para convencer a Pinochet y a los miembros de la Junta de las virtudes del nuevo modelo previsional que pretende instalar en Chile.

En el primer encuentro, que se realizó el martes 14 de octubre de 1980 y que quedó transcrito en el Acta N°398-A, el entonces ministro del Trabajo no había logrado convencer del todo a los militares y a su equipo legislativo de las virtudes del nuevo sistema, por lo que el jueves 16 sus argumentos tenían que ser más convincentes. Fueron esencialmente políticos y eso le permitió sintonizar de mejor forma con los miembros de la Junta.

Las reuniones las encabezaba Pinochet, secundado por los comandantes en jefe de la FACH y la Armada (Fernando Matthei y José Toribio Merino) más el director general de Carabineros (César Mendoza). Asistían también los ministros de Hacienda, Trabajo, Defensa y Salud; los subsecretarios de previsión social y legislación junto a los asesores jurídicos de cada rama castrense y los nueve integrantes de la Comisión Conjunta para el Estudio de la Previsión.

El martes Piñera no sólo había enfrentado los reparos de Pinochet, quien se resistía a entregar a manos privadas los ahorros previsionales de los trabajadores chilenos, sino también las aprehensiones que en el mismo sentido expresó el general Mendoza y algunos asesores. Pinochet desconfiaba de los emergentes grupos económicos -a quienes califica de “artistas”- y le pregunta de manera insistente al ministro Piñera respecto a “¿quién administrará la plata?”.

“Eso me produce alergia, porque también sé que hay varios señores que se están haciendo millonarios en este país, que han enviado gente a estudiar el sistema porque desean operar en él”.

“He dicho que no estoy de acuerdo en el problema ése de que los capitales vayan a la parte privada. En realidad, no discrepo de ello, sino que me choca por estimar que los señores empresarios aún no están en capacidad para administrar 97 millones de dólares mensuales. Eso es lo que me produce angustia, porque día a día veo diversas cosas que suceden, y no vaya a ocurrir que de repente alguien parta con los 97 millones para el extranjero. Eso es lo que me causa cierta preocupación”.

Piñera tiene argumentos para tranquilizar al general. Responde que los dineros estarán colocados en documentos de inversión a resguardo en el Banco Central, que los ahorros previsionales son independientes del capital de las AFP, lo que los mantiene a salvo. Pinochet, no obstante, desconfía.

“Pueden dejar quinientos documentos en el Banco Central y arrancarse al exterior con los fondos”.

Lo cierto es que el general no está en desacuerdo con el nuevo modelo. Su preocupación es que no se roben la plata.

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La gente pobre no está expuesta a ningún riesgo

El almirante Merino y el general Matthei apoyan con más convicción la idea del ministro Piñera. El primero asegura que son “los políticos” quienes se robaron la previsión de los chilenos y el segundo alude a que lo mismo ocurre en Capredena, la Caja de Previsión de la Defensa Nacional:

“Año tras año nosotros estamos pagando el 8%. Pero resulta que actualmente a los retirados (…), el 5% más o menos, lo paga la Caja y el resto, el Fisco. O sea, todo lo que se está invirtiendo se farreó en préstamos hipotecarios que no se cobraron o que se recuperaron mal, en malas inversiones, pésimas. Y, finalmente, el Fisco paga casi completas las pensiones de la mayoría de los retirados, y todo lo que se ha estado invirtiendo en cada uno se lo farrearon, se lo llevaron otros. Esto es solamente en Capredena. ¡Para qué hablar de las otras!”

Lo curioso de su intervención es que el sistema previsional de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) no es parte de la reforma que impulsa la dictadura y será el mismo Matthei quien, más adelante, insistirá en dejar totalmente fuera de la discusión a Capredena.

Es el general Fernando Lyon, asesor jurídico de Pinochet, quien ordena el debate y apunta a que lo primero es demostrar las eventuales deficiencias del sistema previsional de reparto y ver cómo el de capitalización individual promete superarlas. Tampoco hay acuerdo en que el antiguo modelo esté colapsado y en quiebra, hay quienes lo defienden.

