Por Pedro Azocar

Él tiene 72 años y ella 34. Él nació en Puerto Montt, la puerta de entrada a la verde Patagonia en el sur de Chile. Ella en Arica, la frontera norte en la desértica Región de Tarapacá.

Él cursó estudios en un colegio católico de excelencia: el San Francisco Javier de la orden de los curas jesuitas. Ella es hija de la reforma educacional de la dictadura: estudió en un colegio particular subvencionado con un pobre proyecto académico donde “les interesaba más el negocio que nuestra formación”.

Él completó la carrera de Medicina en la Universidad Católica y se tituló de cirujano en 1975, se especializó en pediatría y toxicología. Ella es “hija de Bello”, se tituló de cirujana en la Universidad de Chile y especializó en medicina interna y salud pública.

Él encabezó el Colegio Médico (Colmed) por dos períodos, de 2011 hasta 2017. Ella ganó las elecciones de la entidad ese mismo 2017 y se convirtió en la primera mujer en lograrlo, cargo que ostenta hasta hoy.

Él se llama Oscar Enrique Paris Mancilla. Ella, Izkia Jasvin Siches Pastén.

Católico, pero sin dogma

El mismo día que Enrique Paris ganó las elecciones del Colegio Médico, murió su madre a los 94 años. Carmen Mansilla era química farmacéutica y tenía una “botica” en el barrio Angelmó de Puerto Montt. Ahí, el futuro doctor se entretenía experimentando en un improvisado laboratorio.

En el colegio jesuita donde estudió le inculcaron el amor por la ciencia, en particular, el sacerdote Albino Schnettler, su profesor de Biología. “Yo pescaba, y las crías de los peces que sacaba del río las ponía en formalina; él veía eso y me alentaba a que conociera de ciencias y fuese a la sala de experimentos que tenía”, cuenta el doctor, en una entrevista que concedió a la revista del colegio en 2009.

Ahí también relata su primer fracaso político, cuando perdió las elecciones del centro de alumnos ante el hoy abogado y notario Alejandro Soto Vega. Desde joven, Paris tuvo vocación de servicio público, pero sin ligazón política, aunque su familia, asegura, era demócrata cristiana.

En la misma revista recuerda que cuando cursaba la carrera de Medicina, otro sacerdote jesuita, Renato Hasche, lo llevaba una vez al mes a realizar misiones en el sector de La Leonera, lo que, reconoce, lo marcó y lo impulsó después a retornar al sur para convertirse en médico general de zona en la isla de Chiloé (1975-1979).

Enrique Paris desarrolló su formación profesional casi siempre en instituciones ligadas a la iglesia, a excepción de un postgrado en Pediatría que hizo en la Universidad de Chile (1979-1982).

Estudió Cuidados Intensivos Pediátricos en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica (1983-1985). Después, toxicología en el National Capital Poison Center, de la jesuita Universidad de Georgetown y en 1990, se desempeñó en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de la Universidad de Michigan.

Con esa experiencia se convirtió en jefe de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Sótero del Río, antes de pasar al Hospital Clínico de la UC.

Paris reconoce que, al margen de su formación cristiana, los jesuitas le inculcaron el valor del libre albedrío, la libertad de elegir en base al conocimiento científico y a los propios principios morales. Eso explica su distanciamiento de los sectores más dogmáticos de la iglesia. Apoyó el aborto en tres causales, aprueba el uso medicinal del cannabis y acepta la idea del “buen morir”, dando la opción al paciente para declinar tratamientos que prolonguen artificialmente su vida.

Feminizar el Colmed

Izkia Siches tenía 31 años cuando ganó las elecciones del Colegio Médico en 2017. Es la primera mujer en asumir la presidencia de un gremio que ella define como “muy masculinizado”, la profesional más joven en llegar a ese puesto. Casi 12 mil colegiados sufragaron en esa elección histórica y ella obtuvo el 53% de los votos.

Su figura era conocida en el gremio. Fue presidenta del Regional Santiago desde 2014 y en 2016 jugó un rol protagónico en el apoyo que dieron los facultativos a los trabajadores del sector público que mantuvieron un prolongado paro de actividades durante el gobierno de Michelle Bachelet, que casi hizo colapsar el sistema sanitario.

