Por Pedro Azocar

El recién nombrado canciller Andrés Allamand encarnaba a inicios de los ’90 la figura del derechista liberal, moderno, representante de una corriente renovada que pretendía dejar atrás su ligazón con la dictadura, entrando de lleno al juego político de los acuerdos, de la negociación y el diálogo que caracterizaron el gobierno de Patricio Aylwin en la primera fase de la transición a la democracia.

Un periodo extremadamente difícil, porque Pinochet seguía siendo comandante en Jefe del Ejército y le respiraba en la nuca al Ejecutivo con “ejercicios de enlace” y “boinazos”. En esos mismos años, Alberto Espina, Andrés Allamand, Sebastián Piñera y Evelyn Matthei conformaban lo que la prensa llamó la patrulla juvenil, un grupo que prometía romper con ese oscuro pasado pinochetista y que debutaba en el recién inaugurado parlamento democrático rompiendo dogmas ideológicos de su sector.

A diferencia de los parlamentarios de la UDI, hicieron algo que hoy día resultaría inimaginable: apoyaron una reforma tributaria presentada por el ministro de Hacienda, Alejandro Foxley, que contemplaba un incremento del IVA del 16% al 18% y un aumento del impuesto a la renta de las empresas del 10% al 15%. La medida era necesaria para recaudar los fondos que se requerían para saldar lo que se llamaba en ese entonces la “deuda social” heredada de la dictadura. Era junio de 1990.

El “paco Desbordes”

En esa misma fecha, Mario Desbordes, nombrado recientemente ministro de Defensa, estrenaba el uniforme de Carabineros de Chile sin cumplir todavía los 22 años.

Había ingresado a la escuela institucional en el ’87, desde donde egresó como subteniente y, tras ascender, quedó como jefe de la Tenencia de Abate Molina en Talca. Como oficial, gozaba de privilegios que están vedados a los subalternos, llegó a ser ayudante del intendente de la VII Región y pudo haber escalado hasta el alto mando, pero dejó Carabineros en el ’94 porque no le dieron permiso para casarse. La institución policial regula hasta donde puede la vida privada de sus integrantes y él no lo aceptó. Lamentablemente, su primer matrimonio duró poco. Tuvo la alegría, eso sí, de una hija y luego un hijo.

Convertido en civil, Desbordes entró a trabajar en Gendarmería, donde desempeñó funciones administrativas y asociadas a la reinserción de los reclusos. Es por este pasado en Carabineros que hoy muchos se refieren a él como “el paco Desbordes”, algo que el actual ministro de Defensa asume sin complejos: sabe que la política en Chile es clasista, que carece de pedigree, a diferencia de los integrantes de la patrulla juvenil de los ’90.

Esto se da en todos los partidos, pero aún más en la derecha, donde el colegio en que estudiaste te abre puertas o te las cierra.

Bajo esa lógica, Desbordes las debiera tener cerradas: se educó en “un liceo con número”, el A-109, hoy conocido como el Juan Gómez Millas. Es un hijo de la educación pública y, además, estudió en vespertino la carrera de Derecho en una entidad pagada que ya no existe, la Universidad La República, ligada a la masonería, donde él también milita (aunque se reconoce católico).

Los “renovados” del ayer

La derecha renovada que representaban los miembros de la patrulla juvenil en los ’90 no calza con lo que significa ese concepto en el Chile de hoy. El contexto social e histórico es muy distinto, pese a que los problemas siguen siendo casi los mismos, al igual que los protagonistas que pretenden resolverlos. Hace 30 años, cuando Chile recién iniciaba la transición postdictadura, esa derecha comenzaba a recorrer el largo camino para legitimarse en democracia, pero al poco andar, cayó presa de su propia ambición.

En 1993, Piñera y Matthei se perfilaban como candidatos presidenciales para suceder a Patricio Aylwin. RN se convirtió en el segundo partido político más votado en las elecciones municipales del ’92, con un 18,6% de los votos, lo que avivó sus intenciones de llegar a La Moneda. Esto derivó en una descarnada pugna interna donde Andrés Allamand, presidente de RN en esa fecha, obvió la obligada imparcialidad y se inclinó por Sebastián Piñera en perjuicio de la hoy alcaldesa de Providencia.

Todo culminó con el bochornoso incidente conocido como el Kiotazo, en alusión a la grabadora marca Kioto que utilizó el empresario Ricardo Claro para dar a conocer unos audios telefónicos que evidenciaban las acciones reñidas con la ética en las que incurría Piñera, para desbancar a su contrincante mediante su red de influencias.

Lo más complejo fue que la grabación la realizaron agentes del Ejército que interceptaban ilegalmente los celulares de los políticos, lo que envolvió a Matthei en una trama de espionaje que le significó la suspensión de su militancia en RN por 10 años, lo que derivó en su renuncia al partido. Los actuales dirigentes aprendieron que los cuchillos cortan deslizando el dedo por el filo de la hoja y cargan con las cicatrices.