El capitán de la Armada, Mario Duvauchelle, secretario de Legislación de la Junta, aclara los conceptos de fondo del debate y hace una relación de lo que se ha discutido enfatizando en puntos como éste:

El sistema de capitalización individual que se propone está expuesto a diferentes riesgos: disminución de la tasa de interés, malas inversiones, diversificación monetaria, crisis económica derivada de factores económicos nacionales o internacionales. Frente a tales riesgos, argumenta esta observación, es imposible asegurar o garantizar una rentabilidad real de los capitales”.

Matthei interviene afirmando que todo sistema implica un riesgo. José Piñera dice que el modelo garantiza una rentabilidad mínima y que “la gente pobre en esto no está expuesta prácticamente a ningún riesgo derivado del sistema de capitalización, por cuanto el Estado siempre complementa sus ahorros hasta alcanzar el nivel de la pensión mínima”.

Como el obrero trabaja desde los 15, podría cotizar hasta 50 años

Más adelante, el ministro del Trabajo va más allá y expone un ejemplo que, visto con la perspectiva del tiempo, parece brutal.

“Pongamos el caso de un obrero que gana el ingreso mínimo, que en la actualidad es alrededor de 5 mil pesos. Hoy día la edad establecida para jubilar son 65 años y, como el obrero por lo general comienza a trabajar a los 15, podría cotizar hasta 50 años, pero supongamos que está desempleado durante 10 o que no labora en ese lapso. Si suponemos que impone durante 40 años –si son 50 es mejor– y que durante ese periodo la tasa de interés es del 5% real y que su remuneración aumenta a un ritmo de 2% al año, esa persona, que comienza con 5 mil pesos, jubila al final con 10.800 pesos cuando su ingreso final es de 12.200 pesos. O sea, si un trabajador comienza ganando 5 mil pesos, al final de su vida activa aumenta su remuneración a 12.200 pesos y jubila con 10.500; vale decir, casi el 80% de su remuneración”.

El ejemplo es brutal no solo por la mañosa proyección que realiza el ministro, sino por la mirada implícita hacia el mundo de los trabajadores carente de humanidad. Es el mayor Gustavo Latorre, del Comité Asesor de la Junta (COAJ), quien rebate a Piñera.

“Si partimos de supuestos optimistas para lograr pensiones superiores a las actuales lo lograremos. Solamente deseo señalar que asegurar en este momento que esas pensiones serán superiores no es serio. Quisiera referirme, en primer lugar, a los mismos supuestos indicados por el Ministerio en el planteamiento del proyecto: si la tasa de cotización es del 10% y hubiera un crecimiento del ingreso real del 3%, el mismo señalado por el Ministerio, pero se cambiara sólo un supuesto, el de la rentabilidad o retorno del capital –el dado por el Ministro, del 5%, si lo bajara a 3%, que me parece más razonable en un crecimiento real de largo plazo–, al 3%, significa que después de 45 años, repito, estoy tomando el mismo ejemplo del Ministerio, sólo alcanzaremos casi un 40% del último sueldo en actividad”.

Esta intervención molesta a Piñera y rebate argumentando que el proyecto contempla 15 páginas de tablas con proyecciones y supuestos respeto a las eventuales rentabilidades futuras y que es imposible asegurar cuál será la tasa de retorno que tendrán los trabajadores. De esto se desprende que las AFP eran en ese momento una apuesta, cuyo éxito o fracaso era imposible anticipar.

Pero esto no los exculpa del desastre, pues los integrantes de la comisión previeron aspectos esenciales que iban destinados al fracaso y las mujeres fueron las grandes perjudicadas. El punto lo expone el secretario de legislación, capitán de la Armada, Mario Duvauchelle.

“El sistema de capitalización propuesto como base de un nuevo régimen de pensiones, en reemplazo del actual sistema de reparto, perjudica gravemente a las mujeres trabajadoras”.

