Por Marta Escalona
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No hay peor crisis sanitaria en Chile que el tema de la salud mental. Incluso podríamos decir que tenemos una epidemia”.

Así de categórico es el psiquiatra Alberto Larraín, director ejecutivo de Fundación Pro Cultura. Y sus palabras resuenan con las cifras, ya que 10% de la población mundial tiene síntomas depresivos: en Chile esa cifra sube a 16%.

La mayoría de las licencias médicas son por depresión y en el sistema público no hay capacidad para cumplir con la cobertura.

Uno va al consultorio, saca su hora, pero las horas demoran mucho, la gente se demora mucho en ser llamada“, comenta una vecina de Bajos de Mena.

Un dato no menor, es que las mujeres con menos poder adquisitivo son las más afectadas por enfermedades mentales.

En el sistema privado de salud, la enfermedad mental puede afectar la economía de una familia, agobiando tanto al enfermo, que muchas veces desiste del tratamiento.

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Katherine Poblete, quien tiene diagnosticado un trastorno obsesivo compulsivo que le ha desencadenado una depresión, crisis de pánico y ansiedad, apunta que “la opción que tuve hacer ahora es dejar mi tratamiento, dejar mis remedios y sobrevivir.  Yo le llamo sobrevivir“.

En tanto que Iris Salinas, quien tiene depresión bipolar y trastorno de personalidad, detalla que “el dinero que yo sacaba de mi sueldo era completamente para mi salud. No tenía otra opción”.

Isapre y Fonasa

Iris necesita 14 dosis al día de sus remedios. Esa cantidad la mantiene estable, sin alteraciones graves del ánimo. En otras palabras, es como si tuviera una especie de “filtro” para no explotar cada vez que algo sale “distinto” a como ella quería.

Juan Pablo Jiménez, director del Instituto Milenio MIDAP, apunta que “desde el punto de vista fisiológico, se habla de las personas deprimidas como si tuvieran un patrón de estrés crónico, están todo el tiempo estresadas”.

Iris debe lidiar con un estado de ánimo permanentemente negativo. Un cuadro depresivo que arrastra desde hace 15 años.

Y añade que “me levantaba en la mañana con ganas de que no hubiera terminado la noche, que solamente siguiera la noche y no llegara el día y hasta le día de hoy me pasa lo mismo”.

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Ambas dependen de un tratamiento integral, no sólo de medicamentos, sino de terapia sicológica y siquiátrica. Tratamientos que son caros. Por ejemplo, en el caso de ambas, la consulta costaba $60 mil.

Ante esto, el propio Larraín sostiene que “la salud mental por lo bajo sale entre $300 mil mensuales“.

Los planes de Isapre cubren de dos a seis consultas psiquiátricas al año, apenas un tercio de lo mínimo recomendable, y el reembolso suele ser menor que el de otras prestaciones.

El problema lo resume Katherine: “Salga lo que salga el bono, ellos te devuelven $10.400”. ¿Y que respuesta, entonces, entrega el sistema público? Ahí se atiende el 80% de los chilenos que sufren enfermedades mentales y la prevalencia de la enfermedad es mayor en las mujeres más pobres.

20% recibe atención

Por cada hombre con depresión, hay 5 mujeres con la misma enfermedad. La cifra es más alta que en el resto del mundo, donde en promedio hay un hombre por cada dos mujeres con depresión.

Somos las que nos hacemos cargo de la administración de la casa, de los niños y en muchos casos nos hacemos cargo de los nietos también“, describe Claudia Hernández, dirigenta vecinal de Bajos de Mena.

Si bien la atención y entrega de medicamentos para enfermedades como la depresión están garantizados por el Estado a través del GES, el principal problema es el acceso a una terapia oportuna y eficiente.

“Para poder llevar adelante un tratamiento psicoterapéutico se necesita una frecuencia mínima de una vez a la semana, y una duración de 8 o 12 sesiones por lo menos”, detalla Guillermo de la Parra, investigador del Instituto Milenio MIDAP

Y en la misma línea, añade que “implementar esa psicoterapia es prácticamente imposible, a pesar de estar protegido por el GES“.

Consecuencia o no de ello es que hoy la mayoría de las licencias médicas en Chile se otorgan por depresión.

“1 de cada 4 personas tiene problemas de salud mental y sólo el 20% está recibiendo atención”, puntualiza Larraín.

Iris renunció a su Isapre y se sumó al sistema público de salud. Un siquiatra la atiende cada 4 o 6 meses y Katherine va por el mismo camino, ya que también renunció a su trabajo y hará lo mismo con su isapre.

Ambas serán usuarias de un sistema que destina a penas el 2,1% del presupuesto del Ministerio de Salud para cubrir enfermedades mentales, en un país que está segundo en taza de suicidios después de Corea del Norte, dentro de todos los países de la OCDE.

El equipo de reportajes de CHV Noticias se intentó poner en contacto con el Ministerio de Salud, pero no hubo respuesta.

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