Por Daniela Durán Alviña
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“Al menos a mí me pasa que no me quiero ir del colegio, porque aquí uno está tranquilo”. Dice Mauricio, quien en la sala de clases encuentra la paz que no tiene en el módulo en el que cumple su condena. Lleva 3 años interno y debe cumplir 8. Estudia en el Liceo Humberto Díaz Casanueva que funciona al interior de Colina II.

“Yo he visto a las personas que trabajan y a las personas que copian”, sentencia firme la profesora de inglés Cecilia Ubilla en su clase. El silencio es total. Los alumnos están muy atentos y concentrados. Los internos son agradecidos, dice la miss.

“Contentos llegan con su cuaderno, contentos llegan y te preguntan, y son hiperactivos, y no se sacian de profesora sabe qué, vino de visita mi hija y le enseñé el verbo ‘to be’. Les gusta estar acá, pueden ser porque salen de su hábitat”, agrega.

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El liceo para los reos de Colina II, la cuarta cárcel más peligrosa de Latinoamérica, es un incentivo, un respiro. La educación y los libros los ayuda a sobrellevar el encierro y la violencia que muchas veces se vive en el penal.

“No es fácil estar dentro de una cárcel porque se viven muchas cosas, hay un contraste totalmente distinto al mundo exterior”, dice Osvaldo, quién también cumple condena en Colina II. Está en la clase de inglés de la miss Ubilla, quién asegura que su entusiasmo la motiva a diario.

“Terminan y dan la PSU y se preparan. Muchos alumnos como Osvaldo, siempre andan preguntando más allá de lo que uno le enseña. Profesora una guía para el módulo, profesora, ¿nos podemos llevar estos libros para el módulo?”, relata la miss.

“Una suerte de espacio liberador el asistir al colegio, salir de la rutina diaria, salir de lo hostil que es la cárcel en el día a día”, dice Oliver Vega, director del liceo Colina II. “Es un espacio de contención que necesitan”, sostiene.

“Allá en el módulo hay peleas, hay riñas, entonces no hay una paz que está aquí en el colegio, que uno viene a aprender”, dice Mauricio. Es uno de los internos más entusiasmados con la nueva biblioteca que se instalará en la cárcel. Tendrá el nombre del poeta Rosamel del Valle.

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“Existe un porcentaje de internos que son refractarios, que no van a cambiar, pero no por eso vamos a dejar de entregarles la oportunidad de que se inserten dentro de la dinámica que ofrece la unidad penal, una dinámica de intervención y si esto es lectura, mucho mejor “, dice el Coronel Víctor Provoste, jefe de la Unidad CCP de Colina II.

El coronel Provoste asegura que el liceo tiene una matrícula de casi mil internos, por lo que están todos muy contentos con la biblioteca que se construirá.

“Uno con la lectura va teniendo un dialecto mejor, va teniendo un aprendizaje, se va culturizando” dice el interno Osvaldo. La profesora Cecilia Ubilla asegura que es la mejor noticia que le pudieron dar.

“Desarrollamos, gestionamos todo el proyecto y posteriormente al financiamiento del proyecto lo vamos a financiar por ley de donaciones culturales. La implementamos y nosotros la donamos, a través de una corporación que es la de Colina para que puedan ellos hacerse cargo”, explica Jorge Rosemary, de El Hilo de Ariadna, la empresa privada a cargo del proyecto de la Biblioteca Rosamel del Valle.

Además, los mismos internos participaran en la construcción de la biblioteca por medio de distintos talleres y serán remunerados. Un circulo virtuoso que traerá, educación, cultura a la cárcel.

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