Agencia Uno

Nadie está ajeno a la realidad de las casas y departamentos de las comunas más tradicionales de Chile, mucho menos las candidatas que resultaron electas en Santiago, Ñuñoa y Viña del Mar.
Junto al deterioro de barrios típicos y viviendas a mal traer, Irací Hassler, Emilia Ríos y Macarena Ripamonti han denunciado el mal manejo que han tenido las administraciones anteriores con los permisos otorgados a las inmobiliarias, que han plagado de edificios zonas que difícilmente estaban preparadas para aumentar su densidad poblacional.
Con la elección de estas nuevas figuras políticas, ¿cambiará el panorama en estas tres comunas?
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La cruda opinión de las nuevas alcaldesas

Una de las sorpresas en estas elecciones fue la victoria de Irací Hassler (PC) sobre Felipe Alessandri (RN). La economista, que asumirá junto a los demás alcaldes electos el 28 de junio, ha manifestado una opinión bastante crítica en relación al trabajo del municipio con las inmobiliarias. En su programa comentó: «Los barrios históricos han sufrido el abandono, un progresivo deterioro y la amenaza de los intereses y la especulación inmobiliaria, convirtiéndose en verdaderas zonas de sacrificio».
Opiniones parecidas son las que manifestaron Emilia Ríos (RD) y Macarena Ripamonti (RD) en Ñuñoa y Viña del Mar, respectivamente, quienes señalaron en campaña que las inmobiliarias han interpuesto sus propios intereses por sobre los de sus barrios. La segunda candidata electa llamó a esta situación como «depredación inmobiliaria» en su cuenta de Facebook.
El experto inmobiliario Sebastián Yáñez Quezada, explica que, en Chile, especialmente en Santiago, existe un grave problema con el espacio: «Me sorprende la pequeñez de las viviendas en la Región Metropolitana. Eso es algo que netamente está determinado por los planos reguladores municipales, que por largos años han permitido la construcción de propiedades poco espaciosas con un alto costo asociado».

El panorama inmobiliario en la Región Metropolitana

Según un reporte de Gfk Adimark del año pasado, de 2010 a 2020 la superficie promedio de los departamentos se redujo en un 18%, vale decir, pasó de 63,6 m2 a 52 m2. Adicional a esto, el valor de estos inmuebles aumentó de gran forma llegando a un +118%.
En pandemia se pudo haber pensado que la situación cambiaría, pero según demostró un análisis realizado por la consultora británica Knight Frank, en 2020 Chile fue uno de los países que más aumentó el valor de las viviendas en el mundo, superando a países como España e Italia.
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¿Es sano vivir en un espacio tan reducido?

Diversos artículos médicos han descrito los problemas que pueden surgir de vivir en espacios tan pequeños. Dejando de lado las consecuencias higiénicas del hacinamiento, la Organización Mundial de la Salud explicó en 2018 que desarrollar una vida en viviendas con estas características puede causar daños en la salud mental de las personas, generando sensaciones de tristeza y estrés.
Esto en pandemia puede ser peor aún: «Es cosa de ver cómo varias familias han emigrado de la Región Metropolitana para vivir en parcelas de agrado. Quieren un espacio más digno para vivir, un lugar en donde puedan descansar del bullicio de la capital y poder jugar en el patio con los hijos los fines de semana. Es bueno para las personas contar con un espacio más grande para realizar su vida diaria, mentalmente hablando», sostiene Sebastián Yáñez Quezada.

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