A mediados de noviembre de ese año, y en compañía de Enrique Paris, Izkia Siches convocó a la marcha de los delantales blancos. “Vamos a ir a la calle, vamos a ir a La Moneda a dejarle una carta a la presidenta, colega que entiende de temas de salud, que entiende que no se puede prolongar un paro por 13 o 15 días”, dijo, y más de dos mil doctores y doctoras protestaron frente a la sede de gobierno

Ella representa un cambio generacional y de gestión en el influyente gremio médico. Muchos de su equipo tienen una vasta trayectoria tanto gremial como en el sistema público de salud.

Su experiencia es diferente a la de Paris, quien no figura con un rol político conocido, pese a cursar la universidad durante el gobierno de la Unidad Popular y luego en dictadura. A lo más representó a los alumnos que vivían en la Residencia Cardenal Caro de la UC ante la administración del recinto, donde lo sorprendió el golpe de Estado.

Al egresar en 1975, Paris se abocó al ejercicio médico en la isla de Chiloé hasta el ’79, luego, se especializó en pediatría en el Hospital Calvo Mackenna. A inicios de los ’80 viajó a Bélgica y luego a Estados Unidos, de donde regresó en los ’90. Durante el régimen cívico-militar no fue un activista visible.

Izkia Siches, en cambio, conjugó sus estudios con una activa participación política en la universidad. Militó un tiempo en las Juventudes Comunistas, pero lo dejó para no ser encasillada. Fue presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Medicina Occidente, miembro del Senado Universitario y concejera de la FECH. Desarrolló una intensa actividad política al margen de una militancia partidaria, pero ligada a un pensamiento de izquierda.

Política y apolítico

Enrique Paris encaja con los profesionales formados y egresados en dictadura donde el ejercicio de la política era delito. Las aulas eran sólo para estudiar y no para hacer proselitismo. Paris se focaliza primero en el ejercicio abnegado de su profesión, luego se especializa y, tras la caída de Pinochet, participa en espacios televisivos de “ayuda a la comunidad”. Es la forma que encuentra de canalizar su vocación de servicio público.

Como panelista en un programa conducido por Eli de Caso respondía consultas de la audiencia, lo que le valió ser catalogado por algunos colegas como un médico de la farándula, pero también le permitió ser conocido fuera del ámbito meramente profesional.

Paris asume que ahí aprendió a comunicar, a sintonizar con la gente. Eso explica, tal vez, la puesta en escena que desarrolló como ministro para entregar la información diaria del curso de la pandemia, donde opera como el conductor de un programa en un estudio televisivo de estética ochentera.

Siches responde a otra generación, nació en 1986 y entró a la universidad en 2004. Su formación académica se dio en un contexto de revalidación de la práctica política, pero apuntando a una reformulación de la manera en la que se plantea su ejercicio.

Es hija de la transición, del desgaste de un modelo marcado por el enquistamiento de una elite inamovible en el poder que no se plantea reformas y que solo administra un sistema incapaz de resolver las desigualdades sociales que afectan a los de su época.

Ella es parte de una generación que cuestiona el proceso de la post dictadura, una generación que no teme salir a la calle para expresar su descontento, que busca incidir en la agenda participando en las estructuras del poder, primero desde el movimiento estudiantil y luego en el legislativo o en los gremios.

Gabriel Boric también nació en 1986, Giorgio Jackson y Karol Cariola el ’87 y Camila Vallejo el ’88. Izkia Siches, como ellos, tenía 20 años cuando se desató la llamada Revolución Pingüina en 2006 y 25 en 2011, cuando el movimiento estudiantil cambió la agenda política del país e instaló el tema de la educación pública y la gratuidad de la enseñanza en el centro del debate.

A diferencia de los emprendimientos individuales que promueve el modelo neoliberal, su generación es de proyectos colectivos y ella en particular, pertenece a una izquierda que renuncia a dogmatismos inmovilizadores y se abre a nuevas perspectivas, lo que explica su breve paso por las Juventudes Comunistas.

A diferencia de los militantes de partido, por ejemplo, no la veremos encasillada defendiendo el régimen de Nicolás Maduro o la revolución cubana como le ocurre a muchos en la izquierda.

A diferencia de sus compañeros de generación, Izkia Siches no se encapsuló en la práctica política distante a que obliga un puesto en el legislativo, sino qué en su rol de médica, siguió en el contacto directo con la gente en la primera línea que implica ejercer en los servicios hospitalarios que atienden a los sectores más vulnerables. Eso marca una gran diferencia con sus compañeros de época instalados en el Congreso.

