Por Marianela Estrada
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Aparte de la crisis sanitaria que amenaza la vida de las personas más vulnerables al COVID-19, otra de las peores caras de esta pandemia tiene relación con la escasez de recursos económicos que enfrentan las familias de menores ingresos. Personas que se ven imposibilitadas de trabajar producto de las cuarentenas, que son parte del empleo informal o que derechamente fueron despedidas a causa de la crisis.

El coronavirus no afecta a todos por igual. Los adultos mayores y los enfermos crónicos tienen más posibilidad de desarrollar una enfermedad grave y esto, a nivel social, se replica.

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Son los más pobres quienes sufren las consecuencias de las medidas restrictivas aplicadas por el gobierno en su intento de frenar la propagación del virus. Tienen menos defensas a nivel de recursos al punto que a muchos no les alcanza siquiera para adquirir alimento.

Ante esto, los mismos vecinos han debido organizarse y con el apoyo de grupos de amigos buscan la manera de salir adelante.

Vecinos se organizan en Puente Alto

Hilda Benavides, Andrea Anguita y Cristián Morales viven en la Villa El Caleuche, en Bajos de Mena, comuna de Puente Alto. Ellos tres partieron entregando 40 almuerzos a los vecinos de la villa, ya van en 60 cada miércoles y sábado, “los recursos no nos alcanza para más, ojalá pudiéramos repartir todos los días”, se lamenta Hilda, impulsora de esta idea solidaria.

Ella es trabajadora independiente en Bajos de Mena, su emprendimiento se llama Productos la Divorciada, donde hace empanadas y pan amasado que comercia en el sector. Si bien cuando empezaron los confinamientos dejó de vender, dice que estaba preparada para esta cuarentena, así que pensó en aquellos que no iban a tener qué comer, así nació su grupo “locura de amor”.

“Mi amor por la cocina es más fuerte y el amor por la gente también. Entonces hablé con estas personas y les dije que hiciéramos una locura de amor por la gente que se está quedando sin trabajo y sin algo que comer, además de prevenir que el abuelito saliera a la calle a comprarse el pancito, porque también hacemos pan amasado, sopaipillas, empanadas, tengo alguien que me regala leche y las vamos a dejar a las casas”, relata Hilda.

En este momento las donaciones las hace la diputada Ximena Ossandón y el director del Colegio Australia de La Pintana, Ives González. Si más personas quisieran hacer donaciones, Hilda podría hacer almuerzos más días a la semana para quienes lo necesiten.

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“Alimentos no perecibles bienvenidos serán, no aceptamos dinero, solo comida. Se necesita lo básico, sacos de papas, fideos, harina, sal. Si más personas nos aportaran, más días haría almuerzo, se pueden comunicar conmigo al teléfono +56 9 8218 7631“, nos dice Hilda solicitando apoyo.

El vecino que organizó un comedor solidario en Lo Espejo

Orlando Cortés vive en la población José María Caro, de la comuna de Lo Espejo. Ahí entrega almuerzos a 80 vecinos que han perdido el trabajo o que se encuentran en alguna situación precaria.

Esta idea nació en la capilla María Madre de los Pobres de la misma comuna. Producto del confinamiento ya no pudieron entregar alimentos en dicho lugar por lo que Orlando, quien colabora desde los 13 años en dicha comunidad, ofreció su casa para preparar almuerzos y entregarlos.

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La gente está desesperada, se van contentos, pero yo me quedo preocupado. ¿Cómo podemos darles comida martes y jueves solamente? ¿Qué pasa con ellos los otros días? No puedo más“, dice Orlando afligido.

Reciben ayuda del Arzobispado de Santiago, pero no es suficiente, ya que sólo les alcanza para comprar los alimentos necesarios para entregar almuerzos dos días a la semana, lo que obviamente no basta para satisfacer las necesidades de todos, menos ahora, con la expansión de la cuarentena. Las personas que necesitan de un plato de comida se están multiplicando con el pasar de los días, nos explica.

Los vecinos van a buscar la comida al jardín de mi casa, ponemos una mesa y entregamos en potes de plástico que nosotros mismos damos para que sea más higiénico, atendemos con mascarilla, alcohol gel y entregamos el almuerzo a cada familia”, señala Orlando.

Quienes quieran hacer donaciones pueden contactarse directamente con Orlando a su número de teléfono el +56 9 5839 7361.

Grupo de amigos reparte cajas con mercadería

Andrés Zúñiga es kinesiólogo y trabaja en un Cesfam de la comuna de San Joaquín. Al ver de cerca la realidad de las personas que lo estaban pasando mal al quedarse sin trabajo, se dio cuenta que los meses que vendrían serían complicados. Tras algunas conversaciones con amigos decidieron crear Encaja.cl.

