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Fue una medida aplaudida por muchos, pero mirada con recelo por otros. Se trata del avance de toda la Región Metropolitana a Fase 4 de Apertura Inicial, un anuncio realizado el jueves por el Ministerio de Salud, que se suma a las múltiples otras comunas del país que ya se encontraban en dicho paso del plan sanitario desde hace varias semanas.

Sin embargo, surgen dudas respecto de cómo la población podría afrontar este cambio, considerando un regreso a la normalidad que, a fin de cuentas, no es tan normal. O al menos, no como lo recordábamos antes del COVID-19.

Frente a esta situación, consultamos sobre las consecuencias que esta modificación traería consigo en la sociedad a nivel psicológico. Al respecto, Guillermina Guzmán, experta en comportamiento humano, manifestó a CHV Noticias que «llegar por fin a la Fase 4, después de haber vivido poco más de un año y medio con muchas restricciones, evidentemente que es una sorpresa grata porque hay mucha gente que necesita ir hacia el exterior«.

Comer en restoranes, ir a parques o incluso acudir al cine, «son pequeños estímulos positivos de empezar otra vez a reencontrarse con el exterior desde otra mirada, porque indudablemente todo este tiempo, han sido restricciones fuertes que han modificado todo lo que veníamos haciendo».

Es decir, según planteó Guzmán, «este proceso ha tenido en muchas personas una especie de introspección, como de ir hacia dentro, darse cuenta cuál es el contexto hogar y familia que estaban teniendo y que habían dejado muchas veces de percibir».

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Pero con este avance a Apertura Inicial, «ahora se puede empezar a abrir la puerta y empezar otra vez a mirar hacia afuera, pero con este último aprendizaje realizado. Porque queramos o no, este largo tiempo de haber estado en Fase 1, 2 o 3, ha llevado a que se internalice en uno mismo quién soy yo, qué es lo que necesito verdaderamente, hacia dónde voy, cuáles son mis expectativas, y ahora es necesario empezar a reconocer en los otros qué ha pasado», dijo.

Cuáles son los sentimientos que se pueden afrontar

Intentar retomar una rutina después de haber sido restringidos en la movilidad, puede generar una serie de sensaciones que apuntan principalmente a la incertidumbre. Con el virus de por medio, muchas actividades que antes parecían tan simples como viajar en metro, comer en un local o incluso abrazarse con seres queridos, ahora están marcadas por un antes y un después, ocasionando una diversidad de sentimientos.

Así lo explicó Guzmán, quien sostuvo que «esto es como haber dejado de andar en bicicleta durante muchos años y te regalan la oportunidad de una bicicleta nuevamente. Sabes que conoces cómo hacer ese mecanismo, sin embargo, te produce una cierta ansiedad, porque, ¿cómo irá a ser esto? ¿lograré llevar bien el equilibrio? ¿lograré ir hacia la meta que quiero llegar?».

«Hago esa analogía porque también en este proceso, es lo que empieza a ocurrirnos. ¿Lograré encontrarme en vivo y en directo, en el cara a cara, con esa gente conocida y amistades que yo tenía antes que empezara la pandemia?», añadió.

Por tanto, este escenario provoca «un gran nivel de ansiedad», lo que se traduciría en que «la gente va a ir en gran cantidad a los centros comerciales, patios de comida, restoranes, cines. Va a empezar la gente a manifestar esa ansiedad de querer redescubrir para ver si todo está igual que antes, si ha cambiado o qué es lo que me ofrece ahora», declaró la experta en comportamiento humano.

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Ansiedad y sus síntomas

En primer lugar, Guzmán aseveró que «todos los niveles de ansiedad y estrés son resultado del manejo de las emociones». Por ende, «empezar a reconocer cuál es la emoción que estoy experimentando, nombrarla y ubicar en qué parte de mi cuerpo estoy sintiéndola», es el más importante paso para hacer frente a todo aquello que pueda desencadenar el avance a Fase 4 o cualquier situación se que enfrente en la vida.

Partiendo por eso, luego hay que dar pie al trabajo del flujo respiratorio, para después «empezar a racionalizar cómo ha ido desencadenándose esa emoción que me está provocando, por ejemplo, palpitaciones más aceleradas en el corazón, sudoración de las manos, un leve dolor de cabeza, que tirite el mentón o la mejilla«, entre otras cosas.

Otro de los síntomas, indicó, es el aumento de peso. «Todos sufrimos ansiedad ante este nuevo escenario y nos llevábamos todo a la boca», una situación que le ha ocurrido a la mayoría de la población. Por tanto, «si yo no soy consciente que eso me está ocurriendo, le dejo la puerta abierta y ese síntoma aumenta».

Frente a esta situación, el llamado es a ser conscientes de «qué es lo que estoy viviendo, cómo lo estoy viviendo y qué es lo que estoy asumiendo», ya que «uno puede poner un pare en la cotidianeidad y empezar a hacer un análisis interno».

Pedir ayuda

Tal vez, todos los síntomas anteriormente mencionados pueden haber sido experimentados por nosotros en más de una ocasión y no solo en pandemia. Pero, ¿cómo identificar cuando se necesita ayuda profesional?

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Al respecto, Guzmán afirmó que «uno tiene las herramientas básicas como para poder ir reelaborando el circuito y uno tiene que ser muy honesto con uno mismo«. Esa honestidad radica en el hecho de saber que «hasta aquí no más puedo llegar, pero no sé cómo trabajar más en mí, necesito que alguien especialista me ayude, me colabore».

Uno de los signos de alerta, es cuando las personas empiezan a comer más de la cuenta, o tener en paralelo «alteraciones de sueño, dolor muscular -sobre todo en las extremidades inferiores-, desajustes en momento se vigilia y sueño«, así como otros desajustes que pueden ser propios del exceso de comida.

Es decir, ante el aumento de ingesta de alimentos, «luego empiezan a autoflagelarse, provocarse el vómito y van haciendo ciertos estados de bulimia o de anorexia».

«Cuando esas cosas ocurren, uno tiene que ser tan honesto con uno mismo, y buscar ayuda«, enfatizó la experta.

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