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En medio de los gritos, del desorden, de los saqueos, de las piedras y los balines, sólo Bomberos parece tener el derecho de transitar libremente por las calles de Santiago.

Policías y manifestantes hacen un alto en su lucha a medida que el carro avanza por la ciudad. Incluso despejan barricadas y los ayudan a operar en terreno.

Durante los días de estado de emergencia, los funcionarios salieron de sus cuarteles sin saber a qué se enfrentaban. Recibieron más de 1.756 llamadas telefónicas, sin embargo, la historia y las circunstancias los convirtieron en actores fundamentales de la crisis social que atraviesa Chile.

“En un minuto estábamos en un incendio y partíamos a otro y así estuvimos durante casi toda la noche del viernes. Estuvimos dos días seguidos, tres días seguidos en el cuartel”, afirma un voluntario.

Los incendios del Metro de Santiago fueron los primeros en poner a prueba la labor de Bomberos. 20 estaciones del tren subterráneo se quemaron casi simultáneamente.

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Desaparecer entre el humo

19 de octubre y la estación de Metro Departamental, en la comuna de San Miguel, ardía por completo. “Nosotros pensamos que lo peor había pasado y que la noche del viernes había sido la más violenta” dice un voluntarioEse sábado acudieron a 85 emergencias en Santiago. Lo normal eran 15 diarias.

“Nos tocó salir a una emergencia en la estación del Metro Departamental. Se veía a una cuadra una multitud de gente y nos bajamos una cuadra antes con cuatro bomberos y empezamos a caminar. Inclusive le pedí a los que iban conmigo que no llevaran nada en sus manos, sólo el equipo puesto”, relata Humberto Espinoza, del cuerpo Metropolitano Sur.

La actitud precavida de Humberto se debía a que ellos no sabían si los manifestantes iban a dejarlos trabajar en el lugar.

“El primer día tuvimos dos bomberos lesionados producto de una turba que atacó uno de nuestros vehículos. Fue un hecho aislado porque, si bien cuando se dieron cuenta que eran bomberos ellos mismos los empezaron a proteger, en un principio los apredearon”, comenta Leonardo Marchant Riveros, 2do comandante de la Compañía Metropolitana Sur.

Sin embargo, la sorpresa de Humberto en San Miguel fue grande. “Nos empezamos a acercar a la gente y en ese momento se acerca una persona que nos dice ‘vayan tranquilos que no les va a pasar nada’“, sostiene.

Las personas efectivamente apoyaban a la institución. “Nos decían, por favor no vengan todavía porque hay una lluvia de balas”, detalla uno de los funcionarios.

Uno de los voluntarios que llegó a la emergencia en la estación de Metro relata que su padre y otro funcionario ingresaron y desaparecieron entre el humo.

“Después salió fuego desde la misma instalación, entonces ahí nos empezamos a apurar, empezamos a bajar mucho material y ver si nuestros compañeros estaban bien abajo. Ese fue el momento que marcó todo esto”, sentencia.

Pese a que los siniestros en Metro preocupaban a los usuarios, los incendios más complejos de enfrentar fueron los que afectaron a supermercados y bodegas. Al menos doce personas murieron entre las llamas.

“La verdad es que fue demasiado. Estábamos con un supermercado ardiendo completamente, una farmacia, una estación de servicio, luego una sucursal de una AFP”, asevera José Figueroa, comandante del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa.

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“Bomberos siempre va a estar”

Domingo 20 de octubre. Jornada crítica. Hubo 339 incendios sólo en la Región Metropolitana y comenzaron a repetirse en regiones.

Sobreponerse al cansancio era una tarea diaria. Cuando terminaban su labor en un siniestro, regresaban al cuartel para dejar el equipo listo en caso de ocurrir una nueva emergencia.

La carga emocional es fuerte y detrás de sus uniformes hay civiles, estudiantes, ejecutivos, oficinistas, ingenieros. Personas de todas las profesiones y de todos los colores políticos.

34 voluntarios resultaron heridos durante sus labores en terreno, sin embargo, la gratitud de la población lo compensa todo.

“Ha sido super emocionante pasar y ver el aprecio que tiene la gente hacia uno. Dejan la rabia que pueden tener en ese momento de estar manifestándose. Dejan de lado lo que están haciendo para darse vuelta y aplaudirle a los Bomberos. Es como un pago para lo que hacemos día a día”, señala Antonio Ramos, bombero de la 4ta Compañía de Ñuñoa. 

“El aplauso, los gritos y el cariño es realmente emocionante. Tengo casi 50 años en Bomberos y creo no haberlo visto jamás”, rememora Patricio Muñoz, voluntario de la misma compañía.

El comandante del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa es enfático al decirle a la gente que “tenga la seguridad que sus Bomberos siempre van a estar y que nosotros hemos estado en las peores catástrofes del país. Bomberos de Chile siempre ha estado presente. Sólo reafirmar nuestro compromiso con la institución, que cada vez que algún ciudadano nos necesite, siempre vamos a estar dispuestos a servir a nuestro país”.

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