Este proyecto consiste entregar cajas de mercadería a familias que lo necesiten. Cada canasta tiene un presupuesto de $10 mil, lo que alcanza para que una familia de entre 3 y 4 personas tenga alimento para cinco días.

Uno a través de la página puede donar media caja, que son $5 mil, una caja, que son $10 mil y de ahí en adelante. El 100% de la donación se gasta en la caja, el resto de la logística de traslado y recurso humano corre por parte de nosotros. Es todo en base a donaciones y buena voluntad del equipo”, asegura Andrés.

Para determinar a quién entregan este alimento, se coordina con las asistentes sociales de su lugar de trabajo que le ayudan a contactar personas que realmente lo necesiten. Buscan un perfil de quienes tengan alguna dificultad económica, que hayan perdido su trabajo o que no puedan trabajar producto de la cuarentena y adultos mayores en abandono.

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También entregamos alimentos a la Fundación Cristo Especial que es de la Legua, ellos trabajan con personas con discapacidad donde habitualmente les hacen kinesiología, clases, terapia ocupacional. Ellos iban todos los días desde las 9 am hasta las 6 de la tarde y ahí recibían todas las comidas, desayuno, almuerzo y un snack, ahora como no están yendo es más difícil que lo reciban así que estamos apoyando a la fundación con cajas para ellos”, cuenta Zúñiga.

Hasta el momento, con las donaciones han logrado entregar 80 cajas con mercadería. El fin de semana entregará 15 más y con el presupuesto que tienen les alcanza para poder comprar 25 canastas más. Esperan ir repartiendo más alimentos a medida que vayan llegando más donaciones a través de su página web.

Trabajadoras sociales se organizan en Quilicura

Constanza, Valentina y Aracely se identifican como el Colectivo por la Dignidad y entregan cajas con mercadería a los vecinos de Quilicura. Todo partió de Valentina y su amiga Aracely, trabajadoras sociales con domicilio en la Villa San Enrique. Se propusieron averiguar quiénes, entre sus vecinos, enfrentaban problemas para abastecerse de comida.

En el camino se les unió otra trabajadora social, Constanza, quien ahora se encarga de la difusión de esta idea a través de su Twitter, red que les ha servido como canal para recibir las donaciones. A quienes aportan Constanza les manda fotos de la mercadería y de las boletas correspondientes para generar confianza.

La semana pasada entregamos 10 cajas, entre las 3 tratamos de gestionar lo que más se pueda, la Aracely y Valentina se encargan de recolectar esta comida, por ejemplo, nos donaron un saco de papa en San Miguel y la Valentina se encarga de ir a buscarlo”, cuenta Constanza.

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Valentina y Aracely se encargan de preguntar en el sector donde viven quienes son las personas que realmente necesitan la mercadería: “Llaman por teléfono, pregunta por el contexto familiar, si hay alguien cesante en el domicilio, cuantas personas viven, si hay adultos mayores, discapacidad, niños, esos con cómo los criterios“.

Quienes quieran colaborar con la iniciativa de estas vecinas de Quilicura puede contactarse con Constanza directamente en su Twitter o a través de su página en Facebook.

Ollas comunes y cajas solidarias

Todas estas iniciativas solidarias podrían verse como huellas históricas de lo que ocurrió en Chile a inicios de los ’80, cuando en dictadura el país enfrentó una profunda crisis económica que llevó los niveles de pobreza al 42% de la población, según las estadísticas oficiales. En ese periodo, las personas se organizaron de distintas formas para enfrentar el tema de la subsistencia.

“Se organizaban ollas comunes, comprando juntos, amasanderías populares, los vecinos se organizaban para que los escasos recursos que tenían fueran más efectivos“, recuerda el sicólogo y antropólogo Sergio González, académico de la Universidad de Santiago de Chile (Usach).

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Sergio ve la capacidad de organización territorial como un factor importante por la relación más directa y cercana que tienen los vecinos con los municipios. “Es más fácil que las organizaciones de vecinos se relacionen con la autoridad local, de esta manera la ayuda es más directa y concreta”.

El antropólogo asegura que la situación sanitaria actual todavía no llega al punto de mayor vulnerabilidad, la cual sería en los meses de invierno, cuando la cifra de contagios se dispare ya que se debieran sumar los enfermos afectados por los típicos virus estacionales como la influenza, el adenovirus y el sincicial.

Podríamos decir que lo que estamos viviendo ahora de repartir cajas de comida, es solamente una sinopsis de lo que vamos a tener en pleno invierno y una mayor prevalencia de los estragos de la pandemia en los estratos populares, lo cual debiera ser entre los meses de junio y agosto”, anticipa Sergio.

Ante ese escenario, lo más recomendable es que las organizaciones territoriales que están levantando los vecinos de los barrios más vulnerables, se organicen y trabajen con los municipios como parte de una red social en el que el Estado va a ser mucho más efectivo y potente.

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