Por Fernanda Jure

Durante dos años, Gabriela y Daniel fueron la familia de acogida de cuatro niños que, por distintas razones, no tenían un hogar donde vivir o padres que los criaran. Fue a partir de esa experiencia que la pareja dio paso a una iniciativa que diera a los pequeños la posibilidad de vivir protegidos. De esta forma nació Timoun Piti, una residencia familiar para niños vulnerados, que por orden de tribunales fueron apartados de sus familias de origen.

La casona en Pirque es ahora su nuevo hogar. Allí tienen una granja con gallinas, cuidadoras que siguen cada uno de sus pasos y especialistas para ayudarles a sortear obstáculos. “Por distintos motivos, todos los niños que tenemos ahora tienen necesidades especiales de aprendizaje o salud. Con nosotros han avanzado un montón“, cuenta Gabriela Morgado, directora del establecimiento, quien junto a su familia abrió las puertas de su hogar para recibirlos.

Su marido es tecnólogo en informática biomédica, y una de sus hijas es enfermera, ella es TENS en el área de neonatología; todos trabajan en el lugar. “Es una residencia de protección. Un lugar de acogida familiar que busca tener a los niños acá y evitar que vayan al Sename“, detalla Gabriela, quien considera que la entidad estatal no cumple con los estándares necesarios para el cuidado de los niños.

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Dos realidades paralelas

Fue en 2013 cuando Lisette Ojeda terminó su trabajo en una residencia del Sename de Puente Alto. Lo hizo luego de que el lugar fuera clausurado, debido a denuncias de maltrato de la directora contra los niños. A partir de entonces, y pese a la mala experiencia, no dejó de lado su deseo de volver a trabajar con niños. Es por ello que hoy trabaja como cuidadora de los niños de Timoun Piti. “Yo no tengo ningún tipo de profesión, lo hago por amor al arte“, asegura.

“Lo que más me gusta de todo esto es que siento que ellos sí son felices. Ellos son muy felices acá. A pesar de estar alejados de sus familias, se levantan y acuestan contentos. Acá llora una guagua y todos corremos, se enferma otra y todos nos quedamos despiertos. Es lo que uno espera al hablar de un hogar de niños: cariño, contención, sensibilidad. Creo que para trabajar en esto hay que tener empatía y vocación; los niños son muy agradecidos“, dice.

Y fue justamente la vocación la que hizo que Lisette continuara en la residencia, pese a las dificultades. El hogar, sus trabajadores, especialistas y las necesidades de los niños se financiaban con el apoyo de algunas pymes que se vieron fuertemente afectadas por el estallido social. Meses después, la pandemia azotó con fuerza. “El problema que hubo fue con los sueldos y gastos básicos. Es una casa grande. La familia creció y ha sido difícil mantenerla”, detalla.

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Y creció porque, precisamente para no exponer a los pequeños, las cuidadoras decidieron quedarse en la casona; pese a que sus turnos terminaran. Lisette fue la primera cuidadora en llegar a la residencia; y también fue la única que se quedó en medio de la crisis. “Hubo momentos muy críticos y ahí es donde está la vocación. Tuve apoyo económico de mi familia; pero si no lo hubiese tenido, me habría quedado igual“, relata Lisette.

¿Cómo ayudar?

Gabriela Paredes navegaba por Internet buscando opciones para donar ropa de su hijo. Por casualidad, llegó al sitio de Timoun Piti y llamó para ofrecer su colaboración. “A nosotros nos toca mucho el tema de los niños porque tuve un hijo autista. Uno gasta mucho y me imaginé todo lo que necesitarían esos niños. Cuando nos contactamos, nos invitaron a dejar la donación en persona. Nos tocó el corazón. Ahí decidimos hacernos socios“, cuenta.

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Ya en la casona, Gabriela afirma haberse dado cuenta de que la causa valía la pena. No le permitieron conocer a los niños en persona, para no exponerlos; eso le entregó mayor seguridad. “Es muy distinto al Sename. Es entregarles infancia, otra opción de vida“, detalla. Al inscribirse como socia, Gabriela podrá participar de actividades con los pequeños y donar recurrentemente para así sacar adelante la iniciativa que se vio afectada en los últimos meses.

En Timoun Piti residen actualmente seis niños de distintas edades. Entre ellos, unas gemelas que nacieron a las 24 semanas y que actualmente están a punto de dar sus primeros pasos; además de un pequeño cuyo pronóstico no era auspicioso, pero que ahora ya se aprendió los nombres de sus cuidadoras y también intenta caminar. La directora Gabriela Morgado cree que la residencia es una solución: “son ese estímulo adecuado, los niños podrían avanzar”.

Si quieres donar o hacerte socio de Timoun Piti, puedes hacerlo en este link.

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