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A las 00:00 horas del viernes 16 de octubre, Augusto Pinochet fue detenido mientras se encontraba convaleciente tras someterse a una operación por una hernia lumbar en The London Clinic. Se encontraba internado cuando llegó Scotland Yard con la orden de captura internacional que había emitido un juez español.

La detención de Pinochet tuvo varias aristas. Por una parte lo que sucedía en Inglaterra; por otra, las reacciones en Chile; pero además, desde España aquel juez seguía atento la noticia. Baltasar Garzón (62) era el nombre del hombre que había puesto la firma en la orden de arresto que pretendía iniciar los trámites de extradición del -por ese entonces- senador vitalicio para juzgarlo por los crímenes cometidos en nuestro país.

A exactos 20 años de aquel hecho que marcó la transición, CHV Noticias viajó hasta Madrid para hablar con el hombre clave del caso Pinochet. Un jurista español que se desempeñaba como juez de la Audiencia Nacional y a sus 42 años era conocido entre los españoles por su valentía y decisión en importantes juicios en contra del narcotráfico, el terrorismo y la corrupción.

Hoy, tras una polémica y discutida sanción que lo sacó del Poder Judicial, Garzón preside su propia fundación en pro de los derechos humanos y viaja por el mundo dictando seminarios y asesorando numerosos países y organizaciones.

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“Las víctimas recibieron parte de justicia”

Macarena Pizarro entrevistó en exclusiva a Baltasar Garzón sobre la bullada detención de Pinochet. En la conversación, el jurista confiesa que nunca estuvo preparado para este hecho ni mucho menos lo anticipaba.

“Yo no llevaba de forma inmediata la investigación sobre Chile, por tanto lo mío era más urgente en relación con la dictadura de Argentina (…) mi intención había sido tomar una declaración a Augusto Pinochet, nunca una orden de detención. No lo hice creyendo que fuese a tener éxito, porque era más bien improbable que se aceptara esa orden”, explica.

Es por ello que cuando le avisaron que la policía había estimado en primer término la orden de detención y la llevaban ante el juez, no lo podía creer: “me empecé a preocupar seriamente por lo que se me venía encima”.

Al rememorarlo, el español asegura que “hicimos lo que teníamos que hacer en ese momento” y que lo recuerda como “una aventura judicial importantísima y como una lección de vida”. Aunque la extradición no se concretó -por orden del ex ministro del Interior británico, Jack Straw- y una vez en Chile, Pinochet murió antes de ser sometido a un juicio, Garzón piensa que las víctimas “recibieron parte de justicia”.

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Las consecuencias para el juez duraron más allá de los 503 días que el ex dictador estuvo detenido. Los testimonios de torturas y violaciones que escuchó durante el proceso lo marcaron de por vida.

Amenazas, detenciones e incluso un presunto intento de atentado, marcaron sus años posteriores: “tuve que suspender un viaje porque había un plan urdido para acabar conmigo y con mi familia”. Cuando viajó a Chile en 2006 la gente lo increpaba en las calles.

“No es cuestión de colonización, es cuestión de justicia”

Mientras Pinochet permanecía detenido en Londres, el ahora presidente Sebastián Piñera levantaba una férrea defensa desde Chile, donde aseguraba que “el senador Pinochet y su familia están viviendo tiempos difíciles”. En un discurso que realizó en la época, le decía directamente al juez Garzón: “que lo entienda muy bien, Chile ha sido, es y será siempre un país libre y un país soberano”.

“Estoy de acuerdo con él, ha sido siempre un país libre y soberano, salvo cuando estuvo bajo la dominación española. Pero no se trata de eso. No es cuestión de colonización, es cuestión de justicia“, le responde 20 años después Garzón. Y va más allá:

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“No he oído ninguna palabra de este mitin del señor Piñera donde nuevamente se refiriera a las víctimas, ¿qué esfuerzos ha hecho él para que la justicia se implemente, llegue hasta el fondo y la verdad responda?“.

Recuerda, finalmente, el momento en que Pinochet llegó a Chile y se paró de su silla de ruedas. El juez había hecho una apuesta y la ganó: “sabía que lo iba a hacer”.

Era una ofensa a las víctimas. El problema es que todavía hay mucha gente que no las considera víctimas”, concluye.

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