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Algunos dicen “es algo asqueroso”, otros aseguran “es un tema tabú”. Margarita, en tanto, dice que “a mí ni siquiera me dijeron qué era la menstruación. Un día desperté y pensé que estaba enferma, que me había pegado”.

En Chile, pese a estar en el siglo XXI, el tema de la menstruación pareciera seguir siendo tabú. Los hombres se incomodan y las mujeres parecieran no compartir estos temas con sus parejas y/o amigos del sexo opuesto. La pregunta es ¿por qué?

Para la experta en comportamiento humano, Guillermina Guzmán, se debe a que “en Chile falta mucha educación sexual. Falta educación integral, hacia el amor y la ciudadanía. Porque este tipo de temas son roles que se viven en conjunto. Conocer nuestros cuerpos, nuestros procesos y de ahí dialogarlo abiertamente.”

Pero la pérdida mensual de sangre en la mujer -al ser un signo externo y evidente- llamó la atención de distintas culturas a lo largo de la historia. Para algunas, sinónimo de fertilidad y vida; para otras un tabú, algo sucio, donde las mujeres eran apartadas y consideradas un ser inferior al hombre.

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Para Hillary Hiner, historiadora de la Universidad Diego Portales, “la idea de que las mujeres son poco limpias, no es algo solamente del pasado, sino también del presente. Cuando las mujeres se han presentado para ser presidentas o a cargos importantes, se toca el tema de que hay ‘ciertos días’ en que la mujer está irracional e incluso histérica, asociándolo directamente a la menstruación y los cambios hormonales que se producen en ese período”.

Una discriminación que se ha instalado en nuestra cultura y en nuestro país. Según una encuesta realizada en 2017, un 87% de las mujeres se sienten discriminadas y consideran que Chile es un país machista. El 72% de las encuestadas considera que la discriminación les provoca un malestar en su vida diaria, y un 69% opina que las oportunidades no son iguales para hombres y mujeres.

Al mes, una mujer gasta en promedio seis mil pesos en productos relacionados con la menstruación. Es decir, $72 mil anuales y $2.160 millones en su etapa reproductiva.

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Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tener acceso a productos menstruales asociados a políticas públicas y de bajo costo influye directamente en la educación escolar de las niñas.

Antiguamente, las mujeres eran apartadas durante su periodo menstrual y con el tiempo surgió la idea de producir distintos métodos para contener el flujo. Así, las mujeres pasaron de usar paños y géneros a toallas higiénicas y tampones. El gran problema, la contaminación que generan sus desechos. Y es que una sola toallita podría demorar en promedio 600 años en degradarse.

Surge entonces un producto ecológico y amigable con el medio ambiente. La copa menstrual, que fue creada en 1930, pero no es sino hasta ahora que su uso se transformó en una tendencia a nivel mundial.

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