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En todo un escándalo se ha convertido la compra de 7.535 pulseras «smartband» con sistema IVEIS (pulseras inteligentes) que permiten la medición de parámetros físicos y nutricionales, que habría sido entregadas a estudiantes de la comuna de Rancagua. Estos objetos tuvieron un costo total de $448.332.500 para la Corporación Municipal, durante la administración del ex alcalde Eduardo Soto. «¿Por qué se hizo esto? La explicación está dada por nuestra política comunal para combatir la obesidad infantil (…) Cada colegio se encargó del uso de este recurso, como suele pasar, algunos establecimientos lo usaron bastante bien y otros no tanto», justificó el ex jefe comunal. Sin embargo, con el transcurso de los meses vinieron las críticas, los cuestionamientos y un revelador informe de Contraloría del pasado 31 de mayo, que señalaba que no se acreditaba el servicio de medición de parámetros físicos y nutricionales para los estudiantes a través de la aplicación. Así el órgano contralor remitió el informe al Ministerio Público y al Consejo de Defensa del Estado, «a fin de que, en razón de sus facultades, puedan efectuar las acciones que estimen pertinentes». 

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