De hecho, consultada si le seducía una eventual candidatura a la presidencia a raíz de su reciente aparición en las encuestas, su respuesta evidenció una mirada distinta a la de los políticos profesionales. Criticó que estas designaciones se construyan a partir de lo que dictaminan los testeos de opinión pública y recalcó que su proyecto actual responde a un trabajo en equipo y no a uno de carácter individual.

Su prioridad política actual es mantenerse a la cabeza del gremio y ganar las elecciones programadas para agosto. Su contendor, el cirujano Renato Acuña, ya no contará en su lista con el doctor Paris, quien en su calidad de ministro debe mantenerse al margen de los comicios, pero promete darle una dura pelea. Hay un sector del Colegio Médico muy crítico de la gestión de Siches, la culpan de haber politizado al gremio dejando de lado los problemas gremiales.

El partido de los médicos

Muchos plantean que la militancia del doctor Paris es la de los delantales blancos. Sabemos que se integró a la mesa directiva del Colegio Médico en 2002, como parte de la lista del hoy diputado socialista Juan Luís Castro y que jugó un rol de bajo perfil.

Sabemos que en sus primeros años de gestión en el ámbito público estuvo ligado a los gobiernos de la Concertación (Lagos y Bachelet) y que el quiebre se produjo a partir de 2010, cuando Paris tomo partido por dos colegas suyos de la Universidad Católica y rompió su conocida neutralidad en lo que algunos vieron como un acto de lealtad. Otros, en cambio, lo vieron como una jugada para escalar dentro de la UC.

El 7 de diciembre de 2009, el ministro Alejandro Madrid, a cargo de la causa por el homicidio del presidente Eduardo Frei Montalba, procesó como encubridores del crimen a los doctores Helmar Rosenberg y Sergio González, ambos de la Católica.

El primero fue profesor de Paris en 1969 y, junto al segundo, realizó una autopsia al presidente Frei en 1982, información que la universidad mantuvo oculta hasta 2003, cuando un informante anónimo reveló su existencia. Madrid ordenó allanar dependencias de la PUC y descubrió evidencia clave para aclarar el crimen, antecedentes que permitieron realizar peritajes y comprobar que Frei fue asesinado.

En 2010, el decano de la Facultad de Medicina era el actual rector de la UC, Ignacio Sánchez, también pediatra egresado en 1986. Paris era Jefe de Pediatría y director del Centro de Información Toxicológica de la UC (CICTUC).

Con la venia de Sánchez, que en ese entonces se postulaba a la rectoría de la UC, el doctor Paris dio polémicas entrevistas a El Mercurio, donde asumió una férrea defensa de los facultativos procesados por el juez Madrid e invalidó los informes de las forenses que detectaron el uso de Talio y Gas Mostaza en el asesinato de Frei.

Pero cometió un error.

Para acreditar sus dichos, dijo que en el decanato de Medicina había aún restos orgánicos extraídos en esa autopsia desde el cadáver del mandatario los que permitirían descartar la tesis del homicidio. Sus declaraciones más que apagar el fuego incendiaron la pradera.

La ex senadora Carmen Frei lo criticó duramente: “nos parece extremadamente grave, doloroso y ofensivo para mí y mi familia que este jefe del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la UC diga hoy que en una caja fuerte existen muestras del cuerpo de mi padre, 30 años después”.

La hija del ex mandatario descalificó además su intento por desacreditar los informes realizados por las forenses: “no conoce el expediente, por lo que no puede opinar de trabajos que no conoce”, dijo, y agregó molesta: “me pregunto yo dónde está su ética médica. Esta es una revelación macabra, inhumana“.

Paris fue interrogado por la PDI. Se desdijo y reconoció el error, pero sus palabras le pasaron la cuenta y en vez de ayudar a la Universidad Católica enturbiaron la imagen pública de la casa de estudios.

Pese al episodio, Ignacio Sánchez asumió como rector de la PUC en marzo de 2010 con el apoyo del Cardenal Francisco Javier Errázuriz. Paris se postuló a la presidencia del Colegio Médico en mayo 2011 y ganó con el 55,6% de los votos

“Acepté este desafío porque pienso que el Colegio Médico no puede convertirse en una plataforma política ni tampoco ser afín a los partidos, al Gobierno o a la oposición”dijo en ese entonces.

