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Diego tiene 10 años y desde los 10 meses de vida padece una enfermedad al oído, la que obliga a necesitar la ayuda de un audífono especial para poder escuchar a su mamá y su papá.

Se trata de una microtia congénita bilateral, enfermedad que ha obligado al pequeño a someterse a varias intervenciones quirúrgicas.

Tras varias campañas para recaudar fondos, su familia consiguió costear un audífono que le permitió al niño comunicarse sin que su familia o compañeros eleven la voz. Sin embargo, “en este momento, Diego se siente triste, no puede participar haciendo las tareas. Da vueltas en la casa porque no puede escuchar“, relata Viviana Campos.

¿Qué es lo que pasó? El problema que hoy enfrenta Diego es que su dispositivo falló hace cuatro meses y repararlo cuesta casi $500 mil. Un monto que está lejos de las posibilidades de su padre, quien perdió el empleo durante la crisis sanitaria.

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“Es triste ver a tu hijo así, con esta situación. Da pena que uno le esté gritando todo el día y él tiene que poner la tele demasiado fuerte para poder escuchar“, lamenta Cristian Hidalgo.

La familia vive en un barrio de la región del Biobío. Están sobreviviendo el día a día. Como Diego no cuenta con su dispositivo auditivo, tampoco ha podido asistir a las clases a distancia con sus compañeros, porque simplemente no escucha.

“Me gustaría ayudarlo, pero sin trabajo no tengo dinero para costear lo que me piden por el audífono”, comenta Cristian, quien añade que “como papá me duele y me da pena, porque uno como papá siempre va querer lo mejor para su hijo“.

Constanza Gajardo, fonoaudióloga de la Clínica Santa María, expone que “la microtia como tal no va a producir una pérdida auditiva, pero cuando estas malformaciones van más allá de solo el pabellón auditivo podría ser necesario implementar prótesis auditivas, ya sea audífonos o vibradores óseos que van incorporados en un cintillo”.

“No existen programas como el GES que cubran estas patologías”, agrega la especialista, quien enfatiza esta carencia “pese a que hay una incidencia de 1 por cada 5.600 recién nacidos vivos”.

El dispositivo de Diego se encuentra en la empresa que lo vende en Chile para su reparación. Pero permanecerá ahí hasta que la familia no tenga el presupuesto para pagarlo. Las secuelas económicas de la pandemia, mantiene apagada la sonrisa de Diego.

Pido que me ayuden, me da un poco de cosa molestar, pero es la única forma porque en estos momentos no tenemos, no hay”, concluye Viviana.

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