Quienes antes fueron la patrulla juvenil hoy ya son parte de la historia política del país reciente, actores reconocidos con vasta experiencia en distintos procesos en los que debieron jugar roles significativos y miran al resto, los advenedizos, con cierto desprecio.

Acostumbrados a las grandes lides, hacen propia la frase del fallecido presidente de RN, Sergio Onofre Jarpa, para descalificar al adversario: “esta es pelea de perros grandes, no de quiltros”, dicen, pero se olvidan qué el país ya no es el mismo porque “Chile tiene corazón de quiltro”, como dice la publicidad televisiva del momento.

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Amistades peligrosas

Mario Desbordes ingresó a militar en Renovación Nacional en el año 2000. Tras salir de Gendarmería, trabajó en cargos administrativos en la empresa Lotería de Concepción. En 2007, inició un emprendimiento propio instalando locales de revelado fotográfico de la empresa Kodak Express en supermercados Líder con las que se fue a la bancarrota. El negocio no prosperó debido a la irrupción de la fotografía digital.

Radicado en la comuna de Buin, asumió como presidente local de RN. Estableció vínculos con el mandamás del partido, Carlos Larraín y con la entonces diputada Lily Pérez. Fue de esta forma que se hizo parte de la estrategia que implementó esa tienda política para ganar posiciones en la zona norponiente de Santiago, en el distrito 18, que agrupaba a Cerro Navia, Quinta Normal y Lo Prado. Desbordes pretendía representar a RN en las elecciones municipales de 2008 en esta última comuna, la idea era posicionarlo, pero para una proyección más ambiciosa.

Renovación Nacional tenía una carta casi segura en Cerro Navia que pondría en aprietos al clan Girardi. El candidato Luís Plaza era fuerte en la zona y resultó electo por amplia mayoría, no así Desbordes, que perdió ante Gonzalo Navarrete del PPD. Fue en estas lides cuando estrechó sus vínculos de amistad con el hoy cuestionado ex alcalde, investigado en el Caso Basura, por los delitos de fraude al fisco y lavado de activos.

“Soy amigo de Luis Plaza, con quien he mantenido una relación cercana y le he prestado apoyo político siempre. Espero que él, y todas las personas acusadas en este caso, puedan probar su inocencia”, declaró Desbordes a CIPER Chile en 2015.

Esta amistad le ha significado algunos dolores de cabeza al ahora ministro. Hubo denuncias que intentaron vincularlo al Caso Basura, pero estas nunca prosperaron. Plaza lo nombró su jefe de gabinete en el municipio de Cerro Navia, cargo que ocupó hasta mediados de 2009 cuando intentó ser nominado por su partido a una diputación, pero le salió una piedra en el camino: un candidato impuesto por su coalición con mucho más pedigree que Plaza y Desbordes juntos: el abogado Nicolás Monckeberg, educado en el colegio Tabancura, titulado en la Universidad Católica, con un máster en Harvard y una larga trayectoria política en RN.

Quiltros contra mastines

A diferencia de los “perros grandes” de ayer, a los que aludía Sergio Onofre Jarpa para anular a sus adversarios sin pedigree, los “quiltros” de hoy tienen habilidades que los hacen eficientes contrincantes en la nueva arena política.

Si bien no se imponen por presencia como los majestuosos pastores alemanes, saben morder donde más duele, por lo que les dicen “canilleros”. Los quiltros atacan por abajo y hacen caer al oponente dañando su base de sustentación para tumbarlos, les muerden las patas y, una vez en el suelo, el perro más fino y grande ya es presa fácil.

El quiltro tiene calle, sabe pelear en grupo y cuando es necesario mueve la cola y se hace el tierno. No por nada dicen que son los más inteligentes y fieles entre todos los perros. El quiltro que encuentra amo nunca morderá la mano que lo alimenta, saben los entendidos.

El alcalde Luis Plaza no se quedó tranquilo cuando la entonces Coalición por el Cambio le impuso a Nicolás Monckeberg como candidato en 2009. Había recibido el apoyo de Mario Desbordes para ganar las municipales en Cerro Navia y no dejaría sólo a quién ya era presidente regional metropolitano de RN. Lo apoyó incondicionalmente en la pelea interna del partido y movilizó a sus huestes.

El 23 de febrero, el jefe comunal subió un video a YouTube y habló a los vecinos de la comuna: “amigos, quiero hacerles una propuesta, presentarles a una gran persona, a Mario Desbordes, nuestro candidato a diputado por el distrito 18”, dijo.

