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Vivir en Bajos de Mena, Puente Alto, es sinónimo de hacinamiento. En el cerro 18 de Lo Barnechea, las viviendas tienen una base de 20 metros cuadrados. En La Pintana sobran territorios, pero siguen faltando viviendas sociales. “Somos 10 en 40 metros cuadrados. Todos los departamentos tienen hacinamiento, hay más de una familia, en algunos hay más de 10 personas, todos durmiendo amontonados”, contó Paola, habitante de Bajos de Mena. Los espacios son habitados por hasta tres generaciones. “Es indigno lo que pasa”, dice la presidenta del Comité de Viviendas de Bajos de Mena, Sandra Olivares. Al otro lado de Santiago, en la zona oriente, la realidad no es muy distinta. Vecinos del Cerro 18 cuentan que en 30 metros cuadrados viven más de tres generaciones. Son más de 2.800 las familias que viven allegadas en Lo Barnechea, misma comuna que cuenta con terrenos del Estado que están sin uso. El municipio diseño más de 300 viviendas y el alcalde Cristóbal Lira indicó que “podemos todos convivir en la misma comuna y lo que estoy tratando de hacer es que sea una comuna y no dos comunas. Uno de mis objetivos es este proyecto integrado”. Lo cierto es que el terreno no ha sido priorizado por el Ministerio de Vivienda. El hacinamiento en la predisposición de las personas para entrar al “narcotráfico, sufrir Violencia Intrafamiliar (VIF) severa, deserción escolar juvenil. Cuesta entender la indolencia de ciertas autoridades respecto a estos terrenos”, indicó el arquitecto Iván Poduje. Lo mismo piensa la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro. “Da rabia que gente no tenga casa, están sufriendo, tienen dolor, lo están pasando mal”. 

 

 

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