En 2012 dejó la dirección del CITUC, que había fundado en 1992 y que es reconocido como uno de sus grandes logros profesionales.

El cara a cara de los esteotoscopios

Yo le tengo un cariño especial al doctor Paris. Nos ha acompañado y nos ha enseñado mucho en estos tres años (…) Espero que él también nos pueda acompañar en este trabajo de seguir sumando miradas y de construir un Colegio para todos y todas”, le dijo Izkia Siches a Paris al asumir la presidencia del Colegio Médico.

Sólo unos meses más tarde, en julio de 2017, el presidente saliente de la entidad se sumó al comando de campaña del entonces candidato a la presidencia, Sebastián Piñera. “El problema de la salud es del Estado”, argumentó.

Pero cuando ganó Piñera no lo nombró ministro de Salud. Designó al doctor Emilio Santelices, con quien Paris nunca tuvo una buena relación.

El nuevo ministro tensó de inmediato los vínculos con el Colegio Médico al modificar los protocolos de objeción de conciencia para restringir en la práctica la ley de aborto en tres causales. Luego sumó desafortunadas declaraciones respecto a los contagios de VIH en Chile y enfrentó conflictos de interés por ser accionista de la empresa SONDA que mantenía contratos con Fonasa y también de Aguas Andinas que está bajo la fiscalización de la Seremi de Salud Metropolitana.

Piñera convocó a Paris para asumir como superintendente de Salud, pero habría sido vetado por Santelices, con quién el ex presidente del Colmed sostuvo cruces de opinión por el tema del aborto en tres causales y por el “poco apoyo” que dio el ministro al subsecretario Luís Castillo, vetado por la Democracia Cristiana por su accionar durante la investigación del crimen del presidente Frei.

Santelices duró poco más de un año en el cargo y Piñera nuevamente dejó fuera a París. Designó en su reemplazo a Jaime Mañalich a quién sorprendió la pandemia. Enrique Paris fue invitado a la Mesa Social COVID-19, donde confluyó con Izkia Siches y ahí comenzaron los conflictos.

El Colegio Médico advirtió en octubre de 2019 la crisis sanitaria que afectaba al sistema púbico de salud, criticó el presupuesto de 2020 por ser el más bajo de los últimos cinco años y denunció la crisis de insumos y abastecimiento de recursos en los distintos hospitales del país.

“Si hay problemas de gestión a nivel hospitalario, esperamos que el Ministerio trabaje e intervenga para poder responderlas y no exponer a la población”, dijo Siches en ese entonces y anunció una movilización para el 22 de octubre, la que no se concretó a causa del estallido social del día 18.

En enero de 2020, Siches apuntó nuevamente a Mañalich: “a nuestro ministro le falta humildad para intentar recuperar la confianza de la ciudadanía”, dijo, en el contexto de la interpelación que enfrentó éste en el congreso, donde llegó regalando corbatas y aseguró que los libros de reclamos del Compin “están llenos de felicitaciones”.

El 3 de marzo, cuando se detectó el primer contagio de COVID-19 en Chile, la presidenta del Colegio Médico señaló, al contrario de lo que pregonaba el gobierno, que “ningún país está preparado para el coronavirus, debemos ser humildes”.

Días más tarde, llamó al gobierno a extremar medidas para evitar la propagación de la enfermedad, llegando incluso al cierre de ciudades. Esta postura fue avalada por sociedades científicas, alcaldes y sectores políticos, pero no por el gobierno, que declinó poner en práctica estas recomendaciones.

A mediados de mayo, las cifras empezaron a evidenciar el fracaso de la estrategia gubernamental. El miércoles 13, el número de COVID-19 positivos aumentó de 1.658 a 2.502 en solo 24 horas y el discurso del Ejecutivo viró de la “nueva normalidad” y el “retorno seguro” a “la batalla de Santiago”.

El ministro Mañalich bajó un poco el tono a su soberbia y Siches respondió el gesto: “A mí no me sirve que el ministro de Salud cambie el tono, yo necesito que haya un cambio en la forma de gobernar esta pandemia“, afirmó tajante. Ahí Enrique Paris, en su calidad de ex presidente del Colegio Médico, intervino.

