Por Julio Sánchez
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Fue el octavo terremoto más fuerte de la historia de la humanidad y ocurrió en Chile hace 10 años. El 27F no sólo dejó una estela de destrucción y muertes a su paso, sino que significó un remezón total en el sistema de emergencias del país.

La madrugada del 27 de febrero de 2010 en las dependencias de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (Onemi) se mezclaron una serie de errores y descoordinación que costaron vidas.

A esto se sumó la falta de equipos apropiados para la situación, dando cuenta que el terremoto no sólo madrugó a quienes perecieron esa noche, sino también a las autoridades que no sabían qué hacer.

“El terremoto del 2010 fue un punto de inflexión en la forma en que Chile enfrentaba las emergencias”, dijo el actual director nacional de la Onemi, Ricardo Toro.

“Después de que pasan las cosas se sacan muchas conclusiones y creo que una de las cosas fundamentales y que nos preocupamos hoy día de asegurar, son las comunicaciones”, dijo Patricio Carrasco, director del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA).

Ambos son los directores de los organismos que fueron más cuestionados tras el fatal terremoto y pueden dar cuenta del antes y el después que tuvieron la Onemi y el SHOA.

Oficinas del SHOA en 2009.

Tres computadores, un teléfono y una radio de comunicación. Esos eran los implementos con que contaban en las oficinas del SHOA aún cuando el nuestro es uno de los países más sísmicos del mundo. “Era lo que había”, dice Carrasco una década después.

Pero si algo ocurrió tras el 27F es que las instalaciones del SHOA cambiaron para mejor. Pantallas con lo que registra el Centro Sismológico en tiempo real, teléfonos con línea directa a distintos organismos internacionales y una sala alternativa, disponible en caso que falle la principal, son algunas de las mejoras.

Oficinas del SHOA en 2020.

Pero no sólo se avanzó en tecnología, sino también en capacitación para quienes son los encargados de dar una alerta de tsunami. Estas salas y sus trabajadores permiten emitir un boletín detallado en cosa de 5 minutos.

Asimismo, hoy se cuenta con cinco boyas que permiten determinar la posibilidad de tsunami tras un sismo. En 2010, cuando ocurrió el terremoto, sólo existía una, y no se encontraba habilitada.

Oficinas del SHOA en 2020.

Al igual que en el caso del SHOA o la Onemi, las construcciones también experimentaron cambios. El edificio Emerald de la comuna de Ñuñoa fue uno de los símbolos de los efectos del terremoto, al inclinarse levemente y obligar a la evacuación de sus residentes. Esto derivó en que hoy los estudios de mecánica de suelo sean más exigentes.

¿Cuáles fueron los cambios que vivió la Onemi? Lo revisaremos en la segunda parte de este reportaje este viernes desde las 20:30 horas.

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