“Las mujeres tienen un promedio de vida de 72 años y una vida activa de 18 años. Por lo tanto, en la medida en que los hombres tienen una vida activa de 42 años y en la medida en que el señor ministro del Trabajo en el ejemplo que dio de los muchos que pudiera haber puesto, como lo señaló, se refiere a un hombre con 40 años de vida activa, indudablemente que el nuevo sistema no los perjudica. Pero sí dañará a la mujer, que tiene una vida activa de 18 años, porque requerirá a lo menos 40 para poder obtener la pensión equivalente”.

La respuesta del ministro Piñera a este punto, por decir lo menos, resulta sorprendente. Reconoce la falencia, pero dice que sólo afecta a las mujeres que tienen hijos ya que están obligadas a dejar de trabajar, lo que se subsana, asegura, con “pensiones de sobrevivencia para la viuda”, sin considerar siquiera la maternidad como algo fuera del matrimonio.

Destaca, además, una “ventaja” del nuevo sistema en comparación al antiguo. “Nadie pierde un peso de sus aportes; o sea, si una persona trabaja dos años y aporta algo, ese algo lo saca, quizás no en la forma de una pensión, pero lo retira.”

En esta acta, al menos, el tema no volverá a ser abordado.

Finalmente, es el secretario de Legislación quién enfoca la discusión en su aspecto central y llama a los integrantes de la Junta Militar a zanjar ese punto antes de continuar con el debate del proyecto.

“Creo que correspondería decidir si se opta o no se opta por el sistema de capitalización en materia de pensiones, porque de no resolverse, como el proyecto está planteado sobre la base de dicho régimen, de acordarse lo contrario no se podría continuar con todo el planteamiento de la iniciativa”.

Es el tema de fondo: respecto al cambio de un sistema de ahorro colectivo a uno de carácter individual -reparos más, reparos menos-, todos asumen estar de acuerdo con el nuevo modelo que sepultará la lógica solidaria del antiguo sistema de reparto.

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Pinochet no confía en los grupos económicos

La capitalización individual va en sintonía con la nueva doctrina económica. Pero sorprende aquí una intervención del general director de Carabineros, César Mendoza. Éste dice estar de acuerdo con las AFP, pero al igual que Pinochet, expresa su preocupación por que la plata queda en manos privadas y, dado los volúmenes de dinero, advierte sobre la gran concentración económica y de poder que podría producirse en el futuro.

“Todo tiende a pasar a manos privadas, particulares. Por otra parte, recién se ha aprobado una Constitución en la cual se dan al Presidente atribuciones mucho más allá de las que tuvo antes. Pero resulta que llegará un momento en que los particulares podrán decirle al Primer Mandatario (…) “Presidente, quédese en su despacho tranquilito, porque quienes manejamos el negocio somos nosotros”(…) “ y el Gobierno mismo quedaría entonces en una posición en que solamente tendrá que representar la parte represiva, pues cada vez que se suscite alguna protesta sobre el manejo o la marcha de los sistemas mismos, de cómo están funcionando, los empresarios exigirán de parte del Gobierno la represión de determinados brotes de protesta”.

Estas premonitorias palabras de Mendoza le hacen sentido a Pinochet, quien reitera su desconfianza de los grupos económicos e insiste en que los fondos sean administrados por el Estado. Ignoran que la Constitución política que acaban de aprobar se los impide.

“Entonces, aquí van a aparecer dos o seis imperios del dinero, que lo manejarán ellos (…) Por consiguiente, a la larga, como apunta el general Mendoza, controlarán el Estado. Eso es lo peligroso. No será ahora, sino que con el tiempo”.

“A mediano o largo plazo lo harán”, responde Mendoza, y Pinochet anticipa que “en ocho o diez años tendrán al país en sus manos”.

Matthei es quien interrumpe la conversación y se apura en aclarar que él no tiene ningún interés particular en la iniciativa, pero insiste en que está de acuerdo con la filosofía del proyecto y el debate se centra nuevamente en la posibilidad de que sea el Estado quién maneje los fondos. La discusión la zanja el Capitán Duvauchelle citando lo que establece la nueva Constitución.

