El pasado 20 de abril fue un día histórico para los mercados mundiales: el precio del petróleo estadounidense se desplomó tanto que los productores ofrecían pagar a los almacenistas para que les quitaran los barriles.

Ese día, por primera vez el valor se ubicó bajo US$ 0, alcanzando US$ -1,43, la mayor caída desde que NYMEX abrió el comercio de futuros de petróleo en 1983, una considerable disminución si se toma en cuenta el cierre del viernes 17, cuando el barril se cotizaba en US$ 18,27.

Este desplome tiene principalmente dos explicaciones. Una es el término de muchos contratos de futuros del petróleo, debido a la caída en la demanda mundial. Hoy en día, a raíz del COVID-19, muchos servicios que requieren del crudo, como vuelos o fábricas, se han paralizado. Y mientras la producción mundial se mantiene cerca de los 90 millones de barriles diarios, la demanda ha disminuido en torno a los 80 millones de barriles al día, según cifras de la Agencia Internacional de Energía.

En base a lo anterior, viene la segunda explicación: cada vez está disminuyendo más el espacio para almacenar el petróleo no utilizado, razón por la que incluso muchos barcos petroleros son usados como depósitos.

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Esta situación afecta a las economías de los países productores y exportadores del crudo, como Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia, Canadá, Irán, Irak, China, Emiratos Árabes y, en el caso de Latinoamérica, Brasil o Venezuela. Muchos se han visto obligados a cancelar los planes de perforación, mientras que otros han optado por cerrar pozos activos.

Desde Capitaria, expertos en trading e inversiones, afirman que “el factor que juega el coronavirus hoy en día es algo que no permite establecer un futuro claro para el mercado global. De momento hay gran incertidumbre, porque la demanda continuaría estando presionada. El problema actual es que un ‘congelamiento’ de la actividad económica como la que estamos viviendo no tiene precedentes cercanos, por lo que podría continuar la incertidumbre en los mercados globales”.

¿Podría anticiparse un boom pretrolero?

Pese a lo violento del desplome y a que no sabemos cuánto va a durar esta situación, los economistas coinciden en algo: que no será para siempre. Tarde o temprano, las empresas tienen que reabrir y los vuelos se deben reanudar, por lo que el mundo va a volver a necesitar barriles de petróleo.

Los especialistas de Capitaria advierten que, una vez que se recupere la demanda, es posible que no haya suficiente oferta para satisfacerla y, por lo tanto, los precios se eleven agresivamente.

Según explican, el valor del crudo dependerá de cuán rápido puedan reanudar la producción las compañías petroleras. Aquellas que hayan sobrevivido a la crisis y tengan pozos sin daños, es probable que duden al tomar la decisión de aumentar sus flujos o no.

Como en cualquier industria, tomará tiempo y dinero volver a activar los suministros. Las empresas tienen que estar seguras de poder hacerlo”, agregan desde Capitaria.

De este modo, una vez superada la crisis del COVID-19 a nivel mundial, si la oferta no logra satisfacer a la demanda, bien podríamos volver a hablar de un nuevo “boom petrolero”.

Mientras tanto, por el tiempo que se extienda el desplome de los precios, Chile puede verse beneficiado, tal como lo dijo el presidente Sebastián Piñera en entrevista con CNN en Español: “A países como Venezuela, Colombia o Ecuador los golpea muy duramente, porque el petróleo es una de sus principales exportaciones. A países como Chile, que no producen y prácticamente importan todo su petróleo, los favorece”.

Precisamente, aunque nuestro país tiene una pequeña planta productora en la región de Magallanes, representa una cifra marginal del consumo de combustibles a nivel nacional. Por ello, durante este periodo es posible comprar combustible en el mercado internacional a un precio más barato.

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