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Cada año decenas de personas provenientes desde distintas partes del mundo llegan a Avene, una localidad ubicada al sur de Francia, para aliviar sus dolencias dermatológicas.

Las propiedades de las aguas termales se popularizaron hace más de dos siglos, cuando un caballo con alopecia y eczemas en la piel se curó completamente tras sumergirse en el manantial.

Desde ese momento, personas enfermas -mayoritariamente que sufren de dermatitis atópica y psoriasis, o que han sufrido quemaduras- que buscan aprovechar las facultades curadoras de las aguas.

En 2016, una fundación que traslada a niños a Avene, benefició a menores chilenos para que recibieran el tratamiento de sus enfermedades. Este 2017, la idea se repitió.

Dos niñas chilenas, una con una grave dermatitis atópica y otra que sufrió quemaduras tras un accidente con una estufa, recibieron el tratamiento y vieron en primera persona la evolución.

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