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Enrique Pérez Alegría, es artesano y es nacido y criado en Chimbarongo, la comuna conocida por su trabajo en mimbre y que en plena pandemia sufre las consecuencias del coronavirus.

“Las ventas han bajado mucho”, dice este hombre que se dedica hace 40 años a la confección de artefactos con la fibra natural.

“Esto necesita harto esfuerzo”, sentencia el artesano Enrique Toledo. “La gente cree que a veces estas cosas se hacen con máquina y no, es el esfuerzo de uno”, indica.

Si hay algo de lo que sabe Enrique es trabajar con mimbre. Este artesano desde hace más de 20 años reconoce que aún mantiene una clientela fiel, que ha bajado, pero que le permite sobrellevar la pandemia. Sin embargo, hace hincapié en que el precio del mimbre se ha disparado. “Es carísimo”, lamenta.

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Con el principal productor de la zona prefiriendo exportar sus productos, los artesanos locales han buscado alternativas para trabajar sus propias plantaciones. Intentaron conseguir un terreno, pero la sequía frenó sus planes.

“La artesanía viene cada vez más abajo y nuestros hijos no tienen ganas de trabajar en esto. La familia se deja de lado por estar metido aquí trabajando”, sostiene Enrique.

El artesano Luis Alarcón cuenta que en dos meses no ha vendido nada, con suerte 30 mil pesos. No sabe usar internet y la única forma de vender es por teléfono, muchos factores en contra para sacar adelante la venta de sus obras.

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