Por Alejandro Vega
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A un mes del cierre de la investigación por el crimen de la joven Paola Alvarado, ocurrido en 2018 en Curacautín, su cuerpo aún no aparece. Pese a que el autor del crimen está confeso y dice que ha cooperado para aclarar el caso, todo indica que no ha señalado el lugar donde realmente escondió el cuerpo.

Paola era una escort que llevaba una semana trabajando en la zona. Durante varios días recibió las llamadas de un cliente que la convenció de tomar un bus para viajar a Curacautín. La recogería en el terminal de buses, cerca de las 21:00 horas.

Su mamá, Nancy Cortez, no alcanzó a despedirse de ella. “En el colegio nunca tuve problemas con ella, porque era muy ordenadita. Ella en 1º Medio quedó embarazada y siguió estudiando y sacó su técnico en administración de empresas”, comenta cuando la recuerda.

La razón de su ausencia, sin embargo, era distinta a la que conocía su familia, pero la verdad quedó registrada en el último mensaje de voz que la víctima le enviaría a una amiga: “me llamó un tipo el otro día porque quería pasar su cumpleaños, que quería toda la noche, que cuánto le cobraba, que él cuida ahí las cabañas (…) y me convenció, hueona”, dijo Paola en el audio. En el mismo aseguraba que le generaba “confianza”.

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Nancy Cortez, mamá de Paola Alvarado, en el lugar donde se encontró una de sus zapatillas. 

La ubicación de esta joven madre todavía es un misterio. Su cuerpo pudo ser arrastrado por la corriente o enterrado en algún lugar de la boscosa zona lacustre. El hombre que estuvo con ella reconoció que la asesinó, por lo que hoy se encuentra en prisión preventiva a la espera del juicio.

Esta es su confesión: “avanzamos hasta camino a Tolhuaca y me estacioné unos metros antes de bosque nativo en unos pinos, y le dije que todo lo que le había dicho era mentira, es decir, que no la iba a llevar a las cabañas y que no había alcanzado a reunir el dinero que me pidió, por lo cual se molestó y le dije que sólo tenía $120 mil, por lo que me dijo que para eso ella sólo me podía hacer sexo oral”.

“Comenzamos a forcejear y a pelear, cayendo al suelo, entonces mientras la tenía aferrada a mí, tomé un palo y la golpeé en la cabeza como dos o tres veces. Luego de eso, se quedó media aturdida, saqué un cuchillo cocinero, cortándole el cuello y luego dándole unas puntadas en el mismo lugar“, confesó.

En su relato, el homicida detalla que escondió el cuerpo en el maletero del vehículo, trasladándose hasta el Puente Dillo y que entre medio de las barandas arrojó su cadáver completamente desnudo a las aguas del río. El registro telefónico del imputado, Erwin Aedo Soto, demuestra que tras reunirse con la víctima sostuvo varios contactos con su propia madre, Inés Soto, antes de la medianoche.

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“Yo lo llamaba y él me decía ‘ya, mamá, luego voy a llegar’”, relata Inés a CHV Noticias. Recuerda que “llegó mojado, pero porque estaba lloviendo. Llegó como siempre, entró, dejó su celular en la mesa, pero parece que no era él, la cara así pálida, de frío, qué se yo”.

Es justamente el celular del imputado el que ha permitido contradecir su propia confesión de haber arrojado el cuerpo desde el Puente Dillo, donde buscó intensamente la Brigada de Homicidios. Las coordenadas del teléfono lo geolocalizaron en otro sector, ubicado 20 kilómetros río arriba, en el Fundo Los Prados. 

Ahí, en presencia de Nancy, la ONG de Salvamento, Ayuda y Rescate, encontró los primeros indicios de Paola Alvarado: una zapatilla. La madre asegura que la PDI no fue al lugar a levantar la evidencia, sino que le pidieron que llevara el calzado a Temuco.

El sector es cercano al lugar de trabajo de Erwin Aedo, obrero forestal del Fundo Los Prados. Allí, confiesa haber quemado el celular de Paola en una estufa de la casa de los trabajadores, hasta donde ha llegado el repudio por el crimen de Paola por medio de protestas.

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Para el abogado Alexander Schneider, quien defiende al homicida, el imputado ha cooperado con la investigación al señalar el lugar donde supuestamente arrojó el cuerpo, descartando que haya existido una premeditación; algo que contradice la Fiscalía porque Erwin Aedo llevó un cuchillo cocinero entre sus ropas antes de recoger a la mujer que se convertiría en su víctima. 

Para Inés, su hijo fue obligado a autoinculparse: “cuando ya fue tanta la presión, él dijo ‘ya, yo fui’. Hasta uno de la PDI le pegó, le dio un palmetazo en la cara. Yo le digo ‘¿por qué no dejaste que te pegaran no más?’”.

Y para Nancy, el hallazgo de Paola es el único camino para cerrar el duelo: “aunque tenga 150 años preso, voy a estar sin mi hija y voy a tener que vivir con eso toda la vida, hasta que yo me muera”.

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