Por Catalina Marchant
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“Estaba en la casa de la Paula, mi amiga, y era el Día del Padre. Entonces mi mamá de sorpresa me fue a buscar y en una caja la traía a ella, la Ariel. Apenas la vi, como era cachorra y blanquita, me enamoré. Quise jugar y estar con ella todo el rato”.

Ese fue el comienzo de una amistad inquebrantable, en la que Ariel acompañó a Magdalena Lobos (18) en sus momentos más felices y también más complejos. Las risas, anécdotas, rabias y penas, fueron compartidas entre ambas con una conexión única. Vivencias que se mantienen frescas en los recuerdos de Magda y en el libro que escribió dedicado a su compañera perruna, Efecto Amor.

Mi libro relata la historia de mi perrita Ariel que vivió conmigo 10 años y fue mi mejor amiga durante ese tiempo. Y cuando ella se fue, el año pasado en mayo, me dolió mucho, y en su funeral no pude decir las palabras que quería decirle porque si no iba a llorar. Entonces decidí descargarme y escribir el libro”, cuenta la autora de este escrito en conversación con CHV Noticias.

Quienes han tenido la dicha de recibir el amor incondicional de un animalito, comprenderán el sentimiento que invadió a Magdalena cuando debió decir adiós. Y en caso de que no lo hayas vivido aún, este es un relato testimonial repleto de emociones, que demuestra cuán hondo calan estos seres en la vida de quienes los rodean.

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“Era mi consuelo”

“Creo que los momentos más importantes que estuvo conmigo Ariel, fue cuando yo salía de mis operaciones. Siempre quería llegar a la casa y ver a mis perritas, y ella siempre estaba ahí animándome“, dice Magda.

Y es que desde los dos meses de edad, la joven de 18 años debió enfrentarse a una serie de cirugías por la Tetralogía de Fallot que padece. Asegura no entender muy bien de qué se trata, confesando que la biología no es lo suyo, pero sí sabe que es una enfermedad congénita bastante compleja que la ha mantenido yendo y viniendo de consultas médicas y operaciones en su corazón.

“Todas las veces que me operaba, yo quería estar en la casa con ella y con mi otra perrita, Maffy. Ella era mi consuelo en ese momento”, algo que Ariel comprendía muy bien, ya que “los perritos sienten la necesidad de estar con la persona que quieren y que saben que está enferma”, afirma.

La patología, explica, “muy pocos niños la tienen y es como un soplo. Aunque los soplos son normales, pero no tan grandes, y el mío es muy grande”. El problema era que “cuando chica no habían tantos cardiólogos infantiles” y “ninguno se atrevía a operarme porque no era muy común”. Por lo mismo, “le dijeron a mis papás que si no había una solución en el momento, yo podía vivir hasta los 8 años”.

El pronóstico era preocupante, pero las intervenciones afortunadamente surtieron un efecto positivo en la salud de Magdalena. Y así, el único cambio radical que vivió en su vida a los 8 años, fue la llegada de su amada Ariel.

El paso a paso de Efecto Amor

Todo lo que sucede, tiene una causa y consecuencia. Las vidas se entrelazan por motivos desconocidos, hasta que de pronto todo tiene sentido. No es una simple coincidencia que Ariel haya llegado a la vida de Magdalena, así como tampoco lo es el hecho de que se haya ido de su lado para impulsarla, finalmente, a cumplir uno de sus sueños.

—¿Alguna vez pensaste en escribir un libro?
—Sí, de hecho a mí siempre me ha gustado leer y escribir. Incluso cuando iba en kínder recibí un premio por ser la primera en mi curso en aprender a leer. Siempre he empezado novelas, pero nunca las termino, porque escribo, me alargo mucho, se me olvida la historia y no tiene fin. Por eso nunca lo concreté ni logré hacerlo. Y ahora que escribí este libro dedicado a la Ari, pensé que sería muy bonito y bacán que mi primer libro publicado fuera de ella.

El 29 de mayo de 2020, hace casi un año, falleció su perrita. Las lágrimas abundaban en su rostro y el dolor le impidió hablar para despedirla. Sin embargo, un lápiz y un papel plasmaron lo que sentía, siendo las primeras letras de Efecto Amor.

Al principio el libro era solo para mí, y cuando terminé se lo mostré a mis papás, y ellos lloraron porque lo encontraron muy bonito”. Fue así como surgió su idea de publicarlo, aunque no sabía muy bien cuál era el proceso detrás de ese objetivo. Primero le aconsejaron repartir el texto entre su familia y amigos para hacerlo conocido. O ir a una feria de Argentina para vender los primeros volúmenes.

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Pero no fue sino hasta tres meses atrás cuando la editorial Ediciones Enlace la empezó a seguir en su cuenta de Instagram. “Mi papá me dijo que les hablara y lo hice. Les mandé mi libro, les gustó mucho, organizamos una videollamada para ver el contrato” y así, de forma totalmente independiente, Magda concretó su sueño.

Con dos meses de espera, Efecto Amor salió a la luz de forma digital y física, que hasta el momento se puede obtener a través de Amazon. Pero es cuestión de tiempo para que pronto llegue a las librerías.

—¿Por qué se llama Efecto Amor
—La Ariel hizo efecto en mí y efecto en todos los que conocieron. Hizo lo que para mí se llama efecto amor, porque me hizo amar a las personas a mi alrededor, a ella, a la Maffy. Siempre que estaba con ella sentía el amor verdadero, el amor incondicional. Entonces no encontré mejor título que Efecto Amor.

