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La banda conocida como “Los falsos Brinks”, concretó entre siete a 11 robos con una ingeniosa modalidad de estafa que les permitió obtener más de $230 millones. 

Los antisociales simulaban ser vigilantes de la empresa privada y llegaban sólo unos minutos antes que los reales guardias de la entidad perteneciente al transporte de valores. De este modo, retiraban grandes remesas de dinero desde varias empresas. 

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Para lograr su cometido, “Los falsos Brinks” utilizaron incluso un camión refaccionado para simular que eran realmente parte de la empresa. 

Solo necesitaban unos trajes azules, credenciales de Brinks y mucha personalidad para ejercer sus delitos, eran verdaderos actores a quienes las víctimas incluso saludaban y hacían pasar a las bóvedas, sin saber del engaño.

El subprefecto Jorge Aguillón, de la Brigada de robos centro norte de la PDI, explicó que estos sujetos “tenían conocimiento de los protocolos que mantienen las empresas de transporte de valores”.

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Los asaltantes vieron un riesgo altísimo en estos violentos asaltos que existían antes de esta banda, pues no tenía sentido para ellos robar cientos de millones de pesos, si podían morir en el intento.

Con tanto robo frustrado comenzó a operar la creatividad del delincuente criollo: si no puedes contra los vigilantes privados, mejor únete a ellos. El primer atraco que cometieron “pacíficamente”, fue en una tienda Adidas.

Tras desatar una avalancha de robos “pacíficos” a empresas e instituciones con la novedosa técnica de los “falsos vigilantes privados”, fueron descubiertos en el Hipódromo debido a las falsas credenciales que portaban.

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Lo único real que tenía la banda, y que extrañó a la policía, fueron sus vestimentas encontradas en la casa del cabecilla, Eduardo Peña Silva.

Al ser detenido Peña, ahora ni todo el dinero robado podrá sacarlo de la cárcel. Esto claro, a la espera de la condena tras su juicio oral.

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