Ella dice representar a todos los médicos de Chile y no es verdad, porque en el Colmed no están inscritos todos los médicos. Existe mucha disconformidad con sus palabras (…) es un error garrafal quitarle piso al ministro Mañalich y hacer que el presidente asuma su labor, no la comparto para nada”, expresó, sin ocultar su molestia y agregó que “los expertos en pandemia están en el Ministerio de Salud, no en la Mesa Social”.

Luego, deslizó una teoría de complot político: “es como que, ya que no cayó Piñera con los movimientos sociales, hagámoslo caer con el coronavirus. Es cosa de ver quiénes critican sin razón y encuentran todo malo como que aquí no se ha hecho nada”.

Pero el fracaso de la estrategia del gobierno impulsada por Mañalich ya era evidente y las sospechas sobre la manipulación estadística del Minsal para disfrazar las cifras de contagiados y muertos hicieron insostenible su permanencia en el gabinete. Debió renunciar el 13 de junio, cuando ya se contabilizaban 167.355 contagios acumulados y más 3.101 fallecidos confirmados, pero los muertos en realidad ya eran más de 5 mil.

Enrique Paris asume como ministro en el peor momento de la pandemia.

La tregua

El martes 16 de junio hubo un encuentro remoto entre el Ministerio de Salud y los integrantes de la Mesa Social COVID-19. Paris había jurado hace sólo tres días en el gabinete y al conectarse a la reunión virtual saludó uno por uno a los presentes y en particular a “mi presidenta del Colegio Médico”, dijo sacando una sonrisa a Izkia Siches.

En ese espacio, enfatizó en su apertura al diálogo, su disposición a escuchar nuevas opiniones y sumó a los informes diarios del Minsal a otros expertos, alcaldes y médicos que laboran en terreno.

El miércoles 17 por la tarde conversó, virtualmente, con la directiva del Colegio Médico. “Felicitamos al ministro y esperamos que su gestión brinde al país mejores resultados sanitarios de los que hemos tenido a la fecha. Si le va bien al ministro, le va bien a Chile“, dijo Siches.

El Colegio Médico busca consensuar una estrategia con el Ministerio para enfrentar esta fase de la pandemia, pero no está claro si el Ejecutivo tiene disposición para ello. Paris podría ser la bisagra para lograrlo, pero de eso nadie está seguro. Menos aun cuando el ministro enfrenta sus propios problemas dentro de Palacio.

Los gestos del presidente

Lo primero fue que debió comprometerse a no enjuiciar la estrategia implementada por el Ejecutivo durante la gestión de su antecesor, estuvo obligado a defenderla, pese a que la realidad demostró su fracaso.

Yo tengo que tratar de respetar lo que hizo Mañalich, porque realmente hizo cosas buenas también, y se dedicó muchísimo al trabajo. Por otro lado, debo corregir las cosas que yo mismo critiqué, como lo fue la frase del retorno seguro o la vuelta a la normalidad. Fui crítico del mismo carné de salida, que era muy raro. Entonces, en parte tengo que ser de continuidad porque ingreso a un gobierno, pero en parte también tengo mis críticas. Yo no soy un ‘yes, man’, entonces obviamente que si veo algunas cosas que no me parecen bien tengo que decirlas”, aclaró ante la comisión de Salud del Senado.

Lo que hizo Paris fue dar vuelta la hoja rápidamente y marcar distancia con su postura más abierta y dialogante, con su tono conciliador. Hasta ahí todo iba bien, pero Piñera lo puso en aprietos con sus actuaciones públicas, tensionando su debutante credibilidad como ministro.

Luego del funeral de Bernardino Piñera, Enrique Paris debió expresar públicamente que “se habían cumplido todos los protocolos”, a pesar de la evidencia contraria y de la molestia y el debate público que causaron las imágenes del ataúd abierto a petición del presidente y de la nutrida concurrencia al sepelio con banda fúnebre incluida.

La escena causó particular enojo entre los deudos de los miles de muertos por coronavirus que no pudieron despedir a sus familiares de la misma forma que el mandatario a su tío. Pero eso no fue todo, una semana más tarde, el jefe de Estado nuevamente lo puso en problemas al ir personalmente a comprar licor a la vinoteca de Vitacura con su escolta en plena cuarentena.