No era menor: Plaza ganó la alcaldía con más del 52% de los votos tras derrotar al candidato del PPD, Álvaro García, egresado del Saint George’s, titulado en la Católica y doctorado en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, ex ministro de dos gobiernos concertacionistas.

Desbordes tampoco se quedó quieto e inició su campaña. La coalición resolvió dejar pasar unos meses y que ambos candidatos se posicionaran en el territorio. El alcalde Plaza movilizó a vecinos de la comuna y llegó a realizar una protesta en las afueras de la sede de Renovación Nacional en Providencia para intentar imponer a su candidato. Monckeberg tampoco la tuvo fácil en la calle, lo funaron cuando visitaba ferias libres y hubo incluso amenazas. Finalmente, la controversia se resolvió mediante encuestas.

El Instituto Libertad, a cargo de los testeos de opinión, estableció que Monckeberg tenía más opciones de triunfar que Desbordes, lo que generó la ira del alcalde Plaza, quien amenazó con renunciar al partido y declaró que no permitiría al candidato hacer campaña en su comuna. A mediados de julio, Monckeberg fue agredido en una feria libre mientras hacía campaña: simpatizantes del alcalde Plaza lo increparon, lo que derivó en un pugilato y motivo a que los feriantes lanzaran fruta sobre el barullo. Un pomelo golpeó el ojo del candidato.

Ante este escenario, Mario Desbordes se alineó con la coalición y llamó a la calma, a respetar la decisión adoptada por el conglomerado y pasó a ser parte del comando de campaña de Sebastián Piñera para las presidenciales de ese año. Nicolás Monckeberg ganó la diputación con el 27% de los votos y la renuncia de Plaza al partido fue con elástico. El jefe de campaña del electo diputado fue Andrés Allamand, el actual canciller de Piñera.

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La derecha social v/s las convicciones de la derecha

Los analistas políticos coinciden en que instalar al presidente de RN en el gabinete y a su contraparte en el partido, Andrés Allamand, es una jugada para descomprimir el conflicto interno de la colectividad y posibilitar además el reordenamiento de la coalición gobernante. Al asumir sus cargos en el Ejecutivo, ambos personeros suscribieron una tregua tácita que debiera poner fin, al menos en apariencia, a la pugna interna que mantuvieron respecto de la conducción del partido durante la crisis social que partió en octubre de 2019.

Fue en el contexto de esa crisis cuando Desbordes se enmarcó en la línea de lo que algunos definen como “la derecha social”, mientras que Allamand operó más en la lógica de “una derecha de convicciones”, de principios, que son, desde su perspectiva, irrenunciables e inamovibles.

Desbordes es de la idea de escuchar a la gente, de hecho, el 19 de octubre fue uno de los primeros en plantear al gobierno la urgencia de congelar el alza de los pasajes del Metro, chispa que encendió las protestas del día anterior y dijo que entendía el malestar ciudadano y la “bronca” expresada.

Allamand, en cambio, planteaba la necesidad de “ajustar y renovar nuestro discurso político, reforzando y no abandonando nuestros principios y valores permanentes. “Veo este último aspecto con gran preocupación, porque algunos de nuestros dirigentes están abrazando la retórica de la izquierda”, dijo a El Mercurio a mediados de noviembre, aludiendo en forma indirecta al presidente de RN.

Desbordes era partidario de avanzar hacia un sistema mixto de pensiones y de condonar parte de la deuda del CAE. En una entrevista a Vía X, expresó su mirada de las protestas: “lo urgente es recuperar la paz en el país, que es distinto a que terminen las manifestaciones, porque las manifestaciones pacíficas son bienvenidas. Mi hijo se manifiesta y yo no tengo problema con eso, al revés, lo único que le pido es que, si hay desórdenes, él tiene que hacerse a un lado para que el violento quede aislado”.

También explicó que su hijo “se manifiesta, entre otras cosas, por la pensión de mi padre, que es su abuelo, que tiene $180 mil de pensión. Él vive en Maipú, somos familia de clase media y mi hijo me dice ‘pero mi abuelo tiene una pensión de $180 mil que no le alcanza para nada, yo quiero marchar por eso”. A eso, agregó que, de no ser parlamentario, probablemente también estaría marchando en la calle.

Las controversias entre ambos referentes de Renovación Nacional continuaron y se agudizaron cuando Andrés Allamand cambió su postura inicial de aprobar una nueva Constitución tras el acuerdo Social por la Paz. El dirigente de RN se pasó a las filas del Rechazo e inició una campaña interna en el partido. Contactó a cerca de 1.500 dirigentes de todo el país para conocer su opinión sobre el plebiscito y desarrollar una campaña destinada a sumar votos en favor de su opción.

Al final, Desbordes debió reconocer que la mayoría de la base partidaria, cerca del 65%, apoyaban esta salida.

