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Se acercan las fiestas de fin de año y con ello las comilonas, excesos en comidas y bebidas y, con ello, problemas de alimentación.

Lo malo de la comida chatarra es lo bien que sabe la mayoría. “Hacen mal para la salud pero el sabor lo compensa todo”, dice un comensal. Las cifras son alarmantes: un 70% de la población en Chile presenta obesidad o sobrepreso.

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Camila Corvalán, investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, explica lo que pasa en el cerebro cuando comemos alimentos poco o nada saludables. “Por un lado tenemos una serie de nutrientes que son perjudiciales para el organismos y, por otro lado, una serie de señales que lee nuestro cerebro para que sigamos consumiendo más y más de estos alimentos y entonces sigamos excediendo las recomendaciones de calorías y engordando”.

Entre uno y tres kilos es el aumento promedio como consecuencia de los excesos en las comidas de las festividades de fin de año. Esto gracias a que algunas hormonas hacen de las suyas cuando no controlamos lo que comemos y, pese a que las cantidades son generosas, en muchos casos el hambre regresa rápidamente.

La leptina es la hormona que nos genera saciedad, y la grelina es la hormona que nos da ansiedad, que nos da ganas de comer mucho más. Cuando baja la comida, por el proceso de digestión que tarda unas cuatro horas, y va a volver a estar la grelina si es que vemos los alimentos”, explica Katherine Larraguibel, nutricionista y directora de la Clínica DYET.

La clave podría estar en ayunar, ya que muchas veces un antojo se puede convertir en una costumbre nada saludable que se conoce popularmente como “comer por comer”.

Todo está en el cerebro. La nutricionista Larraguibel asegura que se pude entrenar al cuerpo para producir más leptina y esta a su vez produce la hormona dopamina, que es la hormona del placer.

 

 

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