Por Julio Sánchez
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El terremoto del año 2010 generó un remezón tan fuerte como el propio megasismo respecto del funcionamiento de los organismos de emergencias como el SHOA y la Onemi. Hasta ahí, eran entidades cuyo funcionamiento en precarias condiciones generó errores garrafales que costaron vidas.

Este jueves les mostramos cómo el SHOA sacó lecciones de esta tragedia, modernizando por completo todo la operatividad, en personal y equipamiento, algo impensado hace 10 años atrás.

En este caso revisamos si esas lecciones del pasado se replicaron o no en la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior, la más cuestionada tras el terremoto 8.8, y que incluso fue objeto de burlas y ridiculización en un programa de humor en televisión, por su papel jugado en el terremoto.

¿Cómo reaccionaría hoy la Onemi si se repitiera un escenario como el de hace 10 años atrás? El primer cambio con el que nos encontramos es su edificio, pues ya no es el mismo de hace una década.

Diez años atrás, el principal edificio en el que se abordaban las emergencias de uno de los países más sísmicos del mundo no tenía un sistema de construcción antisísmico. Algo básico pero que acá no existía. Hoy, se construyó un nuevo inmueble acorde a las necesidades de estos tiempos.

Hoy, este es uno de los edificios más seguros de Chile, si de terremoto se refiere.

La modernización también vino con los sistemas de antenas. Así funcionaban antes estos implementos, casi amarrados a las murallas con un sistema muy precario.

Además de la infraestructura, se realizó un cambio operacional completo, creando oficinas regionales que antes del 27F no existían, con personal operativo las 24 horas. Aquello, durante el terremoto, hubiese sido de vital importancia para saber lo que ocurría en regiones posterior al sismo.

También se incorporó sistemas de videconferencias con las provincias, respaldados por satélites en caso de que el sistema de comunicaciones se caiga.

Modernización de sistemas que en caso de que fallaran, tiene respaldo para seguir funcionando. Incluso, adquirieron un camión que en caso de emergencia puede suplir las funciones operativas que tiene la sala del centro de alerta temprana

Pero los aprendizajes también llegaron a las normas de construcción. Sin embargo, respecto del borde costero es donde pareciera hemos avanzado menos.

¿Existe un cambio real en la política habitacional sobre el borde costero? Parece que no, y es lo que algunos expertos piden se pueda regular, no sólo por la erosión que generan los proyectos inmobiliarios en las playas, sino también por el riesgo de vivir en zona de tsunami.

Desde el Gobierno, junto con asegurar que elaboraron un plan para dar solución habitacional a 224 mil familias afectadas por el terremoto, dicen que implementaron programas para reparar viviendas y recuperar ciudades afectadas. Sobre la construcción en el borde costero, no hay una política macro que haya cambiado.

Respecto de Dichato o Constitución, por ejemplo se han creado parques de mitigación que controlan el impacto del mar en caso de una emergencia. Son los planes reguladores de cada comuna los encargados de definir si en ciertos lugares del borde costero se puede o no construir.

Es que el terremoto obligó a todos los chilenos a replantearse cómo evitar o disminuir los daños que deja una tragedia así. La industria del vino, por ejemplo, perdió casi el 25% de la producción para el 27F. Eso motivó que unos investigadores comenzaran a desarrollar cavas antísimicas que permiten contener y evitar que el licor se pierda producto del movimiento telúrico.

Ideas como estas se replican también en otros rubros. Prueba de que hace 10 años atrás, la Tierra hizo que volviéramos a pensar las cosas, para evitar los lamentables resultados que dejó el terremoto del 2010.

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