Pero las pugnas no solo fueron internas, también hubo un congelamiento de relaciones con la UDI, que llegó a acusar a Desbordes de “estar pactando con la izquierda” a espaldas del conglomerado.

El momento más dramático lo enfrentó el 24 de enero pasado, cuando se plantó en la tarima frente al Consejo General de la colectividad. “Yo no pretendo renunciar a la presidencia del partido, pero sí pongo mi cargo a disposición de este consejo, y si el consejo general quiere que yo deje de ser militante de este partido, no tengo problemas”, dijo.

Antes de continuar la frase, una ovación cerrada de la audiencia militante le impidió seguir hablando. Aparte de aplaudirlo, las bases de RN coreaban su nombre.

El dirigente mantuvo su postura por aprobar el cambio constitucional y rechazó lo que definió como las “dos campañas del terror”, apuntando a quienes amenazan con que el triunfo del Apruebo significa “que Chile se muere, Chile se revienta, Chile desaparece de la faz de la tierra” y que si gana el Rechazo “la gente va a salir masivamente a las calles a desconocer el resultado”.

Finalmente, los militantes de RN quedaron en libertad de acción para votar y entonces vino la pandemia.

Todo por un 10%

Nuevamente Desbordes se desalineó del gobierno y fue crítico de la estrategia implementada por el ministro Jaime Mañalich para enfrentar la emergencia. Discrepó de la idea de hacer regresar al trabajo a los funcionarios públicos cuando el ejecutivo instalaba la tesis de “la nueva normalidad” y disparó contra el jefe del Minsal.

“El ministro no puede seguir enfrascado en una polémica a la semana, él debe concentrarse en el tema comunicacional, en el combate al coronavirus, y no puede seguir peleando con alcaldes, medios de comunicación y un largo etcetera”, apuntó en esos días.

También se desmarcó del presidente Sebastián Piñera luego del polémico funeral de su tío Bernardino. “No me cabe en la cabeza que a alguien se le ocurra contratar músicos en estos momentos de pandemia”, aseveró, cuestionando además la cantidad de asistentes al sepelio, lo que cayó muy mal en La Moneda.

El último round ocurrió a causa del retiro del 10% de las AFP, donde Desbordes fue uno de los primeros dentro del oficialismo en plantear la alternativa “como una última opción” para subsanar los problemas económicos de la gente derivados de la pandemia. Finalmente, el diputado terminó aprobando en el legislativo la reforma que permitió el uso de estos recursos.

Este era el escenario antes de que Piñera llamara a Allamand y a Desbordes a La Moneda. Ambos referentes de RN se aprestaban a competir en la elección interna del partido programada para noviembre. El actual canciller trabajaba junto a Carlos Larraín en la conformación de una lista para hacer frente al actual ministro de Defensa en la contienda interna y todos anticipaban que la elección equivaldría a una primaria virtual en la colectividad para las presidenciales. Allamand incluso no descartaba la posibilidad de encabezar la lista para desbancar a su oponente si no había otra opción ya que éste contaba con el apoyo del otro presidenciable de RN, el senador Manuel José Ossandón. La jugada de La Moneda fue desactivar este proceso, corriendo el riesgo de trasladar a Palacio la pugna entre ambos personeros.

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El nuevo equipo del gobierno es definido como “el gabinete del Rechazo”, dado que muchos de sus integrantes son partidarios de esta opción y representan la línea más dogmática de la derecha. Allamand ya no encarna la renovación. Su mirada de la crisis social lo retrotrae inevitablemente al pasado: “inicié mi vida política enfrentando a una izquierda muy radical como la que existía en el país en los ’70 y cuando también la democracia estaba en peligro. Para mí, jugarme ahora por una solución constructiva a la crisis frente a sectores de la izquierda que son tan radicalizados como en el ’70 es una demostración de coherencia”.

Allamand logra visualizar tres posturas en la derecha. Primero, dice, están los que creen que el Apruebo es lo mejor, luego vienen los oportunistas que van donde puedan resultar beneficiados,y, finalmente, encuentra a los que han “aceptado la extorsión de la izquierda” que asumen que si gana el Rechazo el país va a estallar. Dice que estos últimos carecen de carácter y dignidad, que los segundos son impresentables y que respeta a los primeros, dentro de los cuales ubica a Ossandón y Desbordes.

Este último llega al Ministerio de Defensa sabiendo que nuevamente sentirá la mirada de quienes se sienten superiores. Los jefes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas que dependen de su cartera conocen su pasado de carabinero y siempre han visto a esa institución como una entidad de menor jerarquía. Mario Desbordes detectará sus gestos porque ya no es un cachorro en las lides de la política, sabe que puso en jaque a viejos próceres y que abrió la Caja de Pandora al cruzar la línea de los dogmas inamovibles de la derecha chilena.

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