Por Marta Escalona
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Roberto Campos no es profesor de profesión, pero ejerce la docencia desde hace más de 10 años. Estudió Licenciatura en Matemática en la Universidad Católica y su título profesional es de Estadístico.

Hace clases particulares a alumnos de distintas carreras del campus San Joaquín de la Universidad de Católica. Usuario habitual del mismo Metro que la tarde del 17 de octubre sufrió daños en sus torniquetes y validadores. Él fue uno de los autores. Hace sólo algunas semanas dejó la cárcel de alta seguridad y ésta es la primera vez que decide dar una entrevista.

“Cuando me veo en esas imágenes del metro me desconozco”, comentó a CHV Noticias.

¿Qué pasó ese día?
—Ese día de las movilizaciones estaba trabajando y hubo una convocatoria en Facebook que era a las seis y cuarto. Yo me desocupé a las seis y media y fui. Decidí ir porque tenía que tomar el metro y me encuentro con un montón de gente protestando y había una persona que tomó un corta-fila y empezó a destruir los validadores. Después le siguió otra persona, después otra y yo fui la última persona que se incorporó a ese grupo.

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De acuerdo al relato de Roberto, «tomé una lámina que está en las puertas de la salida del Metro, que es como una placa como de la consistencia de una regla y le pegué al torniquete. Y el torniquete ya estaba roto cuando yo le pegué».

«Si ven bien el video, cuando yo le pego con esa placa de plástico, esta placa se destruye en un momento, porque era débil. Yo no me atreví a tomar un corta-fila para romper el torniquete. Nunca lo hubiese hecho, tampoco nunca hubiese sido el primero en hacer eso«, añadió.

Y asegura que «fui la última persona en meterse y fui la que menos daño hizo. Y fui la que está pagando las peores consecuencias. Pagué con 56 días de prisión».

Medida desproporcionada, alega Roberto y su abogado defensor Maro Araya. Los 56 días de prisión los pasó en la Cárcel de Alta Seguridad, hasta donde llegó luego que se invocara la ley de seguridad del Estado y el Tribunal lo considerara un peligro para la sociedad.

«Me transformé en un símbolo de este movimiento social junto con Gustavo Gatica y otras personas más«, sentencia.

¿Comparar estos dos casos, te parece que está bien?
—Gustavo Gatica perdió los dos ojos.

Sí, pero él estaba protestando, no estaba haciendo daño a ninguna infraestructura. ¿Comparar su caso con el tuyo te parece que está bien?
—Evidentemente no está bien. El camino no es la violencia.

Roberto Campos fue detenido afuera de en su casa, en Santiago Centro, el 29 de octubre pasado. Doce días después de haber participado en los daños a la estación San Joaquín.  A esas alturas él ya sabía que los videos estaban siendo viralizados.

¿Recuerdas ese momento en que viste un video donde estabas tu?
—Fue el mismo día, estaba en mi casa. Yo tomé el metro porque me fui a hacer otra clase agendada y cuando llegó a mi casa tipo 10 de la noche me encuentro con que los videos fueron viralizados y me vi ahí.

¿Te reconociste?
—Sí

¿Qué pasó ahí contigo?
—Dije la jodí, me equivoqué. ¿Por qué lo hice? Porque sentía rabia, por las injusticias sociales, porque  ser profesor no es fácil, no tengo cubiertos mis derechos sociales básicos, como la salud y todo lo que ha sucedido con los profesores, la deuda histórica, que seguramente cuando jubile voy a  ganar el sueldo mínimo y fueron todas esas injusticias que en ese momento me obnubilaron y le pegué el metro, al torniquete, actué irracionalmente,  pero era algo que venía arrastrando hace tiempo, así como pensando la idea.

La historia personal de Roberto Campos está vinculada con la pobreza y la falta de oportunidades. Es la primera persona de su familia en acceder a una carrera universitaria. Empatiza absolutamente con las demandas sociales de los últimos meses.

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«Todos hemos vivido y hemos sufrido las injusticias sociales históricas que significa ser chileno. Esto era un globo y en algún momento iba a reventar».

Acerca de los hechos y su participación en la destrucción de a estación de Metro, esto es lo que Roberto Campos responde.

«No debí haber hecho eso nunca, pero me dejé llevar porque en ese momento la euforia de todo el público que estaba ahí… me uní. Le pudo haber pasado a cualquiera», agregó.

La Ley de Seguridad del Estado sigue presente en su proceso judicial. La Corte de Apelaciones de San Miguel cambió la medida cautelar de cárcel por la de arresto domiciliario nocturno.

El delito que le imputa el Ministerio Público es el de daños calificados. Las penas parten en 541 días de presidio, pero frente a la aplicación de Ley de Seguridad del Estado, esta pena parte en 3 años y medio.

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