—¿Cómo fue el proceso de escritura?
—Recuerdo que fue el día de luto de la Ari. Tomé mi libreta y empecé a escribir sobre ella. Después eso lo llevé al computador. No escribí todos los días porque se me olvidaba, estaba ocupada, o a veces lloraba. Pero cuando podía y tenía las ganas, me sentaba y escribía. En eso me tardé un mes, aunque tengo que admitir que lloré bastante recordando algunas cosas. Ella se fue en mayo y en octubre cumplí 18 años, y para mí hubiese sido muy bacán que ella hubiese estado ahí conmigo. Al igual que en diciembre cuando me licencié de 4° medio. Entonces, escribiéndole todas esas cosas, me sentí muy triste porque mi mejor amiga ya no estaba conmigo y eso tenía que concientizarlo porque fue lo mejor para ella. La Ari estaba muy enferma y no podía ser egoísta y decirle no, quédate conmigo.

Hasta siempre, Ari

“Con mi libro quiero llegar a las personas, que las personas se sientan cercanas a sus mascotas, que les tengan todo el amor del mundo y que sepan que los animales lamentablemente se van antes que nosotros“.

A sus 10 años, Ariel tenía un órgano hinchado que le provocaba molestias cuando se movía. “Estaba coja y no tenía solución. De hecho, en sus últimos días tampoco caminaba, no se levantaba a comer, tomar agua ni hacer sus necesidades. La tenía que sacar en brazos, la dejaba en el suelo y ella se sentaba y hacía sus necesidades”, detalla Magdalena.

Esos momentos fueron muy fuertes para mí, donde me di cuenta que estaba muy mal, pero no quería que se fuera. Tuvimos una conversación con mis papás, pero ellos tomaron la decisión porque yo no podía. Fueron como tres días en que me preguntaban si quería hablar del tema, pero yo solo lloraba y me iba a mi pieza. Lo peor es que cuando ella estaba a punto de morirse, yo despertaba todos los días con el miedo de salir y verla muerta, pero ella no quería morir“, agrega.

El hecho de admitir de que tu perrita que estuvo 10 años contigo se morirá, es fuerte, pero hay que admitirlo porque los perritos no viven una eternidad. Viven menos que nosotros y eso está muy claro. Pero también está muy claro que hacen mucho bien en este mundo y a la gente”, reflexiona la joven.

Finalmente, fueron sus padres quienes tomaron la difícil decisión. Acudieron a un veterinario, quien fue a la casa a sacrificarla y dar el último adiós. “Y desde ese momento que yo de verdad estoy mucho más cercana a la Maffy”, otra de sus perritas que actualmente tiene 10 años. “Es muy obediente y tengo que aprovechar el máximo tiempo con ella porque tampoco está tan jovencita”.

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—¿Pudiste acompañarla cuando se despidió?
—Estaba en mi pieza, creo que estudiando. Y mi mamá subió a mi pieza a decirme que el veterinario iba a venir a dormirla. Fue fuerte en dos ámbitos, por ella y por mi papá, porque la Ari era de mi papá originalmente y él estaba trabajando y no iba a poder despedirse de ella. Así que me armé de valor, le hice muchos cariñitos, le dije cuánto la amaba, la abracé y lloré hasta sus últimos momentos. Le decía te amo mucho, tranquila, ándate relajada que tú aquí ya hiciste lo que tenías que hacer.

Sueños

Creció rodeada de perritos y la llegada de Ariel no fue una novedad para la familia. No había problemas sobre quién tenía que recoger sus deshechos, limpiarla, alimentarla o acompañarla en sus paseos. Pero tras la muerte de la pequeña poodle, ahora queda Maffy, y después de ella ya no habrán más mascotas.

Fue una decisión que tomó la mamá de Magdalena, y es que ahora sus padres esperan cumplir otro de sus sueños: viajar. Un proyecto de vida que es poco compatible con el gran cuidado que requieren los animales, ya que “los perritos son como un bebé, entonces cuando ellos sean más viejitos, no quieren tener esa responsabilidad ahí”, detalla la joven.

En cuanto a su futuro, asegura que aunque también quiere viajar y conocer el mundo, su mayor deseo es tener perritos. “Entonces si pudiera hacer ambas cosas sería lo mejor, porque es imposible no amarlos”.

Actualmente cursa su primer año en la carrera de fonoaudiología en la Universidad Bernardo O’Higgins, y en cinco años espera ya ser toda una profesional para tener su propio hogar acompañada de canes. “Y si la Maffy todavía está conmigo, entonces me voy con la Maffy también”, ríe.

Maffy, “creo que es una quiltra”, dice. Fue rescatada por su papá y a estas alturas no recuerda qué raza es ni la historia antes de su llegada a la casa, pero destaca que es más grande que la Ari e igual de obediente y cariñosa.

No descarta escribir un libro sobre ella o sobre Chiqui, otra perrita que la acompañó en su infancia. También ha pensado escribir sobre su enfermedad o posiblemente una novela de amor, “porque a mí me gustan los libros de romance”, cuenta.

Pese a todos sus sueños y proyectos, ahora tiene su energía enfocada en Efecto Amor.

“Quiero que sea exitoso en cuanto al amor perruno y al amor animal en todo los sentidos. Los animales son hermosos, son tiernos y tienen mucho amor para darnos. Y si vas a tener uno, el que sea, ámalo, respétalo, cuídalo, sácalo a pasear y dale sus necesidades”.

Si quieres leer mi libro te lo recomiendo porque es bonito, tiene sentimientos, es una historia totalmente real, no tiene fantasía de por medio. Por eso dije que al principio era un libro para mí, pero después decidí publicarlo para que la gente viera algo real. Una historia real y triste, porque la Ari hizo mucho en mí, en el Basti y el Pedro, que son mis hermanos, y en mis papás”.

“Respeten y amen a los animalitos”.

 

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