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Si hablamos de la comuna de Curacaví, es inevitable evocar su chicha, sello que ha dado la fama a esta zona por años. Situado entre Santiago y Valparaíso, siempre tuvo un constante flujo de personas.

Julio Silva, presidente de la Asociación Gremial de Chicha de Curacaví, recuerda que antes el transporte no era tan expedito, lo que convertía a la comuna en un lugar de detención para viajeros que se movilizaban entre regiones.

“Se bajaban, compraban dulces chilenos, chicha. Era un comercio más criollo en aquellos años“, agrega.

Sin embargo, para los chicheros este legado ha sido difícil de mantener. Las generaciones que la producían han ido muriendo, y son pocos los que continúan con la tradición. Así, son casi malabares los que deben hacer para esta bebida típica no desaparezca.

A esta realidad se suma la pandemia que sólo dificulta aún más la comercialización de la chicha de Curacaví. “En abril tenemos la fiesta de la chicha aquí, que nos ayuda a todos los chicheros a vender nuestros productos y poder vivir los meses que quedan hasta septiembre donde podemos terminar con la chicha“, comenta Segundo Dayne, dueño de una productora de chicha.

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Son estas dos fechas clave, abril y septiembre, las únicas con las que cuenta este derivado de la uva para su venta, cuyas ganancias son para todo el año.

La Fiesta de la Chicha de Curacaví este año fue suspendida, dejando en una situación crítica a los chicheros, quienes ponen toda su esperanza en las posibles ventas que traiga ahora el mes de la patria.

En ese sentido, Julio Silva señala que no esperan regalos de parte del Estado, pero sí “algún espaldarazo” que permita cruzar este difícil año.

Juan Catalán es dueño de otra productora de chicha. En su caso, el cargo lo asumió tras la muerte de su padre, pero ya era algo en lo que se proyectaba al ser la tercera generación que vive de esta tradición.

“Pasamos este invierno con hartas penurias. Complicado. Pero siempre con el pecho adelante”, afirma. Esto, pues al complejo escenario para comercializar la chicha este año también se suma la menor cantidad de cosecha producto de la sequía.

Tal es la importancia cultural de esta bebida que la máxima autoridad de gobierno, el presidente de la República, la bebe desde un cacho al momento de iniciar la Parada Militar, que por la crisis sanitaria no se realizará este año.

Por lo mismo, ya se manejan estrategias para comercializar los litros de chicha que han producido este año en la comuna. Para ello, Juan Pablo Barros, alcalde de Curacaví, asegura que se encuentran trabajando en los protocolos sanitarios que permitan llevarlo a cabo sin que implique un riesgo de contagio.

A pesar del difícil 2020 para el rubro, afirman no sentirse derrotados, conscientes de que sus antepasados también tuvieron que superar tiempos complejos, por lo que piensan seguir luchando para que la chicha se mantengan vigente en nuestras raíces.

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