En esta última oportunidad, el ministro se mantuvo en los márgenes de la estrategia comunicacional implementada por La Moneda para apagar el nuevo incendio y señaló que Piñera, como jefe del Estado, tiene la facultad para transitar pese a las restricciones, al reiterado “quédate en casa” que pregona su ministerio, pero más tarde viró y efectuó una crítica directa al mandatario.

“La prudencia es una de las características de cada persona. A lo mejor el presidente se va a molestar, pero, bueno, lo voy a decir: yo creo que hay que medir las consecuencias de los actos que uno lleva a cabo como autoridad”, dijo en una entrevista radial.

Es inusual, en este gobierno, que un miembro del gabinete critique a Piñera, lo que sin duda erosionó la confianza hacia el ministro, debilitó su posición entre algunos en La Moneda.

El Colegio Médico, a través de Izkia Siches, también varió de tono. Junto con presentar una propuesta concreta para cambiar la estrategia contra la pandemia.

Señaló que “ya no hay espacio para más errores”, apuntando a que la única forma de frenar los contagios es implementar un plan nacional de trazabilidad. “Creo que en el pasado fuimos un tanto contemplativos con las estrategias de Gobierno, y en este caso esperamos no cometer el mismo error. Vamos a estar dando seguimiento, presionando y participando de las distintas iniciativas que el Gobiernos nos invite”, puntualizó, dejando entrever que la disposición gremial es pasar a la acción, en la eventualidad que avancemos hacia un nuevo fracaso.

El nuevo escenario

Las alarmas se encendieron el 23 de junio. Ese día, los casos acumulados en Chile superaron los 250 mil, pero el ministro habló de “una leve mejoría en las cifras” porque el reporte diario cuantificó 3.804 contagios nuevos, el número más bajo reportado desde el inicio del mes.

La frase la reiteró los días siguientes y esto causo alarma debido al nefasto precedente que dejaron conceptos como “la meseta”, “el retorno seguro” o la “nueva normalidad” que instaló el gobierno en abril, antes de la explosión de los contagios.

Pese a esto, el ministro insistió: “en los últimos días hemos informado que las cifras que apoyan la leve mejoría se sostienen en los datos que informamos, y la evaluación de los datos a nivel nacional, son datos buenos, le duela a quien le duela”, dijo el 2 de julio apuntando a las críticas realizadas por el centro de estudios Espacio Público a las cifras que entrega el ministerio.

La duda que sembraron estas palabras apunta a que no hay claridad respecto a cuál será la actitud del ministro al momento de conjugar los intereses en juego y que se expresan como presiones desde la moneda ante el apuro por activar la economía.

Izkia Siches apuntó a lo mismo y dijo que hay preocupación por lo que pueda hacer el Gobierno para acelerar el desconfinamiento.

“Por eso hemos hecho propuestas para hacerlo de forma paulatina, regulada, y que las presiones para tomar decisiones aceleradas no terminen produciendo un rebrote como en otros países“. Pero la presidenta del Colegio Médico separó estas aprensiones de la figura del ministro: “estoy bien agradecida del cambio de conducción ministerial. El doctor Paris fue presidente del Colegio Médico y tenemos una relación mucho más estrecha que con el ex ministro Mañalich, y un diálogo muy fluido”, aseguró.

Y es que a diferencia de Mañalich, Paris parece operar equilibradamente entre el pragmatismo político y la ética. Así lo expresó ante el senado: “uno tiene que separar la ciencia de la política, yo prefiero inclinarme por la ciencia o la evidencia”.

Lo cierto es que la apreciación es coincidente en torno a que las cifras de contagios diarios disminuyen, pero todos temen que el gobierno se deje llevar por la ansiedad y la desescalada de las restricciones derive en nuevos brotes que nos obliguen a volver al confinamiento.

El comité asesor de expertos plantea que deben considerarse patrones objetivos para definir la reapertura: una tasa de positividad menor al 10%, una trazabilidad del 90% de los casos confirmandos en menos de 48 horas, una disponibilidad de camas UCI superior al 15% y un índice de reproducción del virus inferior a uno. Sólo ahí estaríamos en condiciones de iniciar un retorno verdaderamente seguro.

Esa es la prueba que deberá enfrentar ahora el ministro Paris, una prueba en la que deberá conjugar su rol de médico con la de político, la pregunta es ¿cuál de los dos primará cuando deba tomar las decisiones que el nuevo escenario exige? ¿Primará el médico o el ministro de gobierno?

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