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En enero de este año, el comandante en jefe del Ejército, Ricardo Martínez Menenteau, escribió una carta al presidente del Consejo de Monumentos Nacionales, Emilio de la Cerda Errázuriz, en la que expresaba “la preocupación” de la institución militar ante los reiterados rayados e intervenciones al monumento del general Baquedano.

En dicha oportunidad, incluso señalaron que, de no ser factible “garantizar su protección en la ubicación actual”, la institución estaba a favor de su traslado “a un lugar que garantice su permanente cuidado y conservación, con la dignidad que el héroe merece”.

Hoy, a meses de ello, la reactivación de las manifestaciones populares en el sector de Plaza Italia y los nuevos hechos de vandalismo de los que ha sido objeto el monumento han reactivado esta preocupación. A ello, se ha sumado el debate sobre sacar o no la estatua de su lugar.

Desde el gobierno las voces han sido dispares. El ministro vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, ha asegurado que “sacar la estatua de Baquedano de ahí es como decir que nos rendimos frente al vandalismo”, mientras que el ministro de Defensa, Mario Desbordes, señalaba que “hay que tener un poco más de profundidad del análisis” y que para su par “era bien fácil decirlo”.

Mientras las autoridades se disputan cuál es la mejor forma de enfrentar a quienes destruyen o intervienen el espacio público, en redes sociales surgieron incontables memes sobre el pintado y repintado de la estatua.

Las distintas aproximaciones de la ciudadanía y sus autoridades hace preguntarse: ¿Sabemos quién fue el general Manuel Baquedano? O más preciso, ¿por qué tiene un monumento en el punto de reunión de las personas?

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De joven militar a jefe de guerra

El 17 y 18 de octubre fueron días en que la búsqueda de “quién fue Baquedano” se disparó en Google. El buscador registró un alza notoria y puntual, posiblemente relacionada con el debate que surgió a raíz de la figura del militar.

Cristóbal García-Huidobro, académico e historiador, explica que Manuel Baquedano nació el 1 de enero de 1823, parte de una familia ligada a la cultura castrense. A sus 15 años decidió escapar de su hogar para unirse a las guerras contra la Confederación Perú-Bolivia.

“No sólo se escapa, se va de polizón en un barco que llevaba soldados al teatro de operaciones en Perú y ahí se enrola en el Ejército”, afirma. Así, serían varias las batallas contra la confederación en las que participa. Como uno más de la infantería, no tendría mayores hitos más que ganar experiencia en estos conflictos armados.

“De ahí en adelante, él no va a abandonar la carrera de las armas. En esta época no existe la carrera militar profesional que tenemos hoy, sino que era una cuestión más ‘artesanal’, a pulso. El militar se formaba más que nada con la experiencia“, agrega García-Huidobro.

Durante el siglo XIX, participaría en dos de las guerras civiles que vive el país: tanto en la de 1851 y como en la de 1859, en ambas oportunidades del bando del oficialismo contra los revolucionarios.

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Después tiene una participación en la ocupación de La Araucanía. Aquí el asunto es más complicado de lo que usualmente se tiende a mirar, porque cuando uno piensa en la ocupación piensa que ocurrió durante el gobierno de Domingo Santa María, pero en realidad el proceso es muchísimo más largo y más complejo”, explicó.

De esta manera, Baquedano sería parte del contingente militar que se envió a La Araucanía durante el gobierno de José Joaquín Pérez. “Ahí había una política del gobierno de enviar colonos“, añade.

Ya en 1876 se convertiría en general. Por ello, cuando estalla la Guerra del Pacífico debe asumir la comandancia de la caballería. Sin ser un conocido estratega militar, obtiene victorias en Tacna, lo que provocó la retirada de Bolivia del conflicto; a las que seguirían Arica, Chorrillos y Miraflores, tras las que se toma Lima.

“Uno tiende a pensar que Baquedano fue general del Ejército toda la guerra y en realidad estuvo como un año, porque pasa a retiro en 1881. También era porque Baquedano era una figura demasiado popular para su propio bien, y además lo estaban coqueteando los líderes del Partido Conservador y algunos liberales para que se convirtiera en presidente de la República”, asegura el académico.

Sin embargo, a pesar de su popularidad entre los mismos miembros del Ejército chileno, “la crítica que se le hace a Baquedano -cosa que no comparto porque no estaba en su poder evitarlo- es el saqueo a Lima“.

Agencia UNO

Un monumento en conmemoración

Habiendo muerto en 1897 tras dos periodos como senador del país, incluyendo su paso temporal al mando del gobierno, el régimen dictatorial de Carlos Ibáñez del Campo decidió conmemorar en 1928 la Guerra del Pacífico con un monumento ecuestre en honor al militar.

Montado en Diamante, su caballo favorito, la figura de Baquedano es un trabajo del escultor Virginio Arias mediante la cual el régimen de Ibáñez buscaba recordar a uno de los símbolos del conflicto armado contra los países vecinos del norte.

Previamente, el sector ya había recibido los nombres de Plaza La Serena como homenaje a la urbe de Coquimbo; Plaza Colón por los 400 años de la llegada a América; y finalmente Plaza Italia, luego que para el centenario de la independencia  de Chile el gobierno italiano donara el Monumento al Genio de la Libertad y fuera ubicado frente a lo que era la estación ferroviaria Pirque.

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Sin embargo, en 1928 la plaza sería remodelada y la también llamada estatua de “el ángel y el león” sería movida hacia el norte y en su lugar se ubicaría el monumento al comandante en jefe.

El monumento a Baquedano, sin embargo, no sólo lo incluye a él, sino también a un soldado de infantería en guardia y a una mujer, que representa a la República, que le entrega una corona de copihues y laureles, símbolo de agradecimiento.

Agencia UNO

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