“El Estado no puede dedicarse a actividades con fines de lucro y el administrador es sociedad anónima, con fines de lucro. Habría un problema de constitucionalidad”.

Matthei entiende entonces que “esto responde a la nueva Constitución que recién se aprobó” y como el proyecto de Piñera indica que los fondos deberán ser administrados por sociedades anónimas, el Estado queda fuera, ya que la lógica del sistema de capitalización es generar lucro para que los fondos obtengan rentabilidad, si los administra el Estado esto no es posible, concluye el comandante en jefe de la FACH.

“Es igual que usted guardara su plata bajo el colchón. En realidad, la base de la buena jubilación es la capitalización, o sea, que tenga que ser invertido para que dé rentabilidad. Si la rentabilidad es cero, esto es un desastre”.

¿En qué parte del mundo se ha aplicado este sistema?

La Constitución de 1980 contempla la opción de que el Estado forme una empresa mediante una ley de cuórum calificado, pero con las AFP esta idea no prosperó.

La reunión terminó por la tarde del 14 de octubre y muchos salieron con más dudas que certezas. José Piñera tuvo un día para preparar la defensa de su modelo y llegó con ella bajo el brazo a la siguiente reunión, que se realizó el jueves 16 y que partió con una pregunta de Pinochet.

“¿En qué parte del mundo se ha aplicado este sistema?”.

Piñera respondió, de inmediato, que en ningún país, como tampoco el plan laboral, ni la política arancelaria, ni el modelo económico, ni una Constitución como la recién aprobada y, por eso, dijo: “la experiencia chilena es original, es única y es observada”.

Pero Pinochet venía preparado e insistió.

“¿Se ha aplicado alguna vez en España este sistema?”.

La pregunta la respondió un asesor que el Acta no identifica.

“Se implantó en España, pero actualmente no se aplica. Incluso, en la Comisión Política Española se estableció como sistema de seguridad social uno de financiamiento, un sistema de capitalización. Posteriormente, frente a los resultados, que no podría decir si fueron negativos, pero el hecho es que se derogó el sistema”.

José Piñera tomó la palabra entonces para marcar diferencias con la experiencia española en la materia.

“Se aplicó administrado por instituciones estatales, de manera que es absolutamente diferente de lo que nosotros estamos planteando acá. Personalmente considero que un sistema de capitalización administrado por entes estatales sería un desastre: mejor no cambiar el sistema actual”.

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El verdadero fin de las AFP: Despolitizar la sociedad

A partir de ese minuto, el ideólogo del modelo expuso ante la junta las virtudes del nuevo sistema previsional, donde el énfasis no estuvo puesto en las ventajas económicas de las AFP, sino más bien en sus implicancias políticas.

Partió evidenciando los que, según él, eran los problemas del modelo previsional antiguo.

El sistema de reparto lleva en sí el germen de que hay que acercarse al poder político para conseguir buenas jubilaciones. Estas ya no dependen de los ahorros personales (…); dependen de lo que dice el poder político, de lo que dicta el Parlamento. De allí que en su raíz está, entonces, la necesidad de los diversos grupos que quieren obtener condiciones de mejores de jubilación, de acercarse al poder político, y eso es lo que se llama la politización de la vida social”.

Piñera asegura que la capitalización individual rompe con esta lógica “politizada”. El modelo de AFP generaría un nuevo tipo de vínculo entre el trabajador y la sociedad. El interés primordial de éste sería ahora mantener la estabilidad social, económica y política del país.

El ministro argumenta que los trabajadores se vuelven propietarios de los ahorros que acumulan en sus cuentas y eso los obliga a estar pendientes del manejo económico que realizan los gobiernos para velar por ellos, ya que es su plata la que está en juego.

Si la economía anda bien, la rentabilidad aumenta y si está mal, ésta disminuye, lo que afecta directamente sus montos de jubilación.

“Él necesariamente tendrá interés en que los ministros de Hacienda sean eficientes y responsables, que los parlamentos no sean politiqueros, que no haya revoluciones violentas, porque él se transforma desde ya en un propietario vinculado al progreso general de la nación. De esa manera, las huelgas disminuyen”.

La mirada de Piñera se enmarca en la reforma que aplicó la dictadura en 1979 a las leyes laborales que restringieron el poder del movimiento sindical al limitar la negociación colectiva, el derecho a huelga y prohibir en los sindicatos las discusiones sobre temáticas ajenas al ámbito laboral, es decir, temas país.

La reforma al sistema previsional apunta en esa dirección y, dice Piñera, es por sobre todo, un modelo que potencia la estabilidad política. El interés deja de ser la defensa de lo colectivo, prima el resguardo del ahorro individual.

“Esas son las dos grandes razones de naturaleza económico-social para el cambio, aparte las múltiples otras de carácter económico, pero que yo considero casi secundarias”.

Este reconocimiento explícito de que las razones económicas son “secundarias” habla del trasfondo ideológico de esta reforma que busca despolitizar la sociedad y debilitar a las organizaciones sociales instalando de lleno el individualismo inherente al nuevo modelo económico.

Por eso es relevante para Piñera que la plata no sea administrada por el Estado ya que, de ser así, los ahorros quedarían en un fondo común propiedad de todos los chilenos y esto es contrario al proyecto neoliberal de la dictadura.

Si se aprueba el sistema de capitalización y este botín se mantiene en manos estatales, todo el país deberá dedicarse a la política, digamos, para poder tener acceso a ese botín y repartirlo después. De suceder así, nuevamente las mejores energías del país se van a inclinar por este factor, (…) y de nuevo se van a politizar por mucho tiempo los procesos sociales”.

El neoliberalismo se instala en el centro de la vida social, deslegitimando el valor de lo colectivo y lo convierte en un “botín”, mientras que el ahorro individual transforma al trabajador en un propietario que, como tal, defenderá lo suyo. Es el interés particular en colisión con el beneficio general, no hay solidaridad porque nadie tiene derecho a repartir lo que es mío.

Piñera asegura en su exposición que las pensiones serán mucho mejores con el nuevo sistema y que su implementación potenciará el empleo por el impacto que tendrá la rebaja de las cotizaciones, lo que reducirá el costo del trabajo.

Las cúpulas sindicales politizadas continuarán perdiendo banderas de lucha demagógica. En otras palabras, después del Plan Laboral, la cúpula politizada tuvo un tremendo retroceso; en la actualidad apenas aparecen en la prensa. Sin embargo, les queda la previsión (…) con la reforma previsional, repito, se fortifica el Plan Laboral por todos lados, porque las cúpulas continúan perdiendo banderas”.

Estas palabras pronunciadas por José Piñera en octubre de 1980 evidencian el trasfondo ideológico de la profunda reforma económica, política y social que llevó adelante de dictadura. Para tal fin, las AFP fueron un aspecto esencial de ese plan y no sólo en lo económico.

El general está preocupado / La crisis de los 40

El individualismo inherente al modelo se instaló a fuego en Chile, pero las proyecciones económicas del ex ministro del Trabajo de Pinochet respecto a las grandiosas jubilaciones no se cumplieron.

Lo paradójico es que, 41 años después, fue el sistema previsional en crisis de José Piñera el que se convirtió en uno de los detonantes del estallido social de octubre de 2019, la crisis política que precisamente prometió evitar el ex ministro con la implementación de las AFP.

Hoy, incluso, las siguientes afirmaciones suenan dramáticamente premonitorias.

“Si el Estado maneja estos fondos, ellos constituyen un botín, un fondo político, que es una tentación tremenda para cualquier partido político, para cualquier grupo político del futuro para usarlo en cosas electorales”.

Tras la exposición del José Piñera en octubre de 1980 hubo críticas y estas apuntaron a que su fundamentación fue más política que económica, es decir, que no estaba claro si el cambio previsional era por la crisis del modelo antiguo o por la supuesta manipulación política de éste. También se aludió a países europeos donde el sistema de reparto opera sin incidencias políticas en su funcionamiento.

Fue el jefe del Comité de Asesores de la Junta, general Roberto Guillard, quien tomó la palabra.

“Otro problema político-social que nosotros visualizamos a futuro es que en cinco o diez años más serán únicamente los trabajadores quienes estarán soportando la cotización previsional. Los empleadores, al contrario de hoy, no cotizarán en absoluto. Eso lo soportará só1o el trabajador. Y, ¿a quién se responsabilizará de esto? Me estoy colocando, mi general, y excúseme, en el plano político: el responsable será el Gobierno Militar”.

La dictadura mantenía una preocupación permanente respecto al juicio histórico de su obra. En esta perspectiva, abordarán otro aspecto sensible: no saben cómo redactar en la ley el artículo 96 que excluye a las Fuerzas Armadas de la reforma previsional. Es Pinochet quien objeta la redacción.

“El artículo 96 dice: “no se aplicarán las disposiciones de este decreto ley al personal de las Fuerzas Armadas (…) y de Carabineros de Chile e Investigaciones”. Esto se prestaría para muchas críticas, en el sentido que los militares quedarían marginados de la ley. Esto puede ser una crítica incisa para nosotros, así que hay que buscar otra fórmula que podrían redactar los señores abogados, porque, de lo contrario, esta ley traerla un repudio total”.

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El general está preocupado. Da instrucciones específicas, ya que será una comisión la encargada de redactar la versión definitiva del proyecto.

“Lo que yo digo es que se le ponga una redacción, pero que no aparezca como que nosotros estamos involucrando a la gente y, por otro lado, nos quedamos atrás. La idea es ésa, que no figure que somos excepción”.

Fernando Matthei concuerda con la postura de Pinochet, pero se pregunta algo que da luces respecto a las razones de las FF.AA. para marginarse de la reforma en la que embarcaron a todos los chilenos.

“¿Le vamos a indicar cómo redactarlo para que quedando fuera no aparezca reflejada esta situación tan claramente o le indicaremos que estudie las verdaderas razones por las cuales tengamos que quedar fuera? A lo mejor no es malo el sistema y, tal como lo habíamos conversado, perfectamente bien podríamos quedar incluidos en él”.

De esto se desprende que hasta ese minuto el tema no estaba resuelto y Pinochet lo confirma aludiendo a la tarea que encargó a la comisión redactora del proyecto.

“Por eso he pedido que se estudie los pros y los contras y de acuerdo con esto se verá si se sigue como estamos o adoptamos el nuevo sistema según nuestras modalidades, porque en relación con ellas, la gente, aunque no quiera, se va antes de los treinta años, porque pasa a retiro o en un accidente muere o pierde un brazo, es decir, hay una serie de cosas que no están consideradas en un trabajo normal y por eso hay que estudiarlo. Ahora, si ustedes ven que es necesario aceptar el nuevo sistema o mantenerse en el actual, tienen que darle una redacción tal que lleve encubierto lo que vamos a hacer, de lo contrario, vamos a aparecer muy mal ante la ciudadanía”.

Es decir, redactarlo de tal forma que se mantenga abierta la posibilidad de cambiarse a las AFP si el sistema es bueno, sin que se note, eso sí, que las FF.AA. continuarían en el modelo previsional antiguo si consideraban que el sistema de AFP no era lo que prometía. Apuesta a ganador, aunque finalmente optarán por seguir bajo el modelo Dipreca.

El 1 de mayo de 1981 la gran mayoría de los chilenos fueron empujados al nuevo sistema previsional. Hoy, las pensiones de los jubilados de las AFP están mayoritariamente bajo la línea de la pobreza y los ahorros se gastan en enfrentar la crisis de la pandemia.

El ex ministro del Trabajo de Pinochet definió su sistema previsional primero como un Mercedes Benz y hace poco escribió en Twitter que es un cohete que nos llevó al umbral del desarrollo. Seguramente José Piñera llegó en su Mercedes a la loza de despegue donde abordó el cohete que lo mantiene en órbita